en Londres

[Ventnor] 11 de noviembre de 1882

Dear Fred,

Te devuelvo el «Proletaire». Difícil decir quién es más grande, si Lafargue, que ha derramado sus inspiraciones oraculares en el seno de Malon y Brousse, o estos dos héroes, luceros gemelos, que no solo mienten conscientemente, sino que incluso se mienten a sí mismos, imaginando que el mundo exterior no tiene otra cosa que hacer que «intrigar» contra ellos, y que, en realidad, todo el mundo tiene la mollera de la misma construcción que la noble pareja.

Lafargue tiene la fea cicatriz de la tribu negra: ningún sentimiento de vergüenza, quiero decir de pudor, de ponerse en ridículo.

Pero ya sería hora, si no se quiere arruinar el Journal por puro capricho, si no se pretende (lo que sería increíble) que el gobierno lo entierre mediante un proceso, sería hora de que Lafargue pusiera fin a sus pueriles fanfarronadas sobre sus futuras atrocidades revolucionarias. Esta vez se ha dejado burlar bonitamente por sí mismo. Naturalmente, asustado de que algún periodicucho denunciante haya reproducido los horripilantes extractos, policíaco-anarquistas, del suprimido «Etendard», el cual, por tanto, «va aún más lejos» que Paul Lafargue, ¡el patentado oráculo del socialismo científico! — asustado ante semejante rivalidad revolucionaria, Lafargue se cita a sí mismo (y últimamente se ha acostumbrado bonitamente no solo a lanzar sus oráculos al mundo, sino también a «fijarlos» mediante la autocitación) para probar que el «Etendard», es decir, que el anarquismo no ha hecho más que copiar la sabiduría de Lafargue y Cía., pero que se propone realizarla de manera intempestiva e inmadura. Así les va a veces a los oráculos; lo que ellos creen inspiración propia es, por el contrario, muy a menudo solo una reminiscencia que se les ha quedado prendida en la memoria. Y lo escrito por Lafargue y por él mismo «citado» no es de hecho más que una reminiscencia de una receta bakuninista. Lafargue es en realidad el último discípulo de Bakunin que cree seriamente en él. Debería volver a leer el panfleto sobre la «Alianza» escrito por ti y por mí, ¡y se le aclarará de dónde ha sacado su novísima munición! En verdad ha tardado mucho tiempo en comprender a Bakunin, y, para colmo, lo ha malentendido.

¡Longuet como último proudhoniano y Lafargue como último bakuninista! ¡que le diable les importe!

Hace hoy un hermoso día y tengo que salir al aire libre (aún no es más
que la una y media de la mañana).

En mi última carta te escribí que quería deshacerme de la tos sin los
medical men; pero el Dr. Williamson me ha advertido d’une manière
autoritaire que tenga a bien, a pesar de todo, tragarme la medicina. En
efecto, la pócima me sienta bien; el componente principal es quinine
disulphuricum; lo demás: morphia, chloroform, etc., nunca falta en los
brebajes que antes me endilgaron.

¿Cómo van los dolores de parto inventivo de Hartmann?

Salut.
El Moro

Por el «Standard» de ayer, parliamentary debates, habrás visto que el
«digno» Rivers Wilson ha tenido a bien depositar dolorosamente, una vez
más sobre el altar de la patria, su esquema, su trusteeship asumido con el
noble Lowe, alias Sherbrooke. ¡Amargo para el Rivers Wilson!