en Zúrich

Londres, 1 de enero de 1884

Querido Bernstein:

Ante todo, próspero año nuevo para usted, para Kautsky y para toda la expedición.

En segundo lugar, le ruego que me envíe el «Sozialdemokrat» de la semana pasada. Debía llegar el sábado 29 de diciembre, pero hasta hoy no ha aparecido.

Por fin, desde hace 14 días estoy otra vez en pie, con mejoría continua, y espero estar en condiciones de trabajar de nuevo dentro de 8 días. Y maldita la falta que me hace.

Espero que no se haya indignado usted demasiado por mis numerosas modificaciones en su manuscrito. Como ya le dije a Kautsky: ciertamente no podemos imitar el estilo de Marx, pero el estilo tiene que ser, sin embargo, de tal índole que no contradiga de plano el de Marx. Si tiene usted esto un poco presente, ya entregaremos un trabajo que podrá dejarse ver.

La nota acerca de la esclavitud americana se hará, así como otras diversas. No pocas cosas podré resumirlas en el prefacio. Lo acertado del pasaje sobre la esclavitud se muestra todavía hoy: la producción capitalista en los estados algodoneros no consigue arraigar en absoluto, porque no tiene culíes, chinos o indios, es decir, esclavos disfrazados de trabajadores libres; mientras que en Cuba, Mauricio, La Reunión, etc., florece en la medida exacta, y sólo en la medida, en que dispone de culíes.

En cuanto a su anterior consulta sobre el pasaje del prólogo al «Manifiesto» tomado de «La guerra civil en Francia», probablemente quedará usted conforme con la respuesta que se da en el original («La guerra civil», págs. 19 y ss.). Le envío un ejemplar por si acaso no tuvieran ustedes ninguno allí. Se trata simplemente de la demostración de que el proletariado victorioso tiene que transformar primero el viejo poder estatal burocrático, administrativamente centralizado, antes de poder utilizarlo para sus fines; mientras que todos los republicanos burgueses, desde 1848, en tanto permanecían en la oposición, han derribado esta máquina, y tan pronto como han llegado al gobierno, la han tomado sin modificarla y la han utilizado, en parte contra la reacción, pero aún más contra el proletariado. El hecho de que en «La guerra civil» las tendencias inconscientes de la Comuna le sean acreditadas como planes más o menos conscientes, estaba justificado por las circunstancias, e incluso era necesario. Con un tacto muy certero, los rusos han añadido este pasaje de «La guerra civil» a su traducción del «Manifiesto». Si entonces la expedición no hubiese sido tan extremadamente urgente, se habría podido hacer esto y aún otras cosas. [!#]

A propósito, usted habló en cierta ocasión del pasado, mal afamado, de Guesde o algo por el estilo. No sé absolutamente nada de eso. Seguro que no son más que perfidias de Malon, pero me agradaría que usted me pusiera en condiciones de poner en claro esta historia.

Uno de estos días le enviaré una libra esterlina de parte de Schorlemmer para su suscripción, el resto para fines del partido; hoy es demasiado tarde para el giro postal.

Por fin vuelve a moverse algo en Rusia. La historia del trineo con el zar es muy sospechosa [*], y la de Sudeikin, en cambio, muy clara [!]. Tenemos ganas de desearle a Alejandro, por telegrama, «felices fiestas».

¿Le ha enviado Tussy Marx «To-Day» y los últimos números de «Progress»? Si no, yo me encargaré. Estas cosas se hallan por completo al margen del movimiento de las trade unions, y hasta las sostiene una sociedad muy heterogénea. Bax es muy honrado, pero está todavía algo verde; Aveling es bueno, pero tiene poco tiempo para abrirse camino en la economía, que le es completamente ajena; Joynes, un quinto poco seguro (fue maestro auxiliar en la gran pensión de Eton, viajó con Henry George por Irlanda, fue detenido con él y perdió su puesto, así que busca dónde se puede hacer algo); y Hyndman, un ambicioso jefe de partido in partibus infidelium [%%], que busca primero un partido y entretanto manda en el vacío, por lo demás bastante inteligente. Lo mejor es reconocer los esfuerzos, sin identificarse con las personas. De todos modos, la aparición de «To-Day» y la transformación de «Progress» en una revista socialista, precisamente en este momento en que la miseria del East End de Londres comienza a hacerse escuchar, es de gran importancia. A esto se añade, en todo el país, una sobreproducción estancada que parece empujar ahora hacia la crisis. Las circunstancias son favorables, pero si las personas que han tomado el asunto en sus manos están a la altura de estas circunstancias, es cosa que habrá de verse. Que esta vez la cosa se pierda completamente en la arena, como tantas tentativas anteriores, es difícil.

Y basta. Hace tres meses que no escribía una carta tan larga. Cordiales saludos de Schorlemmer y míos a todos los amigos.

Suyo,

F. E.