en Plauen, cerca de Dresde

Londres, 30 de diciembre de 1884

Querido Bebel:

Contesto enseguida a tu carta.?62]

Parece que el amigo Singer sólo ha captado de mis manifestaciones aquello que armonizaba con sus propias opiniones — cosa que en los negocios, donde a veces resulta ventajosa, se aprende con facilidad; pero en la política, como en la ciencia, hay que aprender a captar las cosas objetivamente.

En primer lugar, le dije a S[inger] que aún no había meditado en absoluto el caso a fondo (sólo la noche anterior me había llamado la atención sobre él el «S[ozialdemokrat]») y que lo que le decía no debía tomarse en modo alguno como mi opinión definitiva.

Pero luego añadí: que, en determinadas circunstancias y bajo ciertas condiciones, sí podría ser admisible votar a favor, a saber, si el gobierno se comprometiese a conceder también a los obreros la misma ayuda estatal que ahora quiere conceder a los burgueses. Es decir, sobre todo el arriendo de dominios a cooperativas obreras, etc. Como sé que el gobierno no lo hará, esto significa, en otras palabras: mostrar a quienes quieran votar a favor un camino para que puedan votar en contra con decoro y sin violentarse.

También le dije a Singer, cosa que pareció serle nueva, que en la vida parlamentaria bien puede uno encontrarse en el caso de tener que votar contra algo cuyo triunfo, en el fondo, desea uno en silencio.

Ayer escribí a Liebknecht por otros asuntos y aproveché la ocasión para exponerle mi opinión, ahora más madurada tras una reflexión más prolongada. Coincide — que te la lean en su momento — en muchas cosas casi literalmente con lo que tú escribes, aunque tu carta no ha llegado hasta esta mañana. En lo que difiero es, en breve, esto:

1. Sois, ante todo, un partido económico. Vosotros, o algunos de vosotros, fantaseasteis enormemente en su día con la superioridad económica del partido, pero en cuanto se os presentó en la práctica la primera cuestión económica, ¡os deshicisteis con los aranceles protectores!¡°%*! Si esto ha de repetirse en cada cuestión económica, ¿para qué entonces toda la fracción?

2. Por principio, debería votarse en contra. Se lo he dicho a L[iebknecht] con suficiente claridad. Pero, ¿y si la mayoría quiere votar a favor? Entonces lo único que cabe es llevarla a que vincule su voto a tales condiciones que lo disculpen lo bastante para que, al menos, no se produzca un bochorno ante Europa, por lo demás inevitable. Esas condiciones son, y no pueden ser sino, de tal índole que el gobierno no pueda aceptarlas, de modo que la mayoría de la fracción, si vincula su voto a esas condiciones, no pueda votar a favor.

Ni que decir tiene que jamás he podido pensar en un voto incondicional a favor de esta donación de céntimos de los obreros a la burguesía. Pero, igualmente, en esta ocasión no se podía plantear la cuestión de gabinete — la escisión de la fracción — como perspectiva.

En todas estas cuestiones, cuando se quiere tener miramientos con los prejuicios pequeñoburgueses de los electores, a mi juicio el mejor camino es decir: Por principio, estamos en contra. Pero ya que exigís de nosotros propuestas positivas y afirmáis que estas cosas también benefician a los obreros, cosa que nosotros negamos en todo cuanto vaya más allá de una ventaja microscópica — bien, pues: poned a los obreros y a la burguesía en pie de igualdad. Por cada millón que, directa o indirectamente, regaléis a la burguesía del bolsillo de los obreros, regalad un millón a los obreros; lo mismo con los anticipos del Estado. Es decir, aproximadamente lo siguiente (sólo a modo de ejemplo y sin atenerme a la forma específica que habría de adoptar en Alemania, pues conozco demasiado poco la legislación particular vigente allí):

1. Concesión de subvenciones y anticipos a cooperativas obreras, no con el fin, o no tanto, de fundar nuevos negocios (lo que no pasaría de ser la propuesta de Lassalle con todos sus defectos), sino en particular:
a) para tomar en arriendo dominios y explotarlos cooperativamente (u otras fincas rústicas),
b) para comprar, por cuenta propia o del Estado, fábricas, etc., cuyos propietarios en épocas de crisis, o también por quiebra, cesan la explotación o que quedan a la venta, y explotarlas cooperativamente, iniciando así el tránsito gradual de toda la producción a la forma cooperativa.

2. Preferencia de las cooperativas frente a los pequeñoburgueses y sus asociaciones en todas las contratas públicas, cuando las condiciones sean iguales; por tanto, en principio, adjudicar todos los trabajos públicos, en lo posible, a cooperativas.

3. Remoción de todos los obstáculos y trabas legales que aún se interponen a las cooperativas libres; así, ante todo, restitución de la clase obrera al derecho común — por miserable que éste sea — mediante la derogación de la Ley contra los socialistas[!, que arruina a todas las asociaciones gremiales y cooperativas.

4. Plena libertad para las asociaciones gremiales (Trade Unions) y su reconocimiento como personas jurídicas con todos sus derechos.

Si reclamáis esto, no reclamáis sino la misma atención para los obreros que para los burgueses; y si las donaciones a los burgueses han de levantar la industria, las donaciones a los obreros lo harían mucho más aún. Sin una contrapartida semejante, no comprendo en absoluto cómo una fracción socialdemócrata podría votar a favor de eso. Si lanzáis tales reivindicaciones al pueblo, cesarán pronto también entre los electores las importunaciones a causa de la ayuda estatal a la industria en forma de donaciones a los burgueses. Todas estas son cosas que pueden emprenderse de hoy a mañana y ponerse en marcha en un año, y a las que sólo se oponen la burguesía y el gobierno. Y, sin embargo, son para hoy grandes medidas que han de interesar a los obreros de un modo muy distinto que las subvenciones a vapores, los aranceles protectores, etc. Y los franceses hacen, en lo esencial, lo mismo.

Pero ahora surge todavía otra cosa, que se ha puesto de manifiesto ahora: es muy posible que los socialdemócratas decidan la votación. ¡Y qué bochorno infinito ante el mundo entero si el asunto, la donación a la burguesía, saliese adelante con vuestros votos! ¡Y sin contrapartida! Verdaderamente, no sé lo que debería decir entonces a los franceses y a la gente de aquí. ¡Y qué triunfo para los anarquistas, que jubilosos exclamarían: ¡Ahí tenéis, son unos puros pequeño-burgueses!

Sobre los otros asuntos volveré en otro momento. Me importa no dejarte ni un solo instante en duda sobre mi opinión en esta cuestión. Espero que el cambio de tus condiciones profesionales sea, ante todo, favorable a tu salud. Y mis cordiales felicitaciones para ti y tu familia por el año nuevo.

Tuyo,
F. E.

Que el dinero no alcanzará está más claro que el sol. También le dije a S[inger] que quien vote a favor, consecuentemente también habrá de votar a favor de las colonias. En lo que se refiere aquí al punto del dinero, véase mi carta a Liebk[necht].