Mi opinión sobre el asunto Podolinski ** es la siguiente. Su verda- dero descubrimiento es que el trabajo humano tiene el poder de fijar la energía solar sobre la superficie de la tierra permitiendo que su ac- ción dure más de lo que duraría sin él. Todas las conclusiones econó- micas que deduce de esto son equivocadas. No conseguí el trabajo ori- ginal, pero lo leí recientemente en italiano en Plebe ***. El problema es éste: ¿cómo una cantidad dada de energía radicada en una cantidad dada de alimento puede dejar tras suyo una cantidad mayor de energía? Lo resuelvo así: supongamos que la ración alimenticia diaria que necesita una persona representa una cantidad de energía expresada en 10.000 calorías. Estas 10.000 calorías siguen siendo siempre 10.000 calorías, y en la práctica, como se sabe, pierden, en el curso de su trasformación en otras formas de la energía —por fricción, etc.—, una parte de su total. Esta pérdida es considerable en el cuerpo humano. El trabajo físico apli- cado al trabajo económico nunca puede ser, en consecuencia, = 10.000 calorías, sino siempre menor.

Pero esto no significa que el trabajo físico sea trabajo económico;

lejos de esto. El trabajo económico realizado por las 10.000 calorías no consiste de ningún modo en la reproducción de esas mismas 10.000 ca-

* El Espejo de Sajonia: código legal de la época. (Ed.) ve Serger Podolinski, un socialista ucranio. (Ed.) eos Plebe: Órgano oficial de la sección italiana de la. I Internacional (Ed.)

lorías. total o parcialmente, de esta forma o aquella. Por el contrario, la mayor parte de éstas se pierde en el creciente calor y radiación del cuerpo, etc. y lo que de ellas queda son las potencialidades fertilizan- tes de los excrementos. El trabajo económico que ejecuta un hombre al emplear estas 10.000 unidades de calor consiste más bien en la fija- ción, durante un tiempo más o menos largo, de nuevas unidades de calor que le irradia el sol, y que tienen únicamente esta conexión de trabajo con las primeras 10.000 unidades de calor. Pero el que la nueva cantidad de calor fijada por aplicación de las 10.000 unidades de calor de la alimentación diaria lleguen a alcanzar 5.000, 10.000, 20.000 ó 1.000.000 de unidades, únicamente depende del grado de desarrollo alcanzado por los medios de producción.

Aritméticamente, esto sólo puede representarse en las ramas más primitivas de la producción: la caza, la pesca, la ganadería, la agricul- tura. En la caza y en la pesca ni siquiera se fija nueva energía solar: únicamente se emplea la ya fijada. Al mismo tiempo, es evidente que, suponiendo que el pescador o el cazador estén normalmente alimenta- dos, la cantidad de proteína o de grasa que obtiene cazando o pes- cando es independiente de la cantidad de estos elementos alimenticios que consume.

En la ganadería, la energía se fija en el sentido de que la materia vegetal, que de otro modo disminuiría, decaería y se descompondría rápidamente, es sistemáticamente trasformada en proteína animal, gra- sa, piel, huesos, etc., y con ello se fija por largo tiempo. El cálculo es ya aquí complicado.

Tanto más en la agricultura, en la que también interviene en el cálculo, el valor energético de los materiales auxiliares, abonos, etc.

En la industria es imposible todo cálculo: en la mayor parte de los casos, el trabajo aplicado al producto ya no puede expresarse en unidades de calor. Si, por ejemplo, esto sigue siendo posible en el caso de una libra de hilo, debido a que su tesura y resistencia pueden redu- cirse, con mucho trabajo, a una fórmula mecánica, es una pedantería totalmente inútil, y en el caso de una pieza de género en bruto, y tanto más en el caso del género teñido y estampado, se vuelve absurdo. El valor energético de un martillo, de un tornillo o de una aguja, calcu- lado de acuerdo con el costo de producción, es una cantidad que no tiene sentido. En mi opinión, es absolutamente imposible tratar de expresar las relaciones económicas en magnitudes físicas.

Lo que Podolinski ha olvidado completamente es que el hombre, en cuanto obrero, no fija simplemente el calor solar actual, sino que de- rrocha muchísimo más el calor solar del pasado. Las reservas de ener- gía, carbón, minas, bosques, etc., que hemos logrado despilfarrar, las conoces mejor que yo. Desde este punto de vista, incluso la pesca y la caza no se manifiestan como fijación de nuevo calor solar, sino como gasto e incipiente derroche, de la energía solar ya acumulada.

Más: lo que el hombre realiza deliberadamente con el trabajo, lo hace la planta en forma inconciente. Las plantas —y esto también es

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wento viejo— son las mayores absorbentes y depósitos de calor solar msformado. Por consiguiente, mediante el trabajo, en cuanto fija calor solar (lo que no ocurre en la industria y en otras ramas de la produc- lón), el hombre logra unir las funciones naturales del animal consu- nidor de energía con las de la planta, que colecciona energís.

Podolinski, partiendo de este descubrimiento muy valioso, hu to- nado caminos equivocados porque estuvo tratando de encontrar un la ciencia de la naturaleza una nueva demostración de la verdad del so- cialismo, y con ello ha confundido la economía con la física.