en Leipzig

Londres, 29 de oct. de 84
Querido Bebel:

Tu telegrama llegó aquí pocos minutos después de las seis y fue acogido con júbilo. He difundido inmediatamente su contenido por tarjeta postal aquí y en las provincias y lo he comunicado asimismo a París, adonde por el momento no llegan más que noticias confusas y contradictorias. Te doy mi más sincero agradecimiento por haberte acordado de mí en medio del ajetreo electoral. También se lo he comunicado a la Asociación.

Esto es más de lo que esperaba. Para mí tiene ahora menos importancia cuántos escaños definitivos se conquisten; los quince obligados están seguros, y lo principal es la prueba de que el movimiento avanza con paso tan rápido como seguro y se va apoderando de circunscripción electoral tras circunscripción electoral, haciendo vacilar a los demás partidos. Pero también es magnífico cómo nuestros obreros llevan el asunto, la tenacidad, la decisión y, sobre todo, el humor con que conquistan puesto tras puesto y echan por tierra todas las artimañas, amenazas y violencias del gobierno y de la burguesía. Alemania tiene una necesidad imperiosa de ser restablecida en la estima del mundo; Bismarck y Moltke pudieron hacerla temible; respeto, verdadera estima, como sólo se tributa a hombres libres y que se autodisciplinan, este respeto lo imponen únicamente nuestros proletarios.

El efecto sobre Europa y América será enorme. En Francia, prometo a nuestro partido un nuevo auge a raíz de esto. Allí la gente sigue padeciendo las secuelas de la Comuna. Por mucho que ésta haya repercutido en Europa, otro tanto ha hecho retroceder al proletariado francés. Haber estado tres meses en el poder —y además, precisamente en París— y no haber levantado el mundo de sus goznes, sino haberse hundido a causa de la propia incapacidad (y es esta manera unilateral como se entiende hoy la cosa), eso prueba que el partido no es viable. Tal es el lugar común de la gente que no ve que la Comuna fue la tumba del viejo socialismo específicamente francés, pero también, al mismo tiempo, la cuna del nuevo comunismo internacional para Francia. Y a este último, las victorias alemanas le ayudarán a ponerse debidamente en pie. También la señora Lafargue, que está aquí y te envía cordiales saludos, comparte esta opinión.

Del mismo modo, la noticia causará impacto en América entre el proletariado de habla inglesa.

Habrás recibido mi carta certificada, así como mi tarjeta postal de anteayer.

Lo que en este momento más me sigue inquietando es si tú mismo habrás logrado imponerte en tus inseguras circunscripciones. Con los muchos elementos nuevos que en todo caso entrarán en la fracción, eres urgentemente necesario sobre todo al principio, para que no te encuentres más tarde con hechos consumados en los que no hayas participado. Sé que tu salud tampoco es la mejor, y tienes que conservarte sin falta para el partido para tiempos más críticos. Pero seguramente también será posible arreglarlo de manera que ello sea compatible.

Quería escribirte aún acerca de la patraña de Rodbertus, pero esta noche ya no me es posible. Por lo que toca a su persona, Schramm ya será suficientemente puesto en su sitio por K. Kautsky. En el prólogo a la Misère de la philosophie aclaro ya la posición de Rodbertus frente a nosotros hasta tal punto que, creo, basta hasta que pueda ajustarle cuentas más a fondo en el prólogo al libro II de El Capital. Si entre tanto se hiciera necesario, puedo volver a terciar en la polémica. Más sobre esto en estos días.

Tuyo,
F. E.