en Leipzig

Londres, 28 de octubre de 1882

Querido Bebel:

Por fin me pongo a escribir; desde hace unas 3 semanas Marx está de nuevo aquí, pasado mañana se va a la isla de Wight, y no he tenido sosiego para nada.

De los artículos de Vollmar, me gustó sobre todo el primero, por el bien merecido rechazo de los lloriqueos de los señores del «ala derecha», que claman por la derogación de la ley contra los socialistas, incluso bajo condiciones que serían peores para el partido que la propia ley, siempre y cuando con ello pudieran volver a fundar periódicos a lo *Gerichtszeitung* y regresar así a las viejas ollas de carne literarias de Egipto. Frente a esta gente —y solo iba dirigido contra ellos— me pareció completamente pertinente señalar que una derogación voluntaria de la ley contra los socialistas puede muy fácilmente ir acompañada de condiciones que empeoren la situación del partido; y poner de relieve que con ruegos y humillaciones es como menos vamos a librarnos de la ley contra los socialistas.

Por lo demás, esta cuestión también es para mí académica. Creo que la ley sucumbirá a acontecimientos que inaugurarán la revolución y que ya no pueden tardar mucho en producirse.

El segundo artículo lo leí bastante por encima, mientras dos o tres personas hablaban continuamente interrumpiendo. De lo contrario, en la manera como se representa la revolución, habría reconocido la influencia francesa y, con ella, seguramente también a mi Vollmar. Tú has captado esta faceta muy correctamente. Es la soñada realización final de la frase de la «única masa reaccionaria»: de un lado, todos los partidos oficiales unidos en un solo bloque; del otro, nosotros, los socialistas, en columna; gran batalla decisiva, victoria en toda la línea de un solo golpe. Así de sencillas no se presentan las cosas en la realidad. En la realidad, como tú también observas, la revolución empieza, al contrario, porque la gran mayoría del pueblo y también de los partidos oficiales se agrupan contra el gobierno, que queda así aislado, y lo derriban; y solo después de que aquellos de entre los partidos oficiales que aún han podido mantenerse se hayan ido arruinando entre sí, unos contra otros y unos tras otros, solo entonces se produce la gran escisión de Vollmar y, con ella, la posibilidad de nuestro dominio. Si quisiéramos, con Vollmar, que la revolución empezara directamente por su último acto, nos iría lamentablemente mal.

El pasaje final sobre la nueva táctica me llamó poco la atención en su momento —ciertamente, si se le yuxtapone el Código Penal, contiene bastante materia refunfuñable. No obstante, no puede hacer mucho daño que aquí y allá alguien peque un poco por exceso de celo en ese sentido; del otro lado también se peca bastante. Así pues, si yo tomé este pasaje demasiado a la ligera, tú me parece que lo has tomado algo demasiado en serio, y cómo el ala derecha intenta sacar provecho de tu respuesta lo ves por el regocijo de Viereck en la *Süddeutsche Post*. No creo que, a raíz del artículo de Vollmar, nuestra gente en Alemania hubiera adoptado sin más su manera de hablar. Solo la proclamación exigida: «Nos organizamos en secreto» merece un rechazo incondicional.

Espero con impaciencia el material sobre Bismarck, pero ahora, ya que ambos refunfuñáis, es probable que aún pueda esperar un poco. Sin embargo, cuando me haya enfrascado en otro trabajo más largo, que también lleva mucho tiempo esperando, no podré interrumpirme y Bismarck tendrá que esperar.

En Francia se ha producido la escisión largamente esperada. La unión inicial de Guesde y Lafargue con Malon y Brousse era difícil de evitar en la fundación del partido, pero Marx y yo nunca nos hicimos ilusiones sobre su falta de duración. El punto en litigio es puramente de principio: ¿debe llevarse la lucha como lucha de clases del proletariado contra la burguesía, o debe estar permitido, en buen estilo oportunista (o como se dice en traducción socialista: posibilista), dejar caer el carácter de clase del movimiento y el programa allí donde con ello se puedan obtener más votos, más «adeptos»? Malon y Brousse se han pronunciado por esto último, sacrificando con ello el carácter proletario de clase del movimiento y haciendo inevitable la separación. Enhorabuena. El desarrollo del proletariado se realiza en todas partes mediante luchas internas, y Francia, que ahora forma por primera vez un partido obrero, no constituye ninguna excepción. Nosotros, en Alemania, ya hemos superado la primera fase de la lucha interna (con los lassalleanos); otros aún la tienen por delante.

La unidad es muy buena mientras funciona, pero hay cosas que están por encima de la unidad. Y si uno, como Marx y yo, ha combatido toda su vida más a los presuntos socialistas que a nadie (pues a la burguesía la tomábamos solo como clase y casi nunca nos hemos enzarzado en luchas individuales con burgueses), no puede uno afligirse demasiado por el estallido de la lucha inevitable.

Espero que esta carta te llegue antes de que entres en el agujero. Marx y Tussy te envían cordiales saludos. Marx se ha restablecido del todo y, si no sobreviene una nueva pleuritis, el próximo otoño estará más fuerte de lo que ha estado en años. Si ves a Liebknecht en la «Torre de las jaulas» (como dicen en Berna), salúdalo de parte de todos nosotros.

Tuyo,
F. E.