en Ginebra

Londres, 15 de marzo de 1883

Querido viejo:

¡Alégrate de haber visto a Marx aún el otoño pasado!!⁽⁾, no volverás a verlo. Ayer a las 2:45 de la tarde, apenas dejado solo dos minutos, lo encontramos dulcemente dormido en el sillón. La cabeza más poderosa de nuestro partido había cesado de pensar, el corazón más fuerte que jamás he conocido había dejado de latir. Probablemente se había producido una hemorragia interna.

Los dos somos ahora casi los últimos de la vieja guardia de antes del 48. Pues bien, permanecemos en la brecha. Las balas silban, los amigos caen, pero eso no lo vemos nosotros dos por primera vez. Y si a uno de nosotros lo alcanza la bala — también está bien así, con tal de que dé en el sitio justo y no se agite uno largo rato. |

Tu viejo camarada de guerra

F. Engels