en Berlín

Londres, 19 de enero de 1885
Querido Bebel,

Espero que hayas recibido mi última carta certificada sobre el asunto del proyecto de ley de los vapores (¡del 30 o 31 de diciembre!). Hoy tengo que importunarte con una pregunta. El señor Franz Mehring me escribe por segunda vez pidiéndome que ponga a su disposición material para una biografía, etc., de Marx, y me plantea, entre otras cosas, la insolente pretensión de que le envíe «en préstamo» a Berlín escritos nuestros insustituibles que él no puede conseguir allí. !!! Yo no le contestaré, pero le haré llegar una respuesta por medio de Hirsch. Mas para dar con el tono apropiado, quisiera saber algo más concreto sobre su pasado y su presente, y sobre su posición frente al Partido. Sólo sé, en general, que antes de 1878 fue tratado con bastante dureza en el «Volksstaat» y en «Vorwärts», como caído del Partido y como reptil, y por los pocos escritos suyos que cayeron en mis manos he visto que aprovecha literariamente el conocimiento más cercano que tiene del movimiento, hasta donde alcanza, para servir al filisteo «verdad y poesía» al respecto en la cantidad que le plazca, y para dárselas de autoridad en estas cuestiones. Si ha cometido infamias especiales que lo hagan aparecer particularmente serio frente a la demás chusma de literatos, me sería muy útil saberlo.

Otra cosa más. Se me apremia mucho por una nueva edición de La situación de la clase obrera en Inglaterra. Ahora bien, no puedo hacer absolutamente nada sin conocer de antemano mi situación jurídica frente a Wigand, el antiguo editor. Se lo he preguntado equis veces a Liebk[necht], y él, como siempre, se encargó de proporcionarme la información por medio de Freytag, pero nunca la recibí; y quien luego se extrañaba de que nada estuviera solucionado era, naturalmente, Liebk[necht]. Siendo, pues, una tontería seguir molestándolo con asuntos que es preciso resolver, tengo que importunarte de nuevo y te ruego que hagas responder a las preguntas adjuntas por F[reytag] o por algún otro abogado sajón. En cuanto tenga esa respuesta, podré actuar y actuaré.

Volviendo a la situación industrial de Alemania, reconozco de buen grado el enorme progreso desde 1866, y sobre todo desde 1871. Pero la comparación con otros países se mantiene, sin embargo. Los artículos de producción en masa estaban acaparados por Inglaterra, y los artículos de lujo y de buen gusto, más finos, por Francia; y en eso las cosas no han cambiado tanto ni con mucho. En hierro, ciertamente, Alemania sólo cede el paso a Inglaterra, junto a América; pero la producción en masa inglesa está aún lejos de haberse alcanzado, y la competencia con ella sólo es posible vendiendo con pérdidas. En algodón, Alemania sólo produce artículos secundarios para el mercado mundial. Las enormes masas de hilados y tejidos (shirtings y otros artículos de producción en masa) para los mercados indio y chino siguen siendo monopolio inglés, y quien compite allí no es Alemania, sino América. También en los artículos de lana domina aún Inglaterra el mercado mundial, y otro tanto en lienzos (Irlanda). Los artículos de metal para uso doméstico, etc., siguen teniendo su centro en Birmingham, como la cuchillería en Sheffield, y la competencia más amenazadora vuelve a ser la americana, no la alemana. Maquinaria (excepto locomotoras): Inglaterra y América. En lo que se refiere a los artículos de gusto, Francia ha perdido mucho. También aquí el gusto se ha desarrollado notablemente, y sin duda también en Alemania. Pero ambos países, y sobre todo Alemania, no suministran, en lo fundamental, más que artículos de 2º, 3º y 4º rango, y siguen dependiendo en muchos aspectos del gusto parisino. Entretanto, está claro que, cuando los compradores se componen casi exclusivamente de advenedizos, los artículos de 2º y 3º rango desempeñan un gran papel y pueden ser vendidos a estos palurdos como de 1er rango.

Pero lo que es seguro es que la gran masa de la exportación alemana se compone de una multitud de artículos, insignificantes en su mayoría considerados uno por uno, y cuya fabricación además, en lo que atañe al gusto, se basa en gran parte en el robo de los modelos parisinos. Por ejemplo, la confección berlinesa de abrigos de señora, cosa que se confiesa abiertamente en los informes de la «Kölnischen Zeitung». Y en su mayor parte se elabora tejido extranjero.

Creo que el mercado mundial se juzga más correctamente desde aquí que desde ahí; pero, además, he seguido también con regularidad los informes comerciales específicamente alemanes, y veo, pues, ambas caras. Me gustaría tener tiempo algún día para exponer, desde este punto de vista, los aranceles protectores en Alemania. Son el mayor disparate. La industria alemana se había hecho grande y capaz de exportar bajo un libre comercio que, fuera de Inglaterra, no existía en ningún otro país industrial… ¡y en el momento en que se vuelve capaz de exportar, se la mete a la fuerza en aranceles protectores! El que los exportadores exijan aranceles protectores es lo característico de Alemania: ¡los necesitamos para poder vender con pérdidas en el extranjero y que, al final del año, nos quede aún una ganancia! Lo que regalamos al extranjero tiene que pagárnoslo el mercado interior: exactamente igual que nosotros regalamos la plusvalía al extranjero y nos procuramos una ganancia ¡mediante descuento del salario!

N. B. El buenazo de Mehring es autor de los «editoriales» de los «Täglichen Blätter»; ¡me los envía como prueba de su modo de pensar!

Tuyo,
F. E.