en Zúrich

Londres, 2/3 de nov. de 82

Estimado señor Bernstein:

Aún sin recibir corrección alguna (recién llegada hoy, 3/11).122
En cambio, recibí de Bebel el proyecto de seguro de accidentes y de enfermedad de
1882, pero no el anterior, que presenta el auténtico socialismo bismarckiano,
sin adulterar por las votaciones del Reichstag. Éste, junto con todo lo
demás que se relacione con el banco de seguros de accidentes, es muy deseable,
sin lo cual no puede hacerse nada.

¡Muchas gracias por la Marquise Posener!¹. Para los demás ferrocarriles no necesito
todos los detalles. Basta con el curso de principios, o mediados, de 1879 (antes de que se
supiera algo de la estatalización); la diferencia de entonces a hoy
es suficiente para demostrar cómo el Estado se ha comprado a los burgueses.

Lassalle era en muchos respectos un buen jurista y también estudió su
derecho sucesorio romano lo suficiente como para impresionar a los juristas por el lado de sus conocimientos.
(Ésa era su expresión favorita; cuando vio la piedra de Rosetta*° en el
Museo Británico, le dijo a Marx: ¿qué te parece,
debería dedicarle seis meses para impresionar a los egiptólogos?).
— En Alemania basta con que alguien desarrolle un punto según una determinada
teoría, y los juristas han olvidado hoy que la teoría desarrollada por
L[assalle] está tomada literalmente de la filosofía del derecho y de la historia
de Hegel, y en su aplicación al derecho sucesorio romano es, además, falsa;
esto no puede desarrollarse a partir de “la voluntad”, como hace Hegel, sino a partir de la historia de la gens romana, de la comunidad
familiar gentilicia, de la que los juristas por lo general tampoco saben gran cosa. Por lo demás,
yo sólo he dicho que me vería obligado a deshacer la leyenda
del “pensador original Lassalle”, y esto es absolutamente necesario.

La carta de La[fargue] en “Le Prolétaire” no la conozco, escribiré a
París para pedirla, pero difícilmente la consiga. Si usted
aún la tiene, le ruego que me la envíe, se la devolveré. Por lo demás,

¹ Apodo bursátil de la compañía ferroviaria Märkisch-Posener.

Malon debería tener cuidado con esto, La[fargue] tiene montones de cartas
comprometedoras de él.⁶ |

El absurdo artículo de Picard¹**⁸ ha sido ciertamente desautorizado en “Le Cit[oyen]”,
Marx mismo lo ha leído. Por lo demás, el hombre que se
lo ha enviado a usted con los subrayados azules no sabe francés;
subraya como expresión chovinista del “Citoyen” un pasaje que
¡pone en boca de Picard los términos exploiteurs bourgeois ... ligue des patriotes ... dont Gambetta est
la tête¹! Yo lo subrayo en rojo. Picard se complace en
la oposición contra Guesde y ha colado de contrabando el artículo por pura guasa
contra éste; de haber sido posible allí una redacción como es debido,
semejante estupidez no habría ocurrido.

Ahora pasemos a la “conducta nada honorable de los red[actores] del ‘Cit[oyen]’ en el affaire Godard”.³⁸] Ésta la conocemos casualmente
con toda exactitud; tanto los implicados como los completamente ajenos al asunto se la han contado a Marx en
París repetidas veces. Godard, a raíz de un incidente en una reunión,
va a la redacción del “Cit[oyen]” y es recibido por Guesde, quien
siempre conserva un cierto cariño personal por sus ex hermanos
anarquistas, de manera muy amistosa. En medio de la tranquila conversación,
sin pretexto alguno, Godard le asesta a Guesde
un violento golpe en la cara. Los demás se abalanzan, Godard, con
cobardía anarquista, se refugia en un rincón: ¡que a él, el prisonnier⁵,
no se le iba a maltratar! Y la gente ingenua del “Cit[oyen]”,
en lugar de molerlo a palos, celebra consejo y decide: Qu’en effet
il fallait le lâcher parce qu’il — était prisonnier!!⁶ Godard, desgraciadamente
sin haber recibido una paliza, aprovechó la oportunidad para poner pies en polvorosa. Pero a la noche siguiente, cuando se sabía
que la mayoría de los redactores estaban ausentes, una docena de anarquistas armados
(garrotes, etc.) irrumpen en la oficina y exigen, bajo amenazas, todo
tipo de satisfacciones. Pero Massard se mantuvo firme, y ellos tuvieron que retirarse
sin haber conseguido nada. Pero entonces se informó a la fédération du centre⁷,
ésta apostó durante varias noches una guardia de obreros y
los señores anarquistas no volvieron más.

Ahora bien, le ruego que tenga a bien informarme también de en qué
se supone que ha consistido lo de “nada honorable”, etc.

He de inferir de todo el contenido de su carta que usted no ha

⁶ véase el presente volumen, pág. 365 — ¹ explotadores burgueses ... liga de los patriotas ... cuyo
jefe es Gambetta — ⁵ prisionero — ⁶ ¡Que, en efecto, había que soltarlo porque
era — prisionero!!

recibido el “Citoyen” con regularidad, y que por ello, además de “L’Égalité”
y “Le Prolétaire”, dependía de los informes de los camaradas en París,
quienes a su vez se dejaban servir exclusivamente por Malon y Cía.
y, al parecer, desarrollaban frente a éstos una credulidad bastante grande.
Ahora bien, el órgano del partido no debe, en mi opinión,
dejarse influir de manera preponderante en su juicio sobre el movimiento obrero
del país en cuestión por los camaradas que se encuentran en una capital extranjera,
que a menudo cambian. Las asociaciones alemanas
en el extranjero son sin duda las peores fuentes sobre el
movimiento del extranjero; rara vez tienen una visión de conjunto, por lo general
tienen conexiones particulares con exclusión de otras, por eso no pueden
seguir el curso y el progreso del movimiento que las rodea, y,
finalmente, creen que aún hoy tienen una importancia más que insignificante
frente a las masas en Alemania misma. ¿Qué habría sido de
la libertad de nuestro juicio sobre el movimiento o la falta de movimiento en Inglaterra
si hubiéramos tenido la más mínima consideración con la
mayoría cambiante de la asociación de aquí?² ¿Y acaso no son las asociaciones alemanas
en Nueva York igualmente acríticas en su comportamiento con respecto al
movimiento obrero americano? Toda asociación exige ante todo que se le
atribuya importancia, y por lo tanto, si no existe una dirección muy
enérgica e inteligente, no es difícil de captar por extranjeros
que entienden el asunto.

Para su reiterada afirmación sobre el considerable descrédito
del “marxismo” en Francia, usted no tiene tampoco otra fuente
que ésta, es decir, Malon de segunda mano. Ahora bien, el llamado “marxismo” en
Francia es ciertamente un producto muy peculiar, hasta el punto de que Marx le
dijo a La[fargue]: ce qu’il y a de certain c’est que moi, je ne suis pas
marxiste⁸. Pero si el “Cit[oyen]” despachó el verano pasado 25.000 ejemplares
y obtuvo una posición tal que Lissagaray puso en juego su reputación
para conquistarlo, eso parece contradecir en cierta medida el mentado
descrédito. Y más aún lo contradice el hecho de que el descrédito no impide
a esta gente tener suficiente crédito como para, expulsados
del “Citoyen”, fundar en el mismo día un nuevo
gran diario¹⁰, y mantenerlo con vida casi exclusivamente mediante el apoyo
de obreros y pequeños burgueses (ouvriers et petits industriels, escribe
La[fargue])¹¹, contra las vejaciones del antiguo propietario del “Cit[oyen]”¹², durante 14 días

⁷ Federación del centro — ⁸ lo que es seguro es que yo no soy marxista — ⁹ véase el presente volumen, págs. 374/375 y 378
a 379 — ¹⁰ véase el presente volumen, pág. 376 — ¹¹ obreros y pequeños industriales — ¹² Blommestein

y para encontrar a un capitalista con el que mañana negociarán
definitivamente —¡oui ou non¹³!— sobre el periódico¹⁴. Cuando los hechos
hablan tan alto, el señor Malon bien tendrá que guardarse para sí su “descrédito”.
Pero el “crédito” del señor Malon es tan grande que, cuando le pidió
a Rochefort un aumento de sueldo por sus artículos en “L’Intransig[eant]”,
éste le respondió: je vous paierai plus si vous écrivez moins!¹⁵. ¡Que Malon
pruebe también una vez a fundar un diario en París sin un céntimo
en el bolsillo, para demostrar lo que puede su crédito!

Pero basta ya. He pedido a La[fargue]¹⁶ que envíe “L’Égalité” al “S[ozialdemokrat]”
en canje, y él me escribe hoy que lo hace,
a cambio de lo cual usted querrá enviar luego el “S[ozialdemokrat]” a “L’Égalité”.
En caso de que “L’Égalité”¹⁷ no llegue con regularidad, basta una
línea —tarjeta postal— a P. La[fargue], 66, boulevard de Port-Royal, París.

En lo que respecta a los artículos de Vollmar¹¹⁸], especialmente el primero,
con su punta directa contra la gente que clama a cualquier precio por la
derogación de la ley de socialistas¹¹⁹, era muy bueno y contundente. El
segundo lo leí de manera bastante superficial antes de un viaje, y con 3 o 4 personas charlando
a mi alrededor. De no haber sido así, no me habría tomado tan a la ligera
el lenguaje excesivamente violento que, según él, debe emplear el partido al final,
como lo hice en la [carta] anterior. En este punto, Bebel tiene razón¹²⁰, pero creo
que lo toma demasiado en serio. La debilidad propiamente dicha del 2.º artículo
(que noté bien, pero no consideré importante) es la idea infantil
de la próxima revolución, que debe comenzar porque “hie Welf, hie
Waibling”²¹ todo el mundo se divide en 2 ejércitos: nosotros aquí, y toda
la “única masa reaccionaria”²² allá. Es decir, la revolución debe comenzar con
el quinto acto, no con el primero, en el que la masa de todos los partidos
de oposición se une contra el gobierno y sus desatinos y
así vence, tras lo cual los distintos partidos entre los vencedores, uno
tras otro, se desgastan, se hacen imposibles, hasta que finalmente la
masa del pueblo es empujada por completo a nuestro lado y entonces la tan renombrada
batalla decisiva de Vollmar puede tener lugar. Pero este punto
era aquí secundario; lo principal era la demostración de que, si se saliera
con la suya los señores del “ala derecha”, podríamos ciertamente librarnos de la ley de socialistas,
pero en condiciones que serían peores para el partido
que la ley de socialistas, pero que permitirían a esos señores
volver a publicar “Gerichts-Zeitungen” de Hamburgo, etc., y

¹³ ¡sí o no! — ¹⁴ “L’Égalité” (edición diaria) — ¹⁵ ¡le pagaré más si escribe menos! — ¹⁶ véase el presente volumen, págs. 384/385 — ¹⁷ “L’Égalité”
(edición diaria) — ¹⁸ véase el presente volumen, pág. 365 — ¹⁹ Sozialistengesetz (ley contra los socialistas) — ²⁰ véase el presente volumen, pág. 387 — ²¹ ¡hie Welf, hie Waibling! (lema de las luchas entre güelfos y gibelinos) — ²² véase el presente volumen, pág. 387

hacerlos pasar por órganos del partido. En esto coincido plenamente con Vollmar y
así se lo he escrito también a Bebel.¹⁵

Ayer extendí a su nombre, 137, Alte Landstraße, Riesbach,
un giro postal por 12/- = 15,10 francos para cubrir
la suscripción de M[arx] y mía. Le ruego me avise cuando sea
necesario un nuevo pago.

¡Felicitaciones por la entrada en el 7.º mil!¹⁶

Suyo,
F.E.

Según la modificación que usted hizo en el prólogo, toda mención de la Conferencia
de Wyden²⁴ se vuelve superflua y la suprimo, por tanto. Le ruego enviarme 2 pliegos
de prueba. La corrección saldrá hoy o mañana.

¹⁵ véase el presente volumen, pág. 381 — ²⁴ véase el presente volumen, pág. 365