Tu carta ha provocado aquí una estrepitosa carcajada. Todo aquel que conoció al Mohr en la intimidad de su casa y en el círculo íntimo sabe que allí nunca se le llamó Marx ni siquiera Karl, sino únicamente Mohr, así como cada uno de nosotros tenía su apodo, y donde los apodos cesaban, cesaba también la más estrecha intimidad. Mohr era su apodo desde la universidad, y en la «Neue Rheinische Zeitung» se le llamaba siempre el Mohr. Si le hubiera llamado de otro modo, habría creído que ocurría algo que había que arreglar.

Tuyo,
F. Engels

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