en Múnich

48, Marine Parade
Worthing, Inglaterra, 13 de agosto de 1884

Estimado camarada,

Sus apreciadas líneas me fueron remitidas desde Londres recién ayer, de ahí la demora de mi respuesta.

La pregunta que me formula es difícil de contestar, o incluso solo puede responderse de manera negativa. Ninguna ciencia es hoy más mancillada en todas las universidades del mundo que la económica. No solo que en ningún sitio exista un hombre que exponga la vieja economía clásica en el sentido de Ricardo y su escuela; incluso costaría trabajo hallar a uno que expusiera el librecambio vulgar, el llamado manchesterismo a lo Bastiat, en forma pura. En Inglaterra y América, como en Francia y Alemania, la presión del movimiento proletario ha teñido a los economistas burgueses casi sin excepción de un tinte catedrático-socialista-filantrópico, y un eclecticismo acrítico y bienintencionado impera por doquier: una gelatina blanda, flexible, gelatinosa, que puede comprimirse a voluntad en cualquier forma y que, precisamente por ello, proporciona un excelente caldo de cultivo para arribistas, al igual que la verdadera gelatina sirve para el cultivo de bacterias. El efecto de esta papilla de pensamiento enervante e inconsistente se hace sentir, al menos en Alemania y en parte entre los germano-americanos, hasta en nuestro partido, y prolifera frondosamente en sus fronteras.

En tales circunstancias, no sabría descubrir ninguna diferencia esencial entre las diversas universidades. Un sólido estudio propio de la economía clásica, desde los fisiócratas y Smith hasta Ricardo y su escuela, así como de los utopistas Saint-Simon, Fourier y Owen, y por último de Marx, unido a la aplicación constante del propio juicio, será lo que más haya de hacer falta. Doy por supuesto que su amiga estudiará las fuentes mismas y no se dejará extraviar por compendios u otras fuentes de segunda mano. Para el conocimiento de las condiciones económicas propiamente dichas, Marx ha señalado en _El Capital_ las fuentes más esenciales. El modo de aprovechar las estadísticas oficiales de los distintos países, lo que de ellas es utilizable y lo que no, se aprende mejor mediante el estudio y la comparación mismos. Así como, en general, el estudio propio, cuanto más se avanza en él, proporciona la mejor guía para la manera de seguir aprendiendo, siempre y cuando se haya comenzado con libros verdaderamente clásicos y no con los más reprobables de todos: los compendios alemanes de economía, o bien con las lecciones de sus autores.

Esto es más o menos todo lo que puedo decir sobre el asunto. Y me alegrará que la Srta. Kjellberg encuentre aquí algo de lo que pueda sacar provecho.

Por lo demás, ¡me alegro por las elecciones al Reichstag! y quedo de usted con sincera estima,

Suyo,
F. Engels