en Ventnor

Londres, 11 de noviembre de 1882

Querido Mohr,

¡Tu carta! pude mostrársela a Tussy esa misma noche; Lenchen y Johnny habían ido por la mañana a la oficina de Percy, para ver el desfile del Lord Mayor, y por la noche nos reunimos todos en casa de Pumps para la cena. Johnny estuvo muy amable y la oca de Pumps muy buena.

Me alegra mucho que hayas encontrado un médico agradable; para un convaleciente siempre es mejor tener a mano a uno así, y ¿de qué serviría tener que escribir hasta aquí por cada pequeñez? Espero que el reumatismo y la tos estén ahora mejor.

Te envío hoy 2 «Egalités» y un número del semanario del mismo nombre. Por el manifiesto del Consejo Nacional (de Lyon) podrás convencerte de que los lioneses siguen siendo, como siempre, unos auténticos zoquetes. ¡Sobre el curso de las negociaciones con el capitalista parisino no hay más noticias!; así que parece que aún no se ha cerrado nada.

La grosería con que Dilke responde a las preguntas incómodas es realmente llamativa, pero parece gustar mucho a la chusma advenediza liberal que se sienta tras él. Bueno, pronto sentirán también ellos la clôture. El asunto de Gibraltar se vuelve cada vez más turbio; no solo la policía, sino también un magistrado, es decir, un juez, ha ordenado la extradición; ¡el gobernador se entera por el periódico y no hace nada! Mientras tanto, los rusos avanzan cada vez más sobre Persia y Afganistán, construyen carreteras hacia Meshed en Persia y desde Samarcanda a través de Bujará hasta Balj (la Bactra de los antiguos) en Afganistán, trapichean en Turquía hasta tal punto que a su propio protegido Aleko Pachá en Rumelia Oriental le parece excesivo, pero ni el gran Gladstone ni el pequeño Dilke tienen ojos para ello. Los rusos seguramente trama algo para la nueva primavera. Cómo anda su crédito

2 James M. Williamson

lo habrás visto por el anuncio del empréstito prioritario del ferrocarril Poti-Bakú. Tienen que esconderse detrás de una sociedad, ¡y aun así bajo qué condiciones!

En el «Sozialdemokrat», Vollmar ha iniciado su campaña a favor de Malon: por el tono meloso de la apologética al final del artículo se reconoce directamente el soplo de Malon. Pero, ¿qué me dices del panegírico de Wilhelm a Bennigsen en la «Justice»? Eso es ya demasiado, incluso para el cándido de Wilhelm.
La ley fabril suiza figura también en el envío de hoy.
El artículo de Oldenburg lo encargaré a Bernstein en la primera ocasión. Bernstein probablemente lo pensará un poco antes de escribirme; en lo de la historia francesa le he demostrado, con sus propios argumentos, de tal modo lo contrario de sus conclusiones, que difícilmente podrá decir algo ya.

Con la clausura del debate, la Cámara de los Comunes ha descendido por completo al nivel de una cámara continental, cosa que, dada su composición actual, es una posición muy adecuada.

Siento gran curiosidad por los detalles del experimento de Deprez llevado a cabo cerca de Múnich; para mí es del todo incomprensible cómo pueden subsistir con ello las leyes hasta ahora vigentes, y todavía aplicadas en la práctica por los ingenieros (en sus cálculos), para el cálculo de la resistencia de la conducción. Hasta ahora se calculaba que la resistencia aumentaba, a igualdad de material conductor, en proporción a la disminución de la sección transversal del hilo conductor. Ya quisiera yo que se pudiera sonsacar el asunto a Longuet. De repente, esta cosa hace utilizable toda la colosal masa de energía hidráulica hasta ahora sin aprovechar.

Pero ahora, a empaquetar los periódicos. Aquí todos están bien.

Tuyo
F. E.