in London

[Ventnor] 4 de diciembre de 1882

Dear Fred,

Adjunto la carta de Bebel, que me ha interesado mucho. No creo en una crisis industrial que sobrevenga tan pronto.

En conjunto, el tiempo de noviembre fue bueno, aunque muy variable. Los primeros días de diciembre trajeron un frío crudo, alternando con una humedad sucia y templada. Hoy hace buen día, pero, a pesar de ello, estoy condenado al arresto domiciliario. Como en los últimos días sentía ronquera (con seguridad no debida a hablar), una sensación desagradable en la garganta, aumento de la tos y poco sueño reparador, a pesar de mis paseos regulares, ininterrumpidos y largos, ¡hubo que citar de nuevo al médico! ¡No se libra uno tan fácilmente de estos señores! No es más que un catarro en la garganta; sin embargo, cree necesario que guarde casa hasta que desaparezca la inflamación. Además de hacerme tragar una medicina suave, me hace inhalar vapores de benjuí (a lo que se le ha añadido algo, me parece algo clorofórmico). Hoy, por tercera vez desde mi llegada, me ha auscultado y percutido de nuevo, y por lo demás ha encontrado todo en orden. Dentro de un par de días se dejará caer otra vez para ver si se puede levantar el arresto domiciliario.

En la «Plebe», acerca de mi teoría del valor, lo curioso es que los tres, cada uno de ellos adversario del otro, sueltan sandeces: Laveleye, Cafiero y Candelari. En cuanto a la cita que, sobre mi teoría del valor, aduce Candelari de la «Histoire critique de l’économie politique» de Malon, Malon supera, sin embargo, en superficialidad a todos estos tres sabihondos.

Espero que todo esté bien en el 41 de Maitland Park Road. Esperaba de allí unas líneas, pero sé que la pobre Tussy está agotada de trabajo.

Salud.

El Moro