en Leipzig

Londres, 4 de feb. de 1885

Querido Liebknecht:

Así que, al fin y al cabo, me has enviado al literato ese; esperemos que sea el último de esta calaña. Tú mismo ves, seguramente, cómo estos desvergonzados mocosos abusan de ti. El hombre es totalmente incurable, lo mismo que su amigo Quarck —basura son ambos—, y si ellos se pasan a vuestro bando y vosotros los aceptáis, yo me aparto un poco. ¿No te convencerás nunca de que esa gentuza de literatos semicultos no puede sino falsear y echar a perder el partido? ¡Según eso, Viereck tampoco debería haber entrado jamás en el Reichstag! El elemento pequeñoburgués en el partido se va llevando cada vez más la mejor parte. El nombre de Marx se procura reprimir en lo posible. Si esto sigue así, habrá una escisión en el partido, puedes estar seguro. Tú lo achacas todo a que se ha ofendido a los señores filisteos. Pero hay momentos en que eso es necesario, y si no se hace, se vuelven demasiado insolentes. ¿Acaso la sección sobre el socialismo alemán o “verdadero” ha de volver a ser aplicable al cabo de 40 años?

Por lo demás, me va bien, pero tengo un trabajo endemoniado y no puedo escribir cartas largas.

Tuyo
F. E.