en Zúrich

Londres, 14 de marzo del 83

Querido Bernstein:

¡Mi telegrama! lo habrá recibido usted. La cosa sobrevino con terrible rapidez. Tras las mejores perspectivas, repentino colapso de las fuerzas esta mañana, luego simple adormecimiento. En dos minutos esta cabeza genial dejó de pensar, y precisamente en el momento en que teníamos las mejores perspectivas, alentados por los médicos. Lo que este hombre valía para nosotros en el plano teórico y, en todos los momentos decisivos, también en el práctico, solo puede imaginárselo quien haya estado a su lado de continuo. Sus grandes puntos de vista desaparecerán de la escena con él durante años. Son cosas para las que nosotros, los demás, no estamos a la altura. El movimiento sigue su curso, pero echará en falta la intervención serena, oportuna y ponderada que hasta ahora le ha ahorrado más de un extravío prolongado.

Más en breve. Ahora son las 12 de la noche, y he tenido que pasar toda la tarde y la velada escribiendo cartas y corriendo tras toda clase de asuntos.

Suyo,

F. E.