en París

Londres, 21 de oct. de 1882

Mi querida Laura:

Anteayer recibimos de Paul los dos primeros números del trasplantado
*Citoyen*. Por *La Justice* ya nos habíamos enterado del ¡golpe de Jarnac!**?!
que el magnánimo Prosperel#?*! había intentado asestar al Partido Obrero;
por los dos *Citoyens* arriba mencionados vimos que *le coup avait manqué*,
y por el torpe ataque en *Citoyen et Bataille* contra «*le lâche* P. L[afargue]»
comprendimos que *Prospere le savait parfaitement* y se veía obligado a
desenmascararse como lo que realmente es, un espadachín a lo Cassagnac!!.
Naturalmente, Paul no habrá sido tan insensato como para *donner dans ce
panneau*.

Desde hace dos días no han llegado ni *Cit[oyen]* ni *Cit[oyen] et
Ba[taille]*, y hoy ni siquiera ha llegado *La Justice*. Así que estamos completamente a oscuras. ¿Ha sucumbido el *Citoyen* por falta de fondos tras dos
números, o se debe tan sólo al *génie éminemment organisateur des français
el que no lo hayamos recibido? Sabes que, en una crisis como ésta, deberíamos
recibir con regularidad informaciones de ese tipo, que aquí no podemos
conseguir. Ayer escribí a Bernstein una larga carta, tanto sobre Malon-
Brousse como sobre este último asunto; pero en París puede ocurrir cada
día algo que sería importante comunicar de inmediato a B[ernstein] en la
versión correcta. ¿Cómo puedo hacerlo sin materiales? ¿Es realmente imposible para nuestros amigos de París despachar estas cosas, de la mayor
importancia para sus propios intereses?

Hoy supe por Mohr que le has escrito y que Jenny está mejor. A Mohr,
en conjunto, le va muy bien. Donkin, que lo examinó, quedó casi asombrado
por la gran mejoría que constató (prescindiendo de los inevitables residuos
de los dos últimos ataques de pleuresía); y cree que Marx puede pasar el
invierno en la costa sur de Inglaterra. Pronto tendrá que irse; hoy hace un
día espantoso, húmedo —aunque templado—, y cuando los demás tienen
buen tiempo, aquí empiezan las nieblas.

Desearía que pudieras asomarte un domingo por la noche y ver cómo
ha cambiado todo. Mohr, naturalmente, no puede salir por las noches, de
modo que aquí no hay nadie más que los Pumpses” y, de vez en cuando,
Helen. El «círculo» ha desaparecido por completo. Hace poco volvió a estar
aquí el gran Loria. Casualmente esa noche estaba Jollymeyer, y como todos
estábamos un poco achispados, el pobre Loria tuvo que soportar algunas
bromas; preguntó a Helen si ella también había estudiado economía política,
y nos contó que en Berlín había probado vino del Mosela, pero que sabía
a agua azucarada. Ya te puedes imaginar las carcajadas. Calculo que el
pobre pedante está harto de nuestra «sarcástica» compañía. ¡Figúrate que
no quería creer que Tussy y tú fuerais hermanas, y se quedó con los ojos
como platos cuando supo quién es tu padre!

Hoy vino a ver a Mohr el signor Alessandro Oldrini, mientras yo estaba
allí, pero fue despachado con una firmeza de la que me alegré mucho. Si
Mohr lo hubiera recibido, Dios sabe cuántos Zanardellis le habrían seguido.

A los Pumpses les va muy bien; llevan unos catorce días en la nueva
casa, pero aún no está del todo instalada… por falta de dinero en efectivo.
El baby ha tenido un absceso en el pecho, pero ya está mejor. Charley y
la Srta. Bevan llevan tres semanas casados; no los he visto desde el feliz
acontecimiento.

Ahora es ya la hora precisa del correo, y como quisiera que tengas esta
carta mañana temprano, debo terminar. Saludos afectuosos para Paul y,
si los ves, para Guesde y Mesa.
Con cariño, tu

F. E.