en París

Londres, 16 de abril de 85
Mi querida Laura:

Desde que te escribí por última vez, se me ha ocurrido que podría hacerse algo respecto a los amigos rusos de Lawrow, si estuvieran dispuestos a arriesgar algún dinero para los gastos preliminares. 1. Si el hombre ha muerto en Londres y se conocen aproximadamente el día y el lugar de su muerte, estos detalles podrían permitir a alguien localizar el certificado oficial de defunción. 2. Una vez obtenido este, será fácil cerciorarse en el tribunal de sucesiones si existía un testamento protocolizado, o si alguien, y quién, se ha procurado documentos de legitimación hereditaria y se ha apropiado del oro que se dice que el hombre dejó.

En todo caso, estos serían los dos primeros pasos que habría que dar; luego las partes interesadas estarían en condiciones de juzgar mejor si vale la pena proseguir el asunto. Creo que se podría encargar a Percy de estas investigaciones preliminares, y yo cuidaría de que sus honorarios no fueran superiores a los habituales. Naturalmente, dependerían de la molestia que tuviera que tomarse.

¿Cómo está la vista del pobre viejo Lawrow? Debe de ser terrible para él verse privado de la posibilidad de leer sus libros.

Aquí hay otro enfermo: el viejo Harney se ha pasado recorriendo toda Inglaterra y Escocia desde julio del año pasado, y en todas partes lo han perseguido el reumatismo articular y el mal tiempo; por fin ha aparecido ahora en Londres. Ha pasado por toda clase de tratamientos bastante curanderiles —baños turcos, baños de salmuera, cinturones magnéticos, etc.—, todos, como es natural, sin resultado; ahora se ha puesto de nuevo en manos de un «especialista» que se anuncia y que explota la teoría de la gota por ácido úrico (que en sí misma es del todo correcta) de una manera, según me parece, sumamente curanderil. No obstante, quiero esperar lo mejor; el pobre viejo lo necesita mucho. Está bastante tembloroso de brazos, manos, piernas y pies, y, por supuesto, muy enflaquecido por el tratamiento que ha soportado. Lo he visto esta tarde (vive en algún sitio cerca de Brecknock) y no habla más que de sus padecimientos, aunque de vez en cuando con un asomo de su antiguo humor seco. Su tratamiento le ha costado, naturalmente, un montón de dinero, y parece tener mucho miedo de tener que volver a América. Por todo esto verás cuánto han desmejorado al viejo ocho meses de dolores incesantes y la gradual desaparición de la esperanza de alivio. Espero que el tiempo primaveral, que tendrá que llegar en algún momento, le traiga al menos algo de alivio.

Hoy sólo se trata de enfermos. Tussy probablemente te ha informado de que Edward cayó enfermo hace unos 10 días y que Donkin dice que se trata de un cálculo renal; ahora está en Ventnor y el reposo —así lo esperamos— eliminará la irritación. Naturalmente, hay muchas personas que andan por ahí con una cosa así en los riñones, pero no es nada agradable, desde luego.

La cosa no va tan mal con el siguiente enfermo: es Nim, estaba muy resfriada, y como no se la podía mantener alejada de la cocina, el resfriado se convirtió en una bronquitis, hasta ahora leve. Hoy, sin embargo, he conseguido que consultara al médico, que le ha dicho que el mejor medio de superarlo todo de inmediato era guardar cama; así que ya lo hemos conseguido, está acostada en la habitación caldeada, a 64 grados Fahrenheit, y esperamos que pueda volver a levantarse el lunes.

¡Y bien, se acabó mi lista de enfermos, la más larga desde hace mucho tiempo, un tema muy agradable para una carta y aún más agradable para el lector!

El artículo de Paul para Kautsky aparecerá en alemán en «Die Neue Zeit» y en inglés en el próximo número del «Commonweal». No sé si lo recibes regularmente. La administración comercial es, como siempre, terriblemente desordenada, todo pesa sobre los hombros de Edward, y como él no puede vigilar cada pequeñez, nadie sabe si el periódico se envía realmente a toda la gente del extranjero que debería recibirlo. ¡Toda la Liga Socialista está ahora muy agitada a causa del pánico afgano! No sólo ven la guerra, sino a Inglaterra derrotada, la India sublevada y, por fin, la revolución en el propio país, y como vencedor, el socialismo. ¡Hurra! El pobre Bax estaba a punto de escribir en ese sentido, pero Tussy le aconsejó que antes hablara conmigo, y yo he hecho todo lo posible para calmarlo un poco.

Cada vez que un inglés se ha liberado a fondo del patrioterismo bullanguero, parece desarrollar un odio acentuado hacia su propia nacionalidad. No es tan mala cualidad, sólo que está bastante fuera de lugar cuando se trata de una guerra contra el zar ruso. La Liga Socialista no pondrá aún a Inglaterra en llamas, pero los nihilistas rusos podrían conseguirlo con Rusia, con la ayuda de una guerra desafortunada.

Habrás visto la estúpida declaración de los diputados alemanes en el «Sozialdemokrat». El elemento pequeñoburgués tiene decididamente la mayoría entre los diputados, como temí desde el principio. De ello tiene la culpa la Ley contra los socialistas, que les proporciona oportunidades excepcionalmente favorables para poner sus candidaturas en primer plano. Pero pronto reconocerán su error, si no lo han hecho ya. Me alegra bastante que muestren tan pronto y de manera tan tonta lo que son. La separación de este elemento, que ha sido fomentado y adulado principalmente por el amigo Liebknecht —con la mejor intención, como de costumbre—, llegará, pero yo no quisiera provocarla mientras la Ley contra los socialistas esté en vigor, porque nos impide dirimir la cuestión luchando. Esta ley les da a esta gente cierta ventaja, pero con ello tenemos que conformarnos por ahora. Y no creo que lleven las cosas a una crisis.

Ahora unas palabras para Paul. Sin duda, ¡lex se deriva de legere y νόμος de νέμω, de modo que puede establecerse cierta conexión entre términos agrícolas y políticos. Y tampoco puede ser de otro modo. Las primeras disposiciones sociales que entraron en vigor se referían necesariamente a la producción y a los medios para obtener el sustento. Que esto se vea confirmado por el desarrollo de la lengua, rien de plus naturel. Pero ir ahora más lejos y querer convertir la derivación de legere y νέμω en un sistema completo, no puede conducir más que a resultados fantásticos —aunque sólo fuera porque no sabemos en qué época se formó cada derivación aislada, y menos aún en qué época adquirió el significado con el que nos ha sido transmitida. Y además, etimólogos antiguos como Vico son malos consejeros; ilex* tiene la raíz il y nada que ver con lex. La etimología, como la fisiología y cualquier otra -ología, tiene que aprenderse, no puede inventarse. Y esto me lleva a los Rosher.

\* – bellota

Recordarás que Charley se ocupaba de un nuevo vagón de ferrocarril que en caso de colisión permitiría ser aplastado de una manera nueva. Pues bien, eso se ha ido a pique. ¡Pero los hermanos menores de Charley (uno de 20, el otro de 18) han inventado un nuevo vagón, lo han hecho patentar, y el viejo R[osher] no parece muy reacio a emplearse a fondo en esa cosa! ¡Qué familia tan genial!

Sur ce, termino. Muchos saludos a Paul —esperemos que «la próxima vez haya mejores noticias».

Con cariño, tu
F. E.

17 de abril. El médico ha venido. Nim está mejor y podrá levantarse dentro de unos días.