en Berlín

(Extracto)

[Londres, 9 de diciembre de 1884]

Si la fracción no quiere limitarse simplemente a una actitud de rechazo, a mi juicio, no podrá otorgar su consentimiento a esta ayuda estatal en favor de la burguesía —la cual posiblemente (lo que, desde luego, habría que probar primero) pueda redundar indirectamente en beneficio de los obreros— sino a condición de que se garantice una ayuda estatal semejante para los obreros. «Dadnos ustedes 4-5 millones anuales para cooperativas obreras (no como anticipo, sino como donación, igual que a los armadores) y entonces nos prestaremos a negociar. Dennos ustedes garantías de que en Prusia los dominios públicos serán arrendados a cooperativas obreras, en lugar de a grandes arrendatarios o a campesinos incapaces de subsistir sin trabajo asalariado; de que las obras públicas serán adjudicadas a cooperativas obreras en lugar de a capitalistas; de acuerdo, entonces haremos lo que nos corresponda. De lo contrario, no».

Si la fracción hace tales propuestas —para las cuales hay que encontrar, naturalmente, la forma adecuada—, nadie podrá reprochar a los diputados socialdemócratas que, por preocuparse del porvenir, descuiden las necesidades presentes de los obreros.

del 8 de enero de 1885.

137. Engels a August Bebel

en Plauen, cerca de Dresde

Querido Bebel:                                                                               Londres, 30 de dic. de 84

Contesto tu carta de inmediato.

El amigo Singer parece haber captado de mis manifestaciones únicamente lo que armonizaba con sus opiniones —esto se aprende fácilmente en los negocios, donde a veces resulta ventajoso, pero en política, como en ciencia, hay que aprender a captar las cosas objetivamente.

En primer lugar, le dije a S[inger] que yo, de ningún modo, había reflexionado aún a fondo sobre el caso (sólo la noche anterior me había puesto sobre la pista el «Sozialdemokrat») y que lo que yo le decía no debía tomarse, en modo alguno, como mi opinión definitiva.

Pero luego dije: bajo determinadas circunstancias y condiciones podría ciertamente ser admisible votar a favor, es decir, si el gobierno se comprometiera a otorgar a los obreros la misma ayuda estatal que ahora quería conceder a los burgueses. Es decir, sobre todo, el arriendo de dominios públicos a cooperativas obreras, etc. Ahora bien, como sé que el gobierno no hará tal cosa, esto equivale, en otras palabras, a: mostrar a quienes quisieran votar a favor un camino para votar en contra con decoro y sin violentarse.

También le dije a Singer, cosa que pareció resultarle nueva, que en la vida parlamentaria bien podría darse alguna vez el caso de tener que votar en contra de algo que, en secreto, se desea que salga adelante.

Ayer escribí a Liebknecht sobre otros asuntos y aproveché la ocasión para exponerle mi opinión al respecto, ahora más madurada tras una reflexión más larga. Dicha opinión coincide —haz que te lean el pasaje en cuanto tengas ocasión— en muchas cosas casi literalmente con lo que tú escribes, aunque tu carta no llegó hasta esta mañana. Aquello en lo que difiero es, en pocas palabras, esto:

1. Sois, ante todo, un partido económico. Vosotros —o algunos de entre vosotros— alardeasteis enormemente en su día de la superioridad económica del partido, pero cuando se os presentó prácticamente la primera cuestión económica —¡con motivo de los aranceles proteccionistas!— os dispersasteis. Si esto ha de repetirse en cada cuestión económica, ¿para qué entonces toda la fracción?