Volviendo a Podolinski: debo hacer una corrección; el almacenaje de energía por medio del trabajo, sólo ocurre en realidad, en la agri- cultura; en la ganadería la energía acumulada en las plantas es sim- plemente trasferida en conjunto a los animales, y sólo puede hablarse de almacenaje de energía en el sentido de que sin ganadería las plantas nutritivas mueren inútilmente, mientras que con ella son utilizadas. En cambio, en todas las ramas de la industria, la energía es únicamente gastada. Lo que más tiene que tenerse en cuenta es el hecho de que los productos vegetales, la madera, el forraje, el lino, etc., y los produc- tos animales en que se almacena la energía vegetal, son puestos en uso cuando se los trabaja, y en consecuencia se conservan por más tiempo que si fueran abandonados a su desintegración natural De manera que, si se quiere, se puede traducir al mundo físico el viejo hecho econó- mico de que todos los productores industriales se ven obligados a vivir de los productos de la agricultura, de la ganadería, de la caza y de la pesca; pero difícilmente se ganaría mucho con esto...

Estoy contento de que en lo que respecta a la historia de la ser- vidumbre hayamos “procedido de acuerdo”, como se dice en el lengua- je de los negocios. Es seguro que la servidumbre y la prestación de servicios no son una forma exclusiva del medioevo feudal; las encon- tramos en casi o en todas partes donde los conquistadores hacen que los antiguos habitantes cultiven la tierra (por ejemplo, en Tesalia, en la remota antigúedad). Este hecho nos ha inducido a error a mí y a muchos otros en lo que respecta a la servidumbre en la Edad Media; se estaba demasiado inclinado a basarla simplemente sobre la conquista, que tornaba todo tan claro y fácil. Véase, entre otros, a Thierry.

La situación de los cristianos en Turquía durante la culminación del viejo sistema semifeudal turco fue algo parecida.

Y Esta fue una de las últimas cartas que Engels escribió a Marx. Del año 1883, sólo se conservan dos cartas.

NU CG. MARX/F. ENGELS

En los últimos años de su vida, Marx viajó para reponer su salud. Entre 1881 y 1882 fue a Francia, Argelia, Suiza y a la isla de Wight. El 26 de agosto de 1882 Engels le escribía:

“En el país de Waadt * hay una excelente vino, el Ivorne, muy recomendable, especialmente cuando es añejo. Además, la gente toma un vino tinto de Neuchátel, cl Cortaillod, que burbujea un poquito y cuya espuma forma una estrella en el centro del vaso; también es muy bueno. Y finalmente está el Veltliner (Valtellina), el mejor vino de Suiza. En mis tiempos el borgoña corriente, el Macon y el Beaujolais, también eran muy buenos y no eran caros. Bébete valientemente todo eso, y si a la larga te aburres de andar de un lado para otro, recuerda que es la única manera en que podrás recobrar la salud; uno puede dejar de moverse durante un

tiempo más, pero llegará el día en que tendrá gran necesidad de ello.”