en París

Mi querida Laura,                                          Londres, 16 de febrero de 1884

Mañana es domingo, y el lunes tendremos que volver a hurgar en el desván de Maitland Park; así que, si no te escribo hoy, no se sabe cuánto podría demorarse. Por fin hemos despejado el viejo «Speicher» [desván], encontrando un montón de cosas que es necesario guardar, pero también alrededor de media tonelada de periódicos viejos que resultan imposibles de clasificar. Creo que la semana próxima podremos empezar el desalojo y la siguiente vender lo que quede por lo que podamos sacar. Hubo un momento en que ya temí tener que interrumpir de nuevo, pero, afortunadamente, cada día me siento mejor; ya puedo andar media hora a paso tan rápido como antes, y consumo cada veinticuatro horas, con ayuda de Nim, dos botellas de Pilsener y una cantidad adecuada de clarete.

Entre los manuscritos está la primera redacción de «El Capital» (1861-1863), y en ella encuentro algunos cientos de páginas: «Teorías sobre la plusvalía», parte de las cuales se incorporaron al texto de las versiones posteriores, pero habrá quedado lo suficiente como para ampliar el tomo 2 en un segundo y un tercer tomo. !?!

Bernstein me enviará un artículo de Mohr «Sobre Proudhon», que se publicó en el «Social-Demokrat» de Berlín en 1865. Es muy probable que el conjunto tenga que traducirse para la edición francesa de la «Misère».

A propósito, Bernstein estará mañana en Lyon; probablemente, ya que ha emprendido el camino, venga también a París y quizá alargue su viaje hasta Londres. En caso de que llegue a París, incítale, por favor, a que venga también aquí; necesito hablar con él de muchas cosas; sabe que aquí le espera una cama, y si anda un poco escaso de dinero, eso no debe impedírselo, ya nos arreglaremos.

Paul me dijo que podía tomarme mi tiempo con el prefacio a la «Misère», pero no me lo creo, tengo demasiada experiencia con los editores. Me gustaría saber cuándo lo necesitará Oriol, aunque no voy a comprometerme a entregarlo en una fecha exacta, ni siquiera en una semana exacta; pero necesito hacerme una idea aproximada. La casa de Maitland Park debe entregarse el 25 de marzo, y aún tengo que despachar otros muchos asuntos; por lo menos debo poder hacerme planes hasta cierto punto con antelación.

Lo que Paul toma por un artículo de Mohr sobre «la propriété, c’est le vol» de Proudhon se encuentra en la «Sagrada Familia», que yo poseo.

No puedo compartir el entusiasmo de Paul por la «Justice» de Londres; encuentro el periódico terriblemente insulso. Pero ¿qué se puede esperar de una sociedad de individuos que se imponen como tarea instruir al mundo sobre cosas de las que ellos mismos no tienen ni idea? No hay una sola cuestión candente que sepan abordar. Hyndman amalgama fraseología internacionalista con afanes chauvinistas; Joynes es un ignorante confuso (lo vi hace quince días); Morris, cuando emprende algo, está perfectamente en su sitio, pero precisamente no lo hace a menudo, y el pobre Bax se enreda en una filosofía alemana de carácter bastante anticuado —todo eso puede valer para una revista mensual, donde uno tiene tiempo de aplicarse a fondo, pero para un semanario en el que hay que entrar en todas las *questions d’actualité* posibles, resulta vergonzoso.

De todos modos, el nuevo movimiento socialista «respetable» marcha de forma bastante esperanzadora, se pone de moda, pero las clases trabajadoras aún no reaccionan. Y de eso depende todo. Y por eso fue tan estúpido precipitarse con la publicación de la «Justice». Semejantes artículos jamás sacudirán a las masas. Seis meses de tomar contacto con los obreros habrían preparado un círculo de lectores y enseñado a los autores cómo se escribe para él. Pero ¿de qué sirve lamentarse? ¡Les petits grands hommes veulent absolument faire leur petit bonhomme de chemin!

Ojalá los niños estén mejor. Nim está muy preocupada por ellos. Por favor, haznos saber cómo se encuentran.

Saludos cordiales de Nim.

Con afecto, tu
F. Engels