en Hoboken

Londres, 7 de marzo de 1884

Querido Sorge:

Después de haber pasado todo el otoño y el invierno crónicamente indispuesto, aunque de manera insignificante, si bien muy molesta, y de haber tenido que guardar cama dos meses por prescripción de reposo, por fin estoy otra vez en condiciones de trabajar como es debido y de saldar mis deudas epistolares. Espero que también tú y tu esposa os vayáis reponiendo poco a poco de las secuelas de vuestra enfermedad, mucho más grave, y que luego, gradualmente, todo vuelva a su cauce normal.

Como aún no tengo plena libertad de movimientos y mis excursiones se limitan a los alrededores más inmediatos, y no dispongo de gente que pueda enviar de un lado a otro, he cumplido tu encargo de manera algo distinta. Tu ejemplar de El Capital, 3.ª ed., así como un Deville, Le Capital, te han sido enviados en dos paquetes por Book Post³; las fotografías te las mando por la misma vía, ya que ahora he aprendido a embalarlas. Los otros dos ejemplares de El Capital supongo que podrás obtenerlos allí con facilidad.

³ Envío de libros.

Para To-Day he tomado una suscripción anual para ti, y supongo que la recibirás con regularidad. Toda esa gente tiene muy buena voluntad, pero condenadamente pocos conocimientos; para To-Day eso aún pasa, pero ahora la Democratic Federation publica un semanario, Justice, que se distingue por una gran aridez, con un contenido que se repite sin cesar, y por una incapacidad absoluta para abordar siquiera una cuestión del día por el lado debido. Te envío un par de números; no vale la pena abonarse a él. En general, no se puede aceptar sin más, a pie juntillas, a la Democratic Federation; allí hay toda clase de elementos dudosos. Hyndman, que se las da de jefe de partido in partibus infidelium, es un arribista bastante inescrupuloso y, hace apenas unos años, un candidato conservador al parlamento que fracasó estrepitosamente; además, se portó miserablemente con Marx. —Yo me mantengo alejado de toda la Democratic Federation; la falta de tiempo me sirve de excusa útil, y solo mantengo una relación más estrecha con To-Day, particularmente con Bax, que es un muchacho muy bueno, solo que ahora, muy inoportunamente, anda rumiando a Kant. Si no tienes nada en contra, haré publicar en inglés en To-Day la carta de Marx a ti acerca de H. George; luego vosotros podréis aprovecharla allí ulteriormente.

Difícilmente tendré tiempo para embarcarme en un debate con Stiebeling¹. A tales diosecillos se los puede abandonar tranquilamente a su suerte. De todos modos, el espíritu sectario no podrá evitarse en América durante muchos años. Así también el gran Most acabará probablemente como un K. Heinzen II. Recibo la Wochen-Volkszeitung, pero no contiene gran cosa.

En cuanto a cómo está el viaje de Bebel, Liebknecht o cualquier otro a América, no lo sé¹². A los camaradas, cuando me preguntaron, les comuniqué mi opinión en el sentido de que probablemente no sería cosa de sangrar a América cada tres años por las elecciones. Por lo demás, en Alemania las cosas marchan muy bien. Nuestros jóvenes se portan estupendamente. La ley de excepción contra los socialistas¹³ los envuelve por doquier en una lucha local con la policía, que va acompañada de toda clase de argucias y fullerías, y que la mayoría de las veces termina victoriosamente para nosotros, suministrando el mejor medio de propaganda del mundo. Todos los periódicos burgueses dejan escapar de vez en cuando suspiros sobre los enormes progresos de nuestra gente, y todos tiemblan ante las nuevas elecciones. Hace quince días tuve aquí a un sobrino de Barmen, conservador libre, a quien le dije: Ahora en Alemania hemos llegado a un punto en que podemos cruzarnos de brazos y dejar que nuestros enemigos trabajen para nosotros. Que deroguéis la ley de excepción contra los socialistas, que la prolonguéis, que la agravéis o la suavicéis, es indiferente; hagáis lo que hagáis, todo redunda en beneficio nuestro. —Sí —dijo él—, las circunstancias trabajan asombrosamente a vuestro favor. —Ciertamente —dije yo—, pero no lo harían si no las hubiésemos reconocido correctamente ya hace cuarenta años y no hubiésemos obrado en consecuencia. —No hubo respuesta.

En Francia las cosas también van mejor desde que Lafargue, Guesde y Dormoy salieron de la cárcel¹⁴. Están muy activos, visitan mucho la provincia, donde afortunadamente tienen su principal fuerza; han fundado hojitas en Reims y en Saint-Pierre-lès-Calais¹⁵, y un congreso en Roubaix dentro de cuatro semanas¹⁶. Además, todos los domingos dan en París una conferencia muy concurrida: Lafargue sobre la concepción materialista de la historia, Deville sobre El Capital¹⁷. Escribiré para que te envíen todas esas cosas, que se imprimen. Es una suerte que por el momento no tengan un diario en París; para eso es todavía demasiado pronto. De la Misère de la philosophie aparece en París una nueva edición. Ídem en alemán en Zúrich, en ruso en Ginebra. De mi Desarrollo*, creo que aún no te he enviado ningún ejemplar, porque yo mismo solo recibía uno o dos de cada vez. (¡Nudos!) Ahora la cosa ha salido en 3.ª edición, además en francés, italiano, ruso y polaco. Aveling quiere traducirla al inglés¹⁸; este joven es también muy bueno, pero tiene too many irons in the fire* y ahora una lucha que le consume tiempo con su examigo Bradlaugh; a este, el movimiento socialista de aquí le está quitando el suelo bajo los pies, y con ello los —medios de vida. Así que hay que defenderse, pero no es fácil para ese muchacho estrecho de miras y canallesco.

A Tussy le va bien hasta ahora; casi siempre viene los domingos. Lenchen, como sabrás, me lleva la casa. Dentro de catorce días podré dedicarme en serio al segundo tomo de El Capital¹⁹ — eso es también un trabajo de Hércules, pero me alegra.

Lee Morgan (Lewis H.), Ancient Society, aparecido en 1877 en América. Desvela magistralmente los tiempos primitivos y su comunismo. Ha redescubierto de manera espontánea la teoría de la historia de Marx y concluye con deducciones comunistas para hoy.

Saluda cordialmente a Adolph.

Tuyo
F. E.