en París

4, Cavendish Place, Eastbourne
19 de agosto de 1883

Mi querida Laura:

¡Por fin fuera de Londres!!! En cuanto vi claro, envié a Percy (¡el miércoles pasado!) aquí para que echara un vistazo a las habitaciones. Hizo bien su tarea y encontró —no sin dificultades— un excelente alojamiento. Junto al paseo marítimo, frente al muelle, bonitas habitaciones, no más sol del que uno desea, hermosa vista al mar, buena cocina; lo único que lamentamos es que no pudieras venir con nosotros, pues, por cuestión de tiempo, no se pudo arreglar. El viernes llegamos aquí: Pumps, los bebés y la niñera, Nim, Jollymeier (quien de nuevo se encontraba algo indispuesto, pero que aquí se repuso al punto y pronto nos dejará) y yo. ¡Niebla auténticamente escocesa a la llegada, y toda la noche, con interrupciones, llovizna, muy alentador! Pero al día siguiente, tiempo espléndido, de modo que pudimos pasear bajo los árboles y enseñar a Nim un poco el lugar. Hoy, domingo, hermosa mañana, pero se está poniendo nebuloso; tenemos que tomarlo tal como venga; en cualquier caso, el lugar se muestra hasta ahora completamente distinto de la última vez que estuvimos aquí, que fue lluviosa. Se ha construido inmensamente; el barrio residencial de la ciudad casi se ha duplicado; todos los campos en dirección a Beachy Head y una gran parte de la ladera han sido edificados. La cerveza Pilsen está muy cotizada y es incluso mejor que en Londres. Nim y Pumps opinan que aquí todo es más barato y mejor que en casa.

El aborto de Emily Rosher murió ayer hace una semana; fue lo mejor que pudo hacer.

He escrito inmediatamente a Deville, acusando recibo de su manuscrito. Al mismo tiempo, o poco después, recibí también la traducción de Sam Moore; así que, aparte de mis colosales deudas epistolares, aquí tendré que despachar un montón de cosas.

El lugar está muy concurrido, pero la gente parece moverse «más libre y despreocupadamente» que antes. Incluso el domingo por la mañana, el sombrero de copa desempeña solo un papel muy modesto, y se anda por casi todas partes vestido «de sport».

Ahora mismo irrumpe toda la compañía, terriblemente sedienta, Jollymeier tiene que abrir la cerveza Pilsen, y comprenderás que no tiene sentido luchar contra los obstáculos que se alzan ante mí y que ponen coto no solo a la correspondencia racional, sino también a la irracional. Acaban de abrir la segunda botella, la niñita se arrastra entre mis piernas, y así es que desisto desesperadamente. Toda la compañía te envía cariñosos saludos, y también a Paul, cuyo medio día libre celebraremos pasado mañana con una ronda extra de Pilsen.

Nim te manda decir textualmente que tengas «bien presente su felicidad, pues espera alcanzarla pronto».

Y en estos términos quedo, querida Laura, con el más sincero afecto,

tuyo,
F. Engels