en Zürich

4, Cavendish Place, Eastbourne
27 de agosto de 1883

Querido Bernstein:

Le incluyo un giro postal por £4 para el viejo Becker. Sigo esperando que la noticia, como no es la primera vez, haya sido exagerada por su familia. Pero ciertamente, es muy viejo, ha pasado mucho, y la señora Lafargue me dijo que el año pasado en Ginebra había envejecido notablemente en su aspecto, en comparación con su robusta presencia en La Haya.

Tampoco puedo escribir mucho hoy. El correo sale de aquí a la 1 del mediodía, y junto a mí está el pliego 19 de “El Capital” para corregir, que también ha de irse.

Muchas gracias por su propuesta acerca de Kaler-Reinthal, pero desgraciadamente no puedo hacer uso de ella. Con excepción de pequeñeces, todos mis trabajos extra son de tal índole que tengo que hacerlos yo mismo. Y lo que en todo caso podría endosar, sería únicamente a un hombre que hable inglés con soltura, conozca al dedillo Londres y las circunstancias de aquí, y pueda ahorrarme gestiones.

Permaneceré aquí hasta aproximadamente el 12 de septiembre, durante ese tiempo vale la dirección arriba indicada, después de nuevo Londres.

Aquí, aparte de la corrección y la correspondencia atrasada, hay que atender:
1. el manuscrito de Deville, la popularización francesa de “El Capital”,
2. un manuscrito, parte de la traducción inglesa, ambos muy necesitados de revisión.

Como ve, tampoco aquí hay descanso. Por fortuna vivo muy cerca del mar y me siento junto a la ventana abierta, por la que entra el aire marino.

He sentido mucho que no haya venido usted por aquí. Habría tenido no pocas cosas que discutir con usted. En todo caso hay que estar preparados para que una parte del legado de Marx tenga que aparecer en el extranjero, y sobre esto sólo usted puede comunicarme o sugerirme algo útil; pero ha de tratarse de palabra, la correspondencia sería interminable. Le ruego, empero, que no diga nada de esto, para que la gente de la imprenta de ahí no se haga vanas ilusiones; mis experiencias con imprentas del partido son tales que me lo pensaría mucho antes de confiar a una de ellas un trabajo grande e importante.

Conservo aquí el giro postal, pues en él se indica expresamente que de nada le sirve al destinatario. He puesto su dirección de memoria: 137 antigua Landstraße Riesbach; si es incorrecta, le ruego la rectifique en la oficina central de correos de Zúrich.

La propuesta acerca del descarado manuscrito era más bien una broma de mal gusto. Bajo la ley de excepción contra los socialistas, y mientras el “Sozialdemokrat” sea el único órgano posible, de ningún modo deben arrojarse manzanas de discordia en el partido por semejantes puntos secundarios, y eso ocurriría si se quisiera hacer de este punto una «cuestión de principio».

En el tratamiento de la «república», especialmente en Francia, me parece que el punto de vista principal no se destaca con suficiente claridad en el “Sozialdemokrat”; a saber, éste:

En la lucha de clases entre proletariado y burguesía, la monarquía bonapartista (cuyas características desarrolló Marx en “El 18 Brumario” y yo en “Contribución al problema de la vivienda”, II, y en otros lugares) desempeña un papel análogo al de la vieja monarquía absoluta en la lucha entre feudalismo y burguesía. Pero así como aquella lucha no pudo librarse bajo la vieja monarquía absoluta, sino sólo en la constitucional (Inglaterra, Francia de 1789-92 y 1815-30), así la lucha entre burguesía y proletariado sólo puede librarse en la república. Por consiguiente, si las condiciones favorables y una prehistoria revolucionaria han ayudado a los franceses a derribar a Bonaparte y a instaurar la república burguesa, los franceses tienen sobre nosotros, que estamos metidos en una mezcolanza de semifeudalismo y bonapartismo, la ventaja de poseer ya la forma en que la lucha ha de librarse hasta el fin, y que nosotros tenemos que conquistar primero. Nos llevan una etapa entera de ventaja política. Por tanto, una restauración monárquica en Francia tendría como consecuencia que la lucha por el restablecimiento de la república burguesa volviera a ponerse al orden del día; en cambio, la persistencia de la república significa una agudización creciente de la lucha de clases directa y sin disfraces entre el proletariado y la burguesía, hasta la crisis.

Entre nosotros, el primer resultado inmediato de la revolución, por lo que toca a su forma, tampoco puede ni debe ser otra cosa que la república burguesa. Pero aquí no es más que un breve momento de transición, ya que afortunadamente no tenemos un partido burgués puramente republicano. La república burguesa, quizás con el Partido Progresista a la cabeza, nos servirá en un primer momento para conquistar a las grandes masas obreras para el socialismo revolucionario; esto se habrá despachado en uno o dos años y servirá para el desgaste a fondo y la autorruina de todos los partidos intermedios que, fuera de nosotros, todavía sean posibles. Sólo entonces podremos llegar nosotros al turno con éxito.

El gran error de los alemanes es imaginarse la revolución como una cosa que se despacha de la noche a la mañana. En realidad, es un proceso de desarrollo de las masas que dura varios años, bajo circunstancias aceleradoras. Toda revolución que se despachó de la noche a la mañana no hizo más que eliminar una reacción ya de antemano sin esperanza (1830) o condujo directamente a lo contrario de lo pretendido (1848, Francia).

Vuestro
F. E.

¿Qué le dice a usted lo siguiente:

«El último número llamado rojo de la “Rheinischen Zeitung” (tercera edición) del 19 de mayo de 1849, que publicó en su primera página la despedida de la “Neue Rheinische Zeitung” por F. Freiligrath, ha sido nuevamente confiscado por la policía en estos días. Un chamarilero había comprado como papel de desecho una cantidad de ejemplares de este número final y de despedida del órgano de la democracia de entonces, y los vendía a 10 pfennigs el ejemplar. La policía puso fin al asunto confiscando los pliegos que aún estaban en poder del vendedor. Si la confiscación se hizo considerando que toda la miserable impresión en rojo pálido del periódico había de resultar perjudicial a los ojos de los lectores, el público podrá dar las gracias a la policía; el texto difícilmente podría hoy excitar ánimo alguno.»