en Zürich

Londres, 23 de mayo de [18]84

Querido Kautsky:

Confío en que habrás recibido el manuscrito, capítulos 1-8; salió ayer certificado para ti. Como ya te he propuesto, creo que lo mejor, si quieres algo para la Neue Zeit, es tomar el capítulo sobre la familia, con exclusión de la monogamia. Esta última está anticipada en él hasta donde es necesario para darle un cierto redondeamiento.

Por lo que respecta a la prohibición, ya te escribí que, en lo que a mí respecta, por principio todo está prohibido; el “aguardiente prusiano” fue una ofensa personal a Bismarck, y desde que Richter se ha confeccionado con ello la política del aguardiente, el hombre del aguardiente y del papel de envolver no me regala ya absolutamente nada. Todos tus argumentos caen de todos modos con la aprobación ya efectuada de la ley contra los socialistas y con la inmediata prohibición de la Süddeutsche Post que le siguió. Y el gobierno puede desatar con dureza las prohibiciones; la prensa liberal lo demuestra, clama literalmente por una intervención enérgica contra nosotros. Tú, como austríaco, no puedes seguir en absoluto el curso mental que se desarrolla en cabezas como Bismarck, Puttkamer & Cía.; para ello hay que conocer el Estado policial prusiano de antes del 48; volver a hacer florecer éste por medio de la ley contra los socialistas es el motivo impulsor de estos burócratas junker. Todo lo demás —en el interior— es secundario.

Acerca de los ejemplares del Anti-Dühring que están almacenados aquí no he vuelto a saber nada.

El “Capital” de Rodbertus lo tengo. No parece contener gran cosa. El hombre es una eterna repetición de los contenidos más mezquinos.

Las cosas del archivo están bien guardadas en mi poder y serán devueltas escrupulosamente. Tan pronto como me haya quitado de encima el capítulo final y haya ordenado en casa diversas cosas —libros, etc.—, abordaré el segundo tomo de El Capital —para el día—, y por las noches, en primer lugar, revisaré vuestra Misère de la Philosophie, así como haré las notas y el prefacio correspondientes. Esta división no sólo es útil, sino absolutamente necesaria, ya que el manuscrito de Marx no puede estudiarse con luz artificial durante mucho tiempo sin exponerse a quedarse ciego voluntariamente. Mi crítica de Rodbertus, por lo demás, se limitará en lo fundamental tan sólo a la acusación de plagio, y todo lo demás —sus utopías salvadoras sociales, la renta del suelo, el crédito territorial, la descarga de la deuda de la nobleza territorial, etc.— apenas será mencionado. Así que tendrás material suficiente para zurrar debidamente a este pequeño explotador pomerano, propietario de una casita, que tal vez habría llegado a ser un economista de segundo rango si no hubiese sido pomerano. Desde que los Schlappes y el tal Freiarsch turingio, que se cuelgan de nosotros por un lado y de los socialistas de cátedra por el otro y quieren ponerse a salvo por ambas partes, enfrentan al “gran Rodbertus” contra Marx, y, más aún, los Adolph Wagner y demás bismarckianos elevan a éste a la categoría de profeta del socialismo trepador, no tenemos absolutamente ningún motivo para tener miramientos con esta grandeza inventada por el propio Rodbertus y trompeteada por Meyer (que no sabe nada de economía y tenía en él su oráculo secreto). Ese hombre no ha hecho absolutamente nada en economía; tenía mucho talento, pero siempre fue un diletante y, sobre todo, un pomerano ignorante y un prusiano arrogante. Lo más alto a lo que llegó son toda clase de puntos de vista acertados y correctos, pero nunca supo sacar nada de ellos. ¿Cómo puede sucederle a un tipo decente, en absoluto, pasar por evangelio de los trepadores del socialismo bismarckiano? Ésa es la venganza de la historia contra esta “grandeza” artificialmente inflada.

Tus noticias sobre interioridades de Alemania son siempre muy bienvenidas.

Pero ahora tengo que escribirle a Ede.
Tuyo,
F. E.