en Zúrich

Londres, 10 de feb. 83
Estimado señor Bernstein:

Confirmando mi carta de ayer, le adjunto aquí una carta para Kautsky, cuya antigua dirección quizá ya no sea válida.

Volviendo al impuesto bursátil, no necesitamos en absoluto negar la «inmoralidad» y la bribonería de la bolsa, e incluso podemos pintarlas de manera bastante drástica como la cúspide de la adquisición capitalista, donde la propiedad se disuelve de manera completamente directa en robo; pero luego concluir que de ningún modo es interés del proletariado quebrar esta pulcra cúspide de la economía actual, sino, muy al contrario, dejar que se despliegue libremente, para que hasta al más torpe le quede claro adónde conduce la economía actual. La indignación moral se la dejamos a aquellos que son lo bastante codiciosos para ir a la bolsa, sin ser ellos mismos bolsistas, y que luego, como es debido, son despojados. Y cuando luego la bolsa y el «negocio sólido» se tiran de los pelos mutuamente, y cuando el junker rural que también intenta hacer papelitos y necesariamente es desnudado se convierte en el tercero en la lucha recíproca de las tres partes principales de la clase explotadora, entonces nosotros somos el cuarto, el que ríe.

La petición de una dirección exacta con calle y número va dirigida también a usted. De lo contrario, no puedo enviar dinero y debo hacerlo, entre otras cosas para 6 ejemplares del folleto de Schmidt, que Schorlemmer y yo queremos enviar a Alemania, y que le pido.

Pero ahora debo cerrar.

Suyo
F.E.