en Plauen, cerca de Dresde

Londres, 4 de abril de 1885

Querido Bebel,

Ya que ahora estás precisamente en casa, quiero —concediéndome también yo algunas vacaciones— aprovechar el momento para darte una señal de vida.

Los señores de la mayoría de la fracción quieren, pues, constituirse como «poder», a juzgar por su declaración en el *Sozialdemokrat* de hoy. El intento como tal es débil; en el fondo es un certificado de indigencia que se extienden a sí mismos: nos enfada la actitud del periódico, ella contradice a la nuestra, hemos de ser responsables de lo contrario de nuestra opinión y, no obstante, no sabemos cómo poner remedio. ¡Apiádense de nosotros! – Pero es al mismo tiempo su primer paso para constituir al elemento pequeñoburgués como el dominante, como el oficial dentro del partido, y para arrinconar al proletario, reduciéndolo a uno meramente tolerado. Hasta dónde quieran aventurarse por ese camino está por ver. Si se apoderan del *Sozialdemokrat*, me será imposible en adelante defender al partido en el extranjero tan incondicionalmente, a las duras y a las maduras, como hasta ahora. Y su comisión de investigación parece revelar ciertos antojos de posesión del órgano. Por lo demás, el mayor enfado parece deberse a que, al final, se les haya obligado a votar contra la proposición de ley sobre los vapores, a la que estaban apegados en lo más íntimo del alma.

Por lo demás, las cosas marchan bastante bien en el mundo. El año 85 se presenta inmejorablemente. En Francia, caída de Ferry, desmoronamiento de la política colonial dirigida por los especuladores de Bolsa; próximas nuevas elecciones con arreglo a una nueva ley electoral. Al mismo tiempo, en París, una excitación provocada por la rapacidad y la incapacidad de la burguesía dominante y llevada al extremo por las infamias de la policía (a la que todo se le permite, toda vileza, con tal de mantener a raya a las masas), excitación que, esperemos, no llegue a desembocar en insurrecciones. Si la cosa discurre con calma, tendrá que llegar al timón, en un plazo no muy largo, el radicalismo, es decir, Clemenceau. Si no llega al poder a consecuencia de una revuelta, sino pacíficamente, de modo que se vea obligado a cumplir sus promesas y a poner en práctica su panacea radical, los obreros parisienses se curarán pronto de su fe en el radicalismo. Ahora vienen también las nuevas elecciones según la nueva ley electoral, y de este modo vuelve a meterse movimiento en el pantano.

En Inglaterra, igualmente nuevas elecciones según una nueva ley electoral, y un ministerio completamente caduco. Y en Alemania, el cambio de monarca, que puede llegar cualquier día y que en un país tan atiborrado de tradiciones como la Prusia-Alemania es siempre el comienzo de un nuevo período de movimiento. En resumen, por todas partes se mete vida en el cotarro, y precisamente sobre la base económica de una superproducción general, incurable y que va agudizándose gradualmente hasta convertirse en un crac agudo.

Acaba de llegar Kautsky con una larga carta de Ede sobre su conflicto con la fracción. Le he dicho a Kautsky que, a mi juicio, Ede también tiene el deber, en el periódico, de dar la palabra a la masa del partido, cosa que la fracción no tiene derecho a impedir. Si adopta ese punto de vista, la fracción no podrá hacerle nada. En segundo lugar, no debe dejarse empujar por la fracción a plantear la cuestión de gabinete, pues justamente quieren desembarazarse de él, y con eso les haría el mayor de los favores. En tercer lugar, no debe cargar con la responsabilidad de artículos ajenos sin tener el derecho de nombrar a sus autores. Tú ya sabes a quién me refiero y quién escribió la mayoría de los artículos sobre el asunto de los vapores, por los que la mayoría monta en cólera y de los que Ede parece haberse responsabilizado. El combate contra la sección pequeñoburguesa lo ha tenido que librar ya hace tiempo; éste no ha hecho más que adoptar otra forma, el asunto es el mismo. Y creo, como tú, que esos señores no llevarán la cosa al extremo, por mucho que quieran explotar la posición que les brinda la ley contra los socialistas, en la que sus electores no pueden manifestarse oficial y auténticamente ni contra ellos ni sobre ellos.

A mi juicio, la cosa discurriría más suavemente si el *Sozialdemokrat* dejase de llevar el carácter oficioso que le han colgado. Eso estuvo muy bien en su día, pero ahora no puede servir de nada. Si eso puede hacerse y cómo, lo sabes tú mejor que yo.

Del «Capital», libro II, están impresos 25 pliegos (de 38). El libro III está en preparación. Es extraordinariamente brillante. Esta revolución de la vieja economía es realmente inaudita. Sólo con esto nuestra teoría recibe una base inconmovible y quedamos capacitados para hacer frente con éxito en todas direcciones. En cuanto aparezca, también la pequeñoburguesería dentro del partido recibirá un golpe del que se acordará. Pues con ello las cuestiones económicas generales volverán a pasar al primer plano del debate.

Correo. Si no la despacho, no saldrá antes del lunes y quizá ya no te encuentre en casa. Así que un cordial saludo: consérvate sano y cuídate; no necesitamos sólo un Bebel, sino un Bebel sano y fuerte.

Tuyo,
F. E.