en Zúrich

Londres, 29 de dic. de 84

Querido Ede:

Por Kautsky me entero de que no solo has perdido a tu hermana, sino además a tu padre. Cuenta con mi más sentido pésame. Estos son los lados serios del exilio, que yo también he conocido. La patria como tal no se echa de menos, pero —

Ahora, a los acontecimientos de aquí. El sábado la Social Democratic Federation se ha ido felizmente a pique. La burbuja ha estallado un poco antes de lo que esperaba, pero tenía que ocurrir.

Hyndman, un aventurero político y arribista con ambiciones de carrera parlamentaria, se había apoderado de todo el asunto hacía tiempo. Cuando Bax empezó con «To-Day» hace un año, no había fuerzas literarias suficientes para mantener esa pequeña cosa, y menos aún un semanario, pero solo un semanario podía ayudar a Hyndman, así que se fundó «Justice» —con el dinero de dos entusiastas, Morris y Carpenter; redactada por Hyndman con ayuda de algunos literatos jóvenes que estaban al acecho de cualquier nuevo movimiento con capacidad de pago (Fitzgerald y Champion), y de un maestro, Joynes, expulsado de Eton por una agitación emprendida con Henry George, que así se había convertido en un socialista forzoso. A estos se les pagaba, directa o indirectamente —Hyndman es rico, pero ahorrativo—, los demás tenían que colaborar gratis. Todos los papeles de la Federation iban a parar a Hyndman, Fitzgerald y Champion, quienes solo presentaban al Comité lo que les convenía, escribían por cuenta propia en nombre de la Federation, en resumen, Hyndman trataba al Comité como Bismarck al Reichstag. Fuertes quejas; también a mí me llegaron. Respondí: Dejad hacer a ese hombre, es un alma pequeña, no durará mucho, no sabe esperar. Y se ha roto el cuello más deprisa de lo que pensaba.

Morris, que estuvo en Escocia hace 14 días, descubrió allí tales intrigas de Hyndman, que dijo que ya no podía seguir trabajando con ese hombre. Sospechas tenía desde hacía tiempo. Un encuentro con A. Scheu en Edimburgo hizo estallar el asunto: Hyndman ha calumniado a Scheu tachándolo de anarquista y dinamitero; Scheu presentó a Morris las pruebas no solo de lo contrario, sino también de que Hyndman lo sabe. Asimismo, las camarillas de Hyndman en Glasgow, donde la sección recibió cartas del secretario Fitzgerald con el sello de la Federation, escritas no solo sin encargo del Comité, sino en oposición a sus acuerdos. Además, Hyndman había afirmado ante varios que una carta un tanto misteriosa dirigida al Comité desde París era una falsificación fabricada por la señora Lafargue y Tussy para tenderle una trampa. Pero la carta misma se la había escamoteado al Comité. Por último, además de una serie de enconos sembrados entre los miembros del Comité, la prueba de que había inventado una sección de provincias que no existía en absoluto.

En resumen, el martes pasado se produjo el estallido. Hyndman fue atacado por todos lados, Scheu estaba presente, documentos en mano, Tussy tenía una carta de su hermana acerca de la supuesta falsificación. Tormenta. Aplazamiento hasta el sábado. Antes de la reunión, Morris y Aveling estuvieron en mi casa; pude aconsejarles aún algunas cosas. Gran debate el sábado. Ningún hecho pudo ser negado, ni por Hyndman ni por su séquito reclutado a tambor batiente. Se aprobó un voto de censura contra Hyndman. Acto seguido, la mayoría se retiró de la Federation. Las razones de ello: 1.ª que Hyndman, en un congreso, por medio de sus secciones bogus (fantasmas) podía fabricar una mayoría, mientras ellos no podían probar la inexistencia de esas secciones, al menos no a tiempo; 2.ª pero, y principalmente, porque toda la Federation no era, a fin de cuentas, más que una farsa.

Se han retirado Aveling, Bax y Morris, los únicos sinceros entre los literatos, pero también tres personas nada prácticas —dos poetas y un filósofo— como quien los busca con linterna. A ellos se suman los mejores entre los obreros más conocidos. Piensan ir a las secciones londinenses, esperan ganar a la mayoría y luego dejar que Hyndman se las arregle con sus secciones de provincias inexistentes. Su órgano será un pequeño cuaderno mensual. Por fin se actuará con modestia, de acuerdo con las fuerzas, y no se hará ya como si el proletariado inglés tuviera que ponerse en marcha de inmediato en cuanto unos cuantos literatos se convierten al socialismo y tocan a rebato. (Toda su fuerza en Londres, según confesión de Morris, no llegaba a 400 hombres, en provincias ni a 100.) «Justice» tiene una tirada de unos 3.500 ejemplares.

Hyndman se queda con «Justice» y «To-Day» junto con sus literatos especuladores Fitzgerald, Champion, Burrows, Shaw, probablemente también Sketchley, quien, como viejo chartista, parece considerarse con derecho a pensión. A ello se suman los viejos restos de sectas democráticas o socialistas. Quién se quedará con los demás restos de la Federation está por ver. Pero como Hyndman ya no recibe más dinero para sus órganos deficitarios, ni de Morris ni de Carpenter, tendrá que pagar él mismo, o venderse, junto con sus órganos y el remanente de su fracción, a los Christian Socialists o… a Lord Randolph Churchill y la Tory Democracy. Tiene que darse prisa si quiere presentarse como candidato en las nuevas elecciones de otoño.

Tengo la satisfacción de haber calado toda esta farsa desde el principio, de haber juzgado correctamente a toda esa gente y de haber predicho el final, así como que esta farsa, en resultado final, perjudicaría más de lo que beneficiaría.
Tu

F. E.