Tras recibir tu carta del 15 hemos pasado días de preocupación. El 18 murió el niño pequeño de Pumps y fue enterrado el 22. La criatura tenía tos ferina, bronquitis, convulsiones y difteria laríngea; ya una semana antes de su muerte apenas había esperanza. Supuse que Pumps o Percy te habrían escrito, pero por lo visto han confiado en que yo te lo comunicara; sin embargo, yo estaba ocupado en terminar mi escrito, por causa del cual he aplazado incluso las cartas más urgentes, y que, como puedes imaginarte, he concluido en circunstancias muy difíciles. Bien, ya está hecho; las últimas páginas salen mañana. No sé cuánto tiempo transcurrirá hasta la impresión.

Siento mucho que no quieras encargarte del proceso de acumulación del capital. Piénsatelo de nuevo. Temo que no lo lograremos sin ayuda de otra parte, y, a decirte la verdad, tengo muy poca confianza en el apoyo que pueda recibir aquí. Aveling tiene la mejor voluntad, pero ha de traducir materia ajena, de un alemán que desconoce a un inglés que también desconoce; si se tratara de ciencias naturales, sería bastante fácil, pero economía política y hechos industriales, con cuyos conceptos más generales ni siquiera está familiarizado. Y Sam, que está haciendo el primer capítulo mucho mejor de lo que pensaba, necesita tanto tiempo para ello. Y mientras tanto, la necesidad de publicarlo se hace cada día mayor, y K. Pfau[l] y Cía., con quienes espero llegar pronto a un acuerdo, apremian; pero si no puedo prometer el manuscrito completo, digamos para noviembre, difícilmente podré cerrar nada. Quizá hagas la prueba con algunas páginas y veas cómo te desenvuelves. Un diccionario alemán-inglés sería inútil; las palabras que tuvieras que consultar no las encontrarías en él; podrías omitirlas, y yo podría insertarlas; serán en su mayoría términos técnicos o filosóficos.

Las conferencias de Paul son un gran éxito; la “New Yorker Volkszeitung” las reproduce regularmente, en traducción propia, creo. Si los franceses tuvieran dos o tres personas que pudieran y quisieran recoger publicaciones alemanas del mismo modo, les sería de enorme ayuda. Ya me imagino que Paul, cuando salga mi «Origen de la familia, etc.», se volverá loco por traducirlo; contiene cosas que caen directamente dentro de su terreno. Pero si lo emprende, tendrá que tomar las palabras alemanas en el sentido que les es propio y no en el que a él se le antoje darles, porque no tendré tiempo alguno para trabajar en ello. Ahora empezaré con el tomo II de «El capital» y trabajaré en él a la luz del día; las veladas están reservadas para la revisión de las diversas traducciones en curso y anunciadas. Este escrito que acabo de terminar será, por bastante tiempo, el último trabajo independiente. ¿Querrías decir a Deville, por favor, que hasta ahora no he tenido tiempo de leer su última conferencia, pero que lo haré aún en el curso de esta semana, y espero que sea tan buena como las anteriores?

Ahora tengo que terminar; ya son más de las once y Nim quiere irse a dormir, tiene «dolores por todas partes», id est un ligero reumatismo articular a consecuencia de un resfriado, y tiene que quedarse de pie junto a la puerta mientras yo echo esta carta, porque Annie ya está en la cama. Para no retener a Nim más tiempo lejos de su tan necesario descanso (ya se ha quedado un poco adormilada en su sillón), espero que disculpes el espacio libre aquí abajo.

Por lo demás, parece que Liebknecht ha estado en París; los periódicos alemanes cuentan las cosas más asombrosas sobre sus misteriosas actividades, y también que habría aparecido en un banquete junto con Leclere, ese estúpido.

Besos de Nim y de tu afectuoso
F. Engels