en París

Mi querida Laura:                                              Londres, 24 de junio de 1883

Cuando hablaste de que en Vevey te habías enterado de las intenciones y deseos del pobre Mohr —fue en relación con disposiciones de carácter más o menos testamentario—, deduje naturalmente que aludías a cosas semejantes.⁷⁷ Dado que esas disposiciones también podían referirse a deseos sobre lo que había de hacerse con algunos recuerdos de vuestra mamá, etc., libros y cosas por el estilo, y puesto que ahora tenemos que tomar una decisión y Tussy, además, parece temer la responsabilidad de obrar según su propio criterio, consideré mi deber más elemental informarte para que, si tuvieras algo que comunicar, pudieras hacerlo a tiempo.

Tras la muerte del pobre Mohr, Tussy, a pregunta mía, me comunicó que él le había dicho que ella y yo debíamos disponer de todos sus escritos y publicar lo que hubiera que publicar, en especial el 2.º tomo¹⁸² y los trabajos matemáticos¹⁸³. La 3.ª edición alemana¹ se está preparando, y yo también me ocupo de ella. Si quieres saber con exactitud lo que dijo Mohr, Tussy te lo comunicará sin falta si se lo pides.

Hablamos de estas cosas cuando Paul estuvo aquí, y él lo recordará sin duda.

De la expresión ejecutores literarios¹⁸⁴ soy el único responsable. No pude encontrar otra entonces, y si con ello te he ofendido en modo alguno, te pido mil perdones.

No entiendo en qué pueda ofenderte esa disposición. El trabajo tiene que hacerse aquí, sobre el terreno. El trabajo propiamente dicho —tú lo sabes tan bien como Tussy— tendré que hacerlo yo en su mayor parte. Pero, puesto que una hija de Mohr vive en Londres, me parece natural que Mohr tuviera el deseo de que ella me apoyara en la medida de sus posibilidades en el trabajo. Si tú hubieras vivido aquí en lugar de en París, nos habrían designado a los tres, no cabe la menor duda.

Pero hay aún otro punto de vista. Según la ley inglesa (según nos ha explicado Sam Moore), Tussy es la única representante legal de Mohr en Inglaterra. O, mejor dicho, la única que puede llegar a ser su representante legal cuando se haga expedir los documentos de habilitación de herederos. Eso tiene que hacerlo el pariente más próximo que viva en Inglaterra, es decir, Tussy, a menos que ella renuncie y proponga a otra persona, que sin embargo también ha de residir en el Reino Unido. Con ello, también yo quedo excluido jurídicamente. Por los más diversos motivos, hay que hacerse expedir esos documentos de habilitación de herederos.

De los planes que Mohr discutió contigo en Vevey no sabía yo, naturalmente, nada en absoluto, y solo lamento que no vinieras para acá después del 14 de marzo; entonces nos habríamos enterado y, en lo posible, nos habríamos atenido a ellos. En cuanto al asunto de la traducción inglesa²: nos enteramos (tanto por S. Moore como por Meißner) de que no tenemos derecho a impedir a nadie la publicación de una traducción no autorizada.² Ese derecho existe a lo sumo durante tres años después de la primera publicación y caducó definitivamente en 1870. Pero varias personas andaban metidas aquí en el asunto, y el editor Reeves, que tenía buena intención pero era pobre y sin experiencia comercial, el menos deseable de todos, dijo a Radford que había encontrado un traductor y que publicaría su traducción. No había tiempo que perder. Teníamos que encontrar a alguien dispuesto y también capaz de hacer el trabajo, y solo entraban en consideración S. Moore y, como editor, K. Paul y Cía. Los dos entablaron correspondencia, luego se reunió Tussy con K. Paul, luego yo. Aún no se ha decidido nada, pero es muy probable que lleguemos a un acuerdo. Ahora solo queda preguntar: en las nuevas circunstancias, ¿te encargarías tú de la traducción y la terminarías en un plazo fijado, digamos en unos 6 meses?

En lo que respecta a la historia de la Internacional, por mi parte estoy, naturalmente, dispuesto a entregarte a tal efecto todos los documentos, etc., concernientes a la Internacional. Cierto es que yo tenía la intención de escribir una biografía detallada de Mohr, y si te llevas esos documentos, el proyecto se irá a pique. La vida de Mohr sin la Internacional sería como un anillo de diamantes al que le hubieran arrancado la piedra preciosa.

A Tussy no le he dicho nada de tu carta, porque no quiero interponerme en modo alguno entre dos hermanas. Si quieres por tanto alguna explicación de ella, escríbele por favor directamente. Pero creo que lo mejor que puedes hacer es venir para acá, a fin de aclarar la cosas conjuntamente. Tú sabes muy bien que yo no quiero más que atender tus deseos en todo cuanto sea posible y bajo todo punto de vista. Y lo mismo hago con Tussy. Si quieres que tu nombre aparezca junto a los nuestros en el trabajo común, si quieres participar en ese trabajo y se encuentran vías para hacerlo, yo no podría sino alegrarme. De todas formas, necesitaremos tu apoyo con la frecuencia suficiente para informarnos, etc., y nada nos dificultaría más el trabajo que nuevos malentendidos entre Tussy y tú. Todo lo que pretendemos es perpetuar de manera digna la memoria de Mohr, y lo primero será, y tiene que ser, la publicación de su legado póstumo. Contribuyamos con todas nuestras fuerzas a alcanzar ese fin.

La única persona con la que he hablado de este asunto es Nim, y ella es por entero de la opinión que he expresado más arriba.

Nuestros dos mártires⁴ parecen felices y muy satisfechos, y hasta temen que Grévy pueda poner fin a su cautiverio¹⁸⁵ el 14 de julio. ¡Qué sentencia tan infame la dictada contra Louise Michel! Afortunadamente, nadie sabe quién gobernará Francia dentro de unos años. Una bomba entre las piernas de Alejandro III y todas las puertas de las cárceles de Europa y Asia —exceptuadas las irlandesas— saltan por los aires.

Pero basta ya. Tengo que leer el 4.º pliego de pruebas de la 3.ª edición, que llegó aquí el sábado³, y me he comprometido a devolverlo en 48 horas. Luego he de trabajar en las modificaciones para la 3.ª edición (terminadas hasta la página 404), en parte según un ejemplar con modificaciones de Marx, en parte según la edición francesa; hay que hacerlo deprisa para no dar ningún pretexto de retraso. Nada más por hoy.

Con sincero afecto, siempre

tuyo
F. Engels

¹ del primer tomo de “El Capital”

² de “El Capital”

³ “Sonnabend” (sábado) en el texto.