en Leipzig

Londres, 7 de marzo de 1883

Querido Bebel,

Hoy tengo que responderte de memoria, pues tu carta debe de seguir aún junto a Marx, pero quiero felicitarte de inmediato por tu puesta en libertad de pasado mañana.¹ ²

Los rápidos progresos de la industria en Alemania que me describes me alegran enormemente. Ahora estamos pasando, en todos los sentidos, por el segundo Imperio bonapartista: la bolsa moviliza todos aquellos capitales aún total o parcialmente ociosos, atrayéndolos y concentrándolos rápidamente en pocas manos; estos capitales puestos así a disposición de la industria inician el auge industrial (que no tiene por qué coincidir necesariamente con una coyuntura comercial favorable), y una vez que la cosa se ha puesto en marcha, avanza cada vez más deprisa. Sólo dos cosas distinguen la era de Bismarck de la de Bonaparte III: aquélla floreció gracias a un librecambio relativo, ésta prospera a pesar de los aranceles protectores, totalmente inoportunos precisamente en Alemania. Y, en segundo lugar, la era de Bismarck deja sin ocupación a mucha más gente. Esto se debe, en parte, a que entre nosotros el crecimiento demográfico es mucho más fuerte que en Francia, con su baja natalidad; en parte, a que Bonaparte provocó con sus construcciones parisinas una demanda artificial de fuerza de trabajo, mientras que aquí aquello terminó pronto con la época de los miles de millones; en parte, sin embargo, debe de haber aún otras causas que no acabo de ver claras. En todo caso, la pequeñoburguesa Alemania empieza por fin a convertirse en un país moderno, y eso es absolutamente necesario para que avancemos con rapidez.

Cuando se leen los periódicos burgueses alemanes y los discursos en las cámaras, se diría que se vive en la Inglaterra de Enrique VII y Enrique VIII: la misma queja acerca de la plaga de vagabundos, el mismo clamor por la represión forzosa del vagabundaje, celda¹ y palizas. Esto demuestra de la mejor manera con qué rapidez se están operando la separación del productor de su medio de producción, el desplazamiento de la pequeña empresa por la máquina y el perfeccionamiento de la máquina misma. Sin embargo, resultan ridículos y despreciables esos burgueses que quieren eliminar del mundo, con sermones morales y medios punitivos, las consecuencias necesarias de su propio obrar. Es una eterna lástima que no estés en el Reichstag; ¡ése sería justamente un tema para ti!

Vuestro proceder en la Dieta sajona, al jurar el cargo tranquilamente⁵, ha hallado imitación. Los italianos han declarado por unanimidad que el juramento no debía ser un impedimento, y Costa¹ ha jurado sin chistar. ¡Y ésos son, sin embargo, individuos que se declaran “anarquistas”, aunque voten y se dejen elegir!

Mi folleto¹ ha sido vergonzosamente demorado en Zúrich, pero la impresión ya debería estar terminada; no sé si en aquella pequeña ciudad de Zúrich la encuadernación tarda tanto; en cualquier caso, siempre estoy esperando ejemplares, hasta ahora no he recibido ninguno. El apartado sobre la “Mark” te aclarará muchas cosas de Maurer; ese hombre escribe con una lentitud terrible, pero a pesar de todo sus cosas son excelentes; he leído el libro 5 ó 6 veces y la semana que viene volveré a leerlo, después de haber vuelto a estudiar de una vez el resto de todos sus escritos.

Nos ha alegrado mucho la manera como se ha despachado al moralista religioso Puttkamer, primero por Grillenberger en el propio Reichstag y luego repetidamente en el „S[ozialdemokrat]“. 0] ¡Éste andará ahora con cuidado!

El buen Hepner ha vuelto a imprimir en Nueva York “Unsere Ziele” 502] con presuntas mejoras y una estampita que pretende representar tu retrato, pero que en realidad representa a un auténtico yanqui. Como sólo poseo la 1.ª edición, no puedo ver si ha empeorado la cosa con sus mejoras y en qué. Si no tienes su edición, puedo enviártela; tienes que ver, al fin y al cabo, qué aspecto tendrías que tener según los conceptos americanos.

Ahora debo terminar, tengo que ir a ver a Marx, cuya salud sigue sin mejorar como debiera. Si estuviéramos dos meses más adelante, el tiempo y el aire harían lo suyo; pero en cambio tenemos viento del noreste, casi temporal y ventisca; ¡anda y cúrame una bronquitis crónica inveterada!

Saluda a Liebknecht.

Tuyo
F. E.