en Zürich

Londres, 12 de junio de 83

Querido Bernstein:

Son las once y media de la noche, y acabo de leer y despachar la revisión del segundo pliego de la 3ª edición de “El Capital” (tarea nada pequeña), y así quiero aprovechar el resto de la velada para empezar al menos una carta para usted.

En lo tocante a los asuntos internos, ya en el acta 52! leí bastante entre líneas y poco después B[ebel] me dio una breve aclaración. Ya hacía tiempo había escrito a B[ebel]: la ruptura con los calzonazos del ala derecha tenía que llegar al final, pero, en mi opinión, no era interés nuestro forzarla antes de que estuviéramos de nuevo en condiciones de tratar directamente con las masas; es decir, no mientras exista la ley contra los socialistas.!?! Si nos obligan a ello, entonces hay que procurar que sean ellos los que se rebelen contra la disciplina de partido, no nosotros, y aun así tendremos ganada la partida. Y se les podría llevar a ese punto si no quieren estarse quietos. En cuanto a Liebk[necht], hará todo lo posible por aplazar la crisis, pero cuando llegue y se dé cuenta de que ya no puede posponerse, estará en el lugar adecuado.

He de ser breve, pues tengo mucho que hacer:

1. ordenar el legado, para lo cual he de hacerlo casi todo yo solo, pues nadie salvo yo conoce los viejos papeles, y es un montón colosal y en hermosa desorden. ¡Falta no poco, muchos paquetes y cajas aún sin abrir!

2. encargarme de la 3ª edición, con diversas modificaciones y algunos añadidos de la edición francesa. Y además leer la revisión.

3. explotar la perspectiva que se ofrece de una traducción inglesa! —hoy he estado, por ese motivo, en casa de un gran editor local? — y luego revisar la traducción personalmente (Moore, que la hará, es excelente, un amigo nuestro de 26 años, pero torpe).

4. cotejar las 3 o 4 reseñas del comienzo del tomo II y prepararlas para la imprenta, y además pasar a limpio todo el tomo II.

5. de cuando en cuando, irme de taberna una semana con Schorlemmer, quien ayer regresó a Manchester —siempre se trae trabajo, ¡pero, oh cielos!

¡Voilà la vie!

El burro de la “Vossische” (me han enviado cuatro veces!! el engendro) parece haber causado, ciertamente, en la buena Alemania, mucha cuita por el cuitado Marx. Quizá, cuando algún día esté de muy buen humor, le dé una patada. Si estos bueyes tuvieran ocasión de leer la correspondencia entre Mohr y yo, se les pasarían las ganas de oír y de ver. La poesía de Heine es una niñería al lado de nuestra prosa desvergonzada y riente. El Mohr podía enfurecerse, pero dar en tristezas, ¡jamais! Yo me he revolcado de risa al releer aquellos viejos papeles. Esta correspondencia, por lo demás también memorable históricamente, irá a parar, en la medida de mis fuerzas, a las manos debidas. Lamentablemente, solo tengo las cartas de Marx desde 1849, aunque esas las tengo completas.

Adjunto va un fragmento del borrador original del final del “Manifiesto Comunista”, que querrá usted guardar como recuerdo. Las dos líneas superiores son dictado, escritas por la señora Marx.!

El poema de Weerth que adjunto se lo habría enviado a tiempo para el folletín, si no hubiera usted hecho que su carta llegara con 12 horas de retraso —, así que tuve que esperar a ver si usted imprimía el folletín tel quel.!] Puede usted colocarlo en otro lugar. Todas las cosas de Weerth son ya, por oposición al solemne Freiligrath, irónicas y humorísticas. Allí nunca se habla de “Ernscht”.

En lo tocante a la supresión de la ley contra los socialistas, en Alemania la gente ve siempre lo más inmediato. Al defraudar Alejandro III a Rusia en Moscú con su proclama, tanto como Federico Guillermo IV defraudó a los prusianos en 1840!?”! (y allí las cosas están mucho más candentes), ha hecho más por ello que todos los Geiser, Blos y consortes con sus lloriqueos juntos. Si una buena mañana le vuelan los huesos a tiros, y eso seguro que le ocurre, entonces todo el régimen interior de Bismarck no vale ni dos peniques. Entonces sonará la flauta por otro agujero. Incluso si el viejo Guillermo se limitara —y no me refiero a W. Blos—$ a morirse, se producirán cambios necesarios. Las gentes de hoy nunca han vivido, ni pueden imaginarse, de lo que es capaz un príncipe heredero envejecido en una situación que entre tanto se ha tornado revolucionaria. Y encima un mentecato tan vacilante e irresoluto como “nuestro Fritz”. Sí, ni siquiera es imposible que el desquiciado gobierno francés se meta en tal camorra con todo el mundo que provoque algo violento en París. Túnez, Egipto, Madagascar, Tonkín, y ahora hasta pretenden disputar a los ingleses unas islas rocosas de la costa normanda que no tienen ni 50 habitantes. Solo espero que en París no estalle nada, porque la necedad que reina en las masas allí solo es superada aquí en Londres.

Y, entretanto, el cándido Bismarck trabaja para nosotros como seis camellos. Su novísima teoría de que la constitución del Reich no es más que un contrato entre los gobiernos, que podrían sustituir a diario por otro sin consultar al Reichstag, es, desde luego, un bocado exquisito para nosotros. Que lo intente nomás. Aparte, el evidente encaminamiento hacia el conflicto, sus estúpidos e insolentes Bödiker y compañía en el Reichstag..., todo eso es agua para nuestro molino. Ahora bien, con ello cesa la frase, adecuada casi solo para la declamación (o bien para una situación realmente revolucionaria), de la “masa reaccionaria única”. Pues en eso consiste precisamente la broma histórica que trabaja para nosotros, en que los diversos elementos de esta masa feudal y burguesa se desgastan unos a otros, camorrean, se devoran mutuamente en beneficio nuestro, formando así justamente lo contrario de una masa uniforme, con la que el majadero se imagina haber despachado cuando los llama “reaccionarios” a todos. Al contrario. Todos estos diversos perros canallas tienen primero que destrozarse unos a otros, arruinarse por completo y desacreditarse, preparándonos así el terreno al demostrar su incapacidad, una ralea tras otra. Uno de los mayores errores de Lassalle fue que en la agitación echó completamente en olvido la pizca de dialéctica que había aprendido de Hegel. Ahí siempre veía un solo lado, exactamente igual que Liebk[necht], y como este por razones casualmente veía el lado correcto, al final llevó ventaja al gran Lassalle.

Lo único fastidioso del actual movimiento burgués alemán es precisamente que esas gentes no forman más que “una masa reaccionaria”, y eso tiene que acabar. No podemos avanzar hasta que al menos una parte de la burguesía se vea empujada al lado de un movimiento real —sea por acontecimientos internos o externos. Por eso ya estamos hartos del actual régimen de Bismarck, por eso él solo puede sernos útil mediante un conflicto o abdicación, y por eso ya va siendo hora de que la ley contra los socialistas sea eliminada por vía medio revolucionaria o totalmente revolucionaria. Todos los debates acerca de si uno se deshace solo del “pequeño” (9 o de toda la ley, o si se agrava el código penal ordinario, me parecen debates sobre la virginidad de María in partu y post partum. Lo que decide son las grandes circunstancias políticas internas y externas; y estas cambian, no permanecen como hoy. En Alemania, en cambio, se examina el caso solo bajo el supuesto de que las actuales condiciones alemanas son eternas. Y de forma paralela discurre la idea, engarzada en la masa reaccionaria única, de que si se subvierten las condiciones actuales, nosotros llegamos al timón. Eso es un disparate. Una revolución es un proceso prolongado, cf. 1642-46 y 1789-93; y para que las condiciones maduren para nosotros y nosotros para ellas, todos los partidos intermedios tienen que ir llegando al poder por turno y hacerse añicos. Y luego llegaremos nosotros..., y quizá también nos den una paliza pasajera. Aunque, en el curso normal de las cosas, no lo considero muy posible.

Hoy he enviado a “Volksbuchhandlung, Hottingen-Zürich”, en porte debido por Continental Parcels Express (corresponsal de la paquetería alemana y suiza), un paquete con las fotografías encargadas?, factura adjunta. De ese dinero, retenga usted las £1,7 allí, en cuenta a mi favor, contra fr. 4 por schnäpse enviados, suscripciones, etc. (si al remitir el resto resultase más cómodo cargar algo de más o de menos, naturalmente, all right). Aquí quedan todavía 500 cartes y 280 cabinets; el que primero encarga, primero se le sirve. Aunque, aparte de Dietz, hasta ahora no tiene usted competidor. Todo lo que me echan encima puede usted verlo por el hecho de que hoy he tenido que encargarme personalmente, en cada detalle, del control y reempaquetado de las fotografías para usted y para Dietz, así como del envío a la oficina (2¼ millas inglesas de aquí). ¡Y en esas condiciones, ponerse a trabajar!

El tal Borde es un burro que conocemos desde hace años; en casa de M[arx] hay alrededor de 100 de sus fascículos enviados, sin abrir. ¡Envíelo al diable!

A Suiza no iré hasta que las rutas continentales sean más seguras. Ni siquiera era seguro que Marx hubiera podido viajar este verano sin ser molestado a Francia o a través de Francia. Una vez expulsado, uno está listo, a menos que se avenga a dar pasos que yo no puedo dar. Esto lo conozco bien.

Por lo demás, no me fastidia usted en absoluto con los asuntos internos. Uno en el extranjero nunca puede saber lo bastante sobre los detalles de semejantes luchas intestinas del partido obrero europeo, pese a todo dirigente. Y el amigo L[iebknecht] me lo mantiene todo en secreto por principio; sus informes son todos color de rosa, arreboles de aurora, azul celeste y verde esperanza.

Por el aniversario de la batalla de junio del 48, le envío el artículo de la “N[eue] Rh[einische] Ztg.” de Marx!!, el único en toda la prensa europea que tomó partido por los insurrectos cuando ya habían caído.

Un cordial saludo.

Suyo
F. E.

13 de junio de 83

¿Cree usted que ha llegado el momento de imprimir en el folletín del “S[ozial-]D[emokrat]” un trabajo enormemente desvergonzado de M[arx] y yo de 1847, en el que se vapulea a los “verdaderos socialistas”, que ahora también tienen escaño en el Reichstag? Es lo más insolente que se ha escrito jamás en lengua alemana.