en París

Mi querida Laura, Londres, 22 de mayo de 1883

No había olvidado, como supone Paul, su billete de cinco libras, pero como Sam Moore estaba aquí, no tuve un momento libre para despachar el asunto y echar la carta al correo. Ayer tarde Sam regresó a Manchester, y el billete habría salido hoy de no haber llegado la carta de Paul con instrucciones modificadas para mí. Adjunto el cheque por £ 10.14 s. 8 d.

Así que, mientras escribo esto, ¡ce cher Paul es un prisionero! Justo a esta hora (5.45) no puede recibir visitas, y ahora puede discutir con toda calma y sosiego con Guesde las posibilidades de la révolution révolutionnaire. El domingo pasado bebimos una espléndida ponchera de maitrank a su salud y le deseamos mucho ánimo y paciencia.

Hace tiempo que vengo pensando que tal vez podrías aprovechar el retiro involuntario de Paul para venir a Londres, y te habría puesto inmediatamente a tu disposición todas las habitaciones del número 122 de Regent’s Park Road; pero, por todo lo que había oído, temía herir ciertos sentimientos con semejante propuesta. Incluso Nim, a su regreso, no dejó caer una sola palabra acerca de que hubieras hablado de mostrar tu rostro risueño en este clima sombrío; y cuando Paul escribió que te esperaba cada mañana en Sainte-Pélagie para almorzar juntos, perdí completamente el ánimo. Pero ahora todo está en orden, y espero tener pronto noticias tuyas de que aceptas mi invitación de establecer aquí tu cuartel general por lo menos durante dos meses, lo cual no excluye, naturalmente, excursiones al mar, etc. Si Paul tiene que estar entre rejas, tanto más debes pensar tú en tu propia salud.

Cuando Sam estuvo aquí, supimos por él el hecho, muy desagradable, de que Mohr nunca tuvo derecho —ni nosotros lo tenemos— a impedir traducciones no autorizadas de *El Capital*. El derecho se perdió al transcurrir el primer año sin que se hubiera publicado el comienzo de una traducción*. Puesto que ahora hay varias personas metidas en el juego, tendremos que actuar con astucia y utilizar el inédito tomo II como medio para engatusarlas.

El tomo II me va a dar un trabajo enorme —por lo menos el libro II. Hay un texto completo, aproximadamente de 1868, pero no es más que un borrador (brouillon). Luego existen por lo menos tres, si no cuatro, revisiones procedentes de diversos períodos posteriores, pero ninguna de ellas está completa. ¡No será tarea fácil seleccionar a partir de ahí un texto definitivo! El libro III está terminado desde 1869/70 y no ha vuelto a tocarse desde entonces. Pero allí donde se trata la renta del suelo, tendré que cotejar sus extractos rusos a causa de las notas, los hechos y los ejemplos. Tal vez pudiera incluso ensamblar una parte del tomo III a partir del manuscrito de 1858/62 (cuyo comienzo apareció en Berlín en 1859), que contiene al final de cada capítulo la historia crítica de los puntos teóricos examinados en cada caso.

En estos últimos tiempos he estado ocupado ordenando la correspondencia. Hay un gran cajón con cartas muy importantes, de los años 1841 (o más bien de 1837, de tu abuelo Marx [Heinrich Marx]) hasta 1862. Están casi ordenadas, pero todavía necesitaré bastantes horas para dejar el asunto completamente despachado. Puedo asegurarte que me causa gran placer hurgar en estas cosas viejas, la mayoría de las cuales me conciernen tanto como a Mohr, y hay tantas que me hacen reír. Nim me ayuda —¡hay que sacudir una cantidad terrible de polvo!—, y reímos muchas veces de corazón recordando los tiempos pasados. La correspondencia a partir de 1862 ya la ordenó él mismo bastante bien. Pero antes de que hayamos escudriñado todos los secretos de la buhardilla, que está llena de cajones, paquetes, paquetitos, libros, etc., pasará todavía algún tiempo. Y aún tengo que incorporar a la 3ª edición diversos complementos de la traducción francesa, de los cuales sé que Mohr quería insertarlos; y esto tiene que estar despachado en 3 o 4 semanas.

Pero ya está a punto de cerrarse el correo. Adiós por hoy.

Con afecto, tu F. Engels