en París

Londres, 8 de marzo de 1885

Inesperadamente, tengo hoy por la noche unos minutos libres, y me siento a escribirte, con la esperanza de que no aparezca nadie. Pues las visitas nocturnas se han vuelto cada vez más frecuentes últimamente, más de lo deseable en ocasiones, cuando uno tiene que trabajar. Y tengo que revisar las partes dictadas del «Capital», mientras el asunto está aún fresco en la memoria y el original a mano, para corregir errores. Además, hay que revisar traducciones (la semana pasada, parte de una traducción danesa de mi «Origen» — muy esmerada) y descifrar folletos rusos (Vera Sassulitsch me ha enviado uno de Plechanow, que polemiza contra Lawrow y Tichomirow, y quiere que le escriba mi opinión; estas disputas rusas tampoco carecen de interés) y cosas por el estilo, de modo que, aparte de las menudencias corrientes, hace meses que no tengo tiempo para leer un libro.

El tercer libro de «El Capital» se vuelve cada vez más grandioso cuanto más penetro en él, y apenas voy por la página 230 de 525 (tras haberme saltado unas 70 páginas que quedaron más o menos superadas por un manuscrito posterior). Apenas cabe concebir cómo un hombre que llevaba en la cabeza descubrimientos tan inmensos, una revolución científica tan vasta y completa, pudo guardársela consigo durante 20 años. Pues el manuscrito en el que trabajo se escribió o bien antes o al mismo tiempo que el primer tomo, y la parte sustancial del mismo se halla ya contenida en el viejo manuscrito de 1860/62. El hecho es que, en primer lugar, lo retuvieron las dificultades del segundo libro (que escribió al final y del que fue el único que volvió a ocuparse después de 1870), pues naturalmente quería publicar sus 3 tomos en el orden correcto; y, por otra parte, su material ruso y norteamericano para la teoría de la renta del suelo habría tenido que ser reelaborado en el viejo manuscrito, lo que probablemente casi habría duplicado su extensión.

Aquí las dos organizaciones socialistas marchan una junto a otra sin rozamientos, pero la Oficina de Asuntos Exteriores probablemente las azuzará la una contra la otra. Tal vez hayas visto en el núm. 9 del «Sozialdemokrat» una carta de Varenholz dictada por Hyndman. Aquel desahogo bastante impertinente hizo necesaria una réplica, que hemos urdido en común y que, si es posible, aparecerá en la próxima edición del sábado del «Sozialdemokrat». Esta vez Aveling tuvo que hablar, naturalmente, sin reservas, y de manera bastante enérgica, para poner fin de una vez por todas al juego de Hyndman.

Kautsky, a quien creo que ya has visto alguna vez, está aquí con su joven mujer, una vienesa, una cosita simpática. Por ahora quieren instalarse aquí — y vivir en Maitland Park, apenas a las afueras del Crescent. Así siempre hay una conexión con el antiguo lugar.

A Pumps y a Percy les va como de costumbre. Los domingos se reúne aquí ahora una nutrida peña, todos jugadores de cartas; algunos juegan al whist cuando hay 4 parejas, los demás al «Mariage» y al «Nap», todos juegos que ha introducido el noble Percy. Su firma tuvo un proceso, que perdió; pero no es nada grave; solo espero que esto modere la inquebrantable confianza del pobre Percy en la legislación inglesa. A los pequeños les va en conjunto muy bien; Lilly es muy cariñosa y divertida. Tiene muy buen oído y una memoria precisa para los jurons, y puedes estar segura de que encuentra ocasión suficiente para pescarlos.

El sábado Nim y Tussy, así como Pumps, van a Highgate. Yo no puedo acompañarlas; mi movilidad sigue variando mucho, y justo ahora he recibido un pequeño recordatorio de que debo guardar reposo. Aun así, seguiré trabajando en el libro que le erigirá un monumento, creado por él mismo y más grandioso que cualquier otro que otros hombres pudieran alzarle a Mohr. ¡El sábado hará ya dos años! Y sin embargo, puedo decir con toda sinceridad que, mientras trabajo en su libro, estoy unido a él como si viviera.

El 2º libro avanza bien. 13 pliegos corregidos. Por favor, dile a Paul que me envíe de inmediato la dirección con la que escribe a Danielson. He recibido una carta suya y quisiera remitirle los pliegos de corrección, pero no tengo clara la dirección, que además puede haber cambiado.

¿Qué es de la historia de Montceau-Brenin-Thevenin? ¿Y ha lanzado el «Cri du Peuple» su último grito?
Amities à Paul.
Con afecto,
Tu
F. Engels

¡Nim manda saludos!