en París  

Londres, 19 de sept. de 1883  

Mi querida Laura:  

¡Por fin de vuelta de Eastbourne! Allí las circunstancias dificultaban, y casi hacían imposible, escribir cartas. Cuando llegaban pliegos de corrección —tres veces por semana—, mis acompañantes me dejaban ponerme a trabajar; pero se había acordado tácitamente que no pidiera más… y, en verdad, ¿cómo habría podido reclamar paz y sosiego en la única habitación de que disponíamos todos, sobre todo cuando a determinadas horas del día la sed de Pilsener los llevaba a entrar allí?  

Además, estaba ocupado con la traducción de prueba de Sam Moore, que en su mayor parte es muy buena y vivaz; el comienzo —un capítulo bastante difícil— requería, empero, mucha «atención», porque en la terminología no era lo bastante exacto, pero eso podía arreglarse fácilmente. A juzgar por lo que he visto, estoy firmemente convencido de que hará bien el asunto.  

También he empezado la revisión del folleto de Deville; eso requiere más trabajo, sobre todo al comienzo, donde es necesaria una gran precisión, de la que, sin embargo, carece aquí y allá. Pero ponerlo en orden no me supondrá ninguna dificultad; solo necesito para ello una o dos semanas. Mañana me pondré a trabajar en serio. Hasta donde he llegado, su trabajo me gusta mucho; lo ha entendido todo bien (salvo pequeños detalles) y está escrito con más viveza de la que yo esperaba.  

En cuanto termine con eso, empezaré con el tomo II de El Capital.  

Espero que hayas recibido mi tarjeta postal con los informes que me habías pedido. Salió un día después de la llegada de tu carta.  

Regresamos el viernes pasado; Pumps y Percy se quedaron aquí hasta el domingo, porque su casa no está en orden. Entre tanto, tuvimos una fuerte tormenta y lluvia espantosa en varios puntos de Londres, de modo que su sala de estar trasera quedó anegada. Por lo demás, están bien. El pequeño se desarrolla espléndidamente; ayer cumplió cinco meses y para su edad está extraordinariamente espabilado.  

Nim declara que tiene que reducir su ración de cerveza. Cree que la pone demasiado gorda.  

Esta mañana se pasó Lopatin; sus aventuras lo han hecho considerablemente más maduro. Enseguida estará otra vez aquí y comerá con nosotros. Dice que ha visto a Paul hace poco y que, dadas las circunstancias, lo encontró sano y bien.  

A Tussy no la he visto aún; supongo que no está en Londres; le escribí unas líneas, pero el domingo no vino. En cuanto Nim pueda, irá a verla.  

De mi pequeño folleto “Desarrollo”, etc., ya se han vendido dos ediciones; la tercera está en prensa. Esto demuestra, en todo caso, que no es demasiado difícil para la masa de los obreros en Alemania.  

Cuando esta carta llegue, Paul habrá ya «cumplido» dos tercios de su tiempo; espero que tampoco en los dos últimos meses, los más duros, deje caer el ánimo.  

De la 3.ª ed. de El Capital he leído la corrección hasta la página 448; si sigue a este ritmo, todo el texto estará listo en diciembre. Lamento que Mohr no haya vivido para ver lo bien que se está dando esta vez el asunto: ni retrasos, ni enfados con los impresores, la menor objeción se arregla enseguida, excelentes pliegos de corrección con muy pocas erratas. Leipzig parece que por fin, al menos en lo tocante a la impresión, se está convirtiendo en «un pequeño París». Ya era hora, y de sobra.  

Con esto cierro el saco de noticias varias, para despachar aún algunos pequeños asuntos antes de que llegue Lopatin. Muchos recuerdos para Paul, a ti un beso cariñoso.  

Con afecto,  
Le général pour rire