en Londres

[Ventnor] 10 de enero de 1883

Querido Fred,

Fue muy bueno de tu parte enviarme de inmediato la carta de Lafargue!; me ha tranquilizado mucho, tanto más cuanto que hoy mismo he recibido carta directa de Lafargue y, según ella, parece segura la mejoría. Comparto plenamente tu opinión de que, bajo ninguna circunstancia, Johnny debe marcharse ahora. No se puede ni hablar de ello antes de que Jenny se haya restablecido por completo. Sería imperdonable agravar la situación de la niña. Hoy mismo escribiré directamente a Longuet. Me agrada que tú mismo le escribas unas líneas a Jennychen en el mismo sentido. Johnny no por ello estaría perdido pour l’armée territoriale!¹

Es curioso cómo toda excitación nerviosa me agarra ahora mismo por el cuello, como el lobo rojo a su hermano, el usurero de granos!!, ¿alias? Tuve, con el primer susto por las malas noticias de París, unos días antes² un ataque espasmódico de tos en el que creí ahogarme. ¡Esta sensación angustiosa³ habrá tenido que pasar muchas veces la pobre Jennychen* durante su asma!

En cuanto al «Hepnerchen», mi opinión es tratarlo «en plan de negocios». Él es muy libre de reimprimir nuestro prólogo de la edición de Leipzig, así como de señalar que los rusos publicaron una nueva traducción el año pasado. Si él, sin un nuevo prólogo nuestro, no considera que valga la pena reimprimir el «Manifiesto», que haga o deje de hacer lo que según las circunstancias le parezca. Lo de «poner la pistola en el pecho» es la naturaleza y el estilo de «nuestra gente», de modo que hay que aceptarlo con el Hepnerchen como algo natural.

Del pobre Meißner recibí el informe de cuentas de 1881: dice que ha sido un mal año, cosa de poca importancia, pues según su propio informe los ejemplares se van agotando en 1882; cuanto menos vendió en 1881, tanto más habrá vendido en 1882. Mi largo silencio habrá de haberlo desconcertado. Por fin Mahoma va a él; desgraciadamente, no todavía lo que más desearía: un paquete de pliegos de revisión⁵. Desde que empezó este largo arresto domiciliario, interrumpido luego sólo de forma excepcional, y sobre todo a consecuencia de las náuseas continuas —o, para decirlo en alemán del sur al estilo de Madame Karl Blind, ex Cohen, estéticamente, a consecuencia de la diaria «vomitación»— (consecuencia ésta de la tos), apenas he sido capaz hasta ahora de hacer avanzar la revisión. Pero creo que, con paciencia y un pedante autocontrol, pronto volveré a encarrilarme.

El Moro

¹ para el ejército territorial (en sentido figurado: para los familiares en París)  
² antes  
³ sensación angustiosa  
* al pobre  
⁵ del primer tomo de El Capital, 3ª edición alemana