en París

Londres, 10 de marzo de 83

Mi querida Laura:

Como no he recibido carta de Paul esta mañana, supongo que con este tiempo de heladas y nieve y vientos del este no tienes demasiada prisa por venir a Londres. Si a pesar de ello te decidieras a venir, todo está preparado para ti.

Donkin vio a Mohr anoche y me alegra poder decir que dio un informe mucho más favorable sobre su estado de salud que hace catorce días. Dijo que a Mohr no le va en ningún caso peor, sino, si es que puede hablarse de ello, mejor que recientemente; y si logramos hacerle pasar los próximos dos meses, habría buenas perspectivas de ponerlo de nuevo en pie. Naturalmente, sigue debilitándose, porque la deglución le causa dificultades, pero tenemos que obligarle a comer y beber. Esto es lo que Tussy me comunicó anoche en una postal y lo que Nim me contó hoy; veré a Tussy esta noche, y si hay más detalles que conocer, volveré a escribir de inmediato. La úlcera en el pulmón, en su opinión, evoluciona en este momento de manera muy favorable. Los sudores nocturnos han disminuido en las últimas 4 (o 5) noches, pero en cambio durante el día aparece una cierta febrilidad, que naturalmente también le debilita.

Me dio «Le Prolétaire» y la respuesta del comité de Guesde, así como el primer número de «Citoyen et Bataille», que he de guardar para él. El ejemplar enviado por Paul puede, por lo tanto, utilizarse con los demás para Zúrich. De este modo, afortunadamente, la parte administrativa del asunto puede resolverse esta vez; pero en el estado de salud actual de Mohr, cuando él está en posesión exclusiva de los materiales, no siempre se puede contar con ello.

Estos ex bakuninistas Malon y Brousse son una pandilla vil y miserable. Una falsificación tan desvergonzada bastaría en cualquier lugar fuera de París para hacerlos enmudecer para siempre. ¿Pero sabe uno cuántos miles de votos del «ouvrier manuel» no atraerá, dado el enorme influjo de la phrase sobre los parisinos? Enfin, espérons le mieux.

Saludos cordiales a Paul.

Con sincero afecto, tu

F. Engels