en París

Londres, 11 de abril de 1883

Mi querida Laura:

Naturalmente, soy de tu misma opinión: que Paul debe visitar a su madre, y se lo he dicho repetidas veces y desde hace años. En lo tocante a los gastos extraordinarios, no pueden ser elevados, y puedo procurároslos rápidamente si recibo aviso a tiempo. Ciertamente, Paul, en caso de que las cosas sean como tú las describes, habrá de proceder con mucha diplomacia si no quiere perjudicarse a sí mismo; no hay que granjearse como enemiga a esa «hermana cristiana y misericordiosa»: ella está siempre allí y Paul no, y una vez que se le haya despertado la suspicacia, seguro que no descansará hasta haber inducido a la anciana señora a hacer un testamento que llevará el cuidado de sus intereses hasta el límite extremo de lo legalmente permitido. Con esto, creo, queda despachado este punto: tú tendrás que ocuparte de que se lleve a la práctica.

Todos nosotros nos hemos reído de corazón al leer tu relato sobre las aventuras de Argenteuil. ¡Es muy propio de él, de principio a fin! Hoy hace una semana, Tussy le envió una carta muy categórica: ¿cuándo vendrá el chico? Ninguna respuesta. *Il est toujours en train de réfléchir*.

Paul será condenado a seis meses por lo menos. Cuando estuvo aquí, le aterraba mucho la idea, y divirtió sobremanera a Liebknecht con su *horror carceris*. Pero si ahora no empieza en serio a aprender alemán, no tendré más remedio que considerarlo un *enfant gâté*. ¡Figúrate!, me escribe que quiere aprenderlo — «*comme vous le dites très bien (!) il pourra (!) devenir nécessaire que je le sache pour des traductions*» [«puede llegar a ser necesario que lo sepa para traducciones»]. ¡Como si la profundización de sus propios conocimientos, por espléndidos que puedan ser, no dependiese por entero de la lectura de determinados textos alemanes, publicados e inéditos! ¡Se alegra de la próxima publicación del segundo tomo de *El Capital*, pero acaso estará en condiciones de leerlo siquiera!

Si madame Gendre traduce el *Manifiesto* al francés y me entrega la traducción para que la revise (tú sabes que no es ningún juego de niños), le escribiré un prefacio adecuado que explique las circunstancias históricas, etc. Pero como apenas sé nada de esta señora, de momento me veo obligado a decir que no a la revisión y al prefacio. No tengo derecho a impedir ninguna iniciativa suya en ese sentido. Esto, *notabene*, concierne a Paul. Y lo mismo lo siguiente: no sé de qué discurso de Giffen escribe, ni dónde se ha publicado.

Pumps sigue todavía «en estado de buena esperanza», o al menos lo estaba ayer por la noche. La madre de Percy le dijo hace poco que, en un caso así, realmente debería estar un poquito mejor informado.

Jollymeier está aquí por unos días. Desde entonces (así como algunos días antes de emprender su viaje hace 10 días), cada noche pasea un policía delante de casa arriba y abajo, cuando yo suelto a Carlo hacia las 12. Estos necios creen, por lo visto, que fabricamos dinamita, mientras que en realidad charlamos sobre whisky.

Saludos cordiales de él y míos para los dos.

Con afecto, tuyo,
F. Engels