en Zúrich

Londres, 8 de noviembre de 1883

Querido Bernstein:

Llevo unas semanas en cama para curarme una enfermedad crónica, en sí leve pero molesta y descuidada; dentro de unos días volveré a levantarme. De ahí mi silencio. Le ruego que me disculpe también ante Kautsky, de quien no sé si sigue en Stuckert.

El artículo sobre el derecho al trabajo fue muy bueno y muy oportuno. Kautsky ya me había bombardeado también por ello*, y estoy totalmente dispuesto, en cuanto sea necesario; pero creo que se debe dejar que esos señores se enreden un poco más todavía; que primero formulen de manera más precisa qué se imaginan bajo eso; nunca hay que impedir a la gente que exprese «plena y enteramente» su insensatez, solo entonces se obtiene algo verdaderamente palpable. Ojalá que su artículo mueva a esa gente a hacerlo.

Si a los alemanes de París no se les abren ahora los ojos por lo de Malon y Cía., no tienen remedio. Su abierta alianza con los traidores del movimiento obrero inglés, los representantes oficiales de las trade unions, les ha valido los aplausos de toda la prensa burguesa inglesa, desde el _Times_ y el _Daily News_ hasta el _Standard_. ¡Qué bien que Guesde y Lafargue refunfuñaran, para que esta joya pudiera desplegarse sin el menor estorbo!

A propósito. ¿Conoce usted a un tal Dr. Moritz Quarck (sic!) en Rudolstadt? Este sujeto, para mí completamente desconocido, se remite a un escrito, igualmente desconocido para mí, contra un tal Fleischmann aún mucho más desconocido, y quiere traducir al alemán la _Misère de la Philosophie_. Le tengo poca confianza.

Ahora, no deje de hacerme saber pronto algo de lo que pasa en el mundo; de tanto holgazanear en la cama me he vuelto tan torpe que ya no consigo hilvanar mis pensamientos. Suyo

F. E.