Londres, 23 de sept. de 1882

Querido Bebel, |

Por tu causa hemos pasado un buen susto. 1%!
Anteayer hace ocho días, viernes 15 del corriente, hacia las 10 de la noche vinieron a mi casa 2 personas de la Asociación[!] preguntando: si era verdad lo que ya en 2 números (con necrología) había salido en el “Citoyen”, que tú habías muerto. Lo declaré sumamente improbable, pero no pude decir nada preciso. Como tenía conmigo a un pelmazo que no quería irse a pesar de que yo no pronunciaba una palabra, no pude hasta después de las 11 ir corriendo a casa de Tussy Marx, a quien encontré aún levantada. Ella tenía la “Bataille”, también con necrología —sin indicar fuente alguna de la noticia, la cual, sin embargo, se tenía por indudable. Así que consternación general. La mayor desgracia que podía sucederle al partido alemán, al menos muy probablemente. Que los periódicos ingleses no trajesen nada entre el júbilo por Egipto[ #2], era de lo más comprensible. Ahora bien, el sábado por la noche tampoco llega mi “Sozialdemokrat”, cosa que ocurre a veces; por suerte, el domingo por la mañana descubro que Tussy ha recibido el suyo y cuyo contenido hace la noticia sumamente improbable. Consultar periódicos alemanes en los cafés era de antemano inútil, pues los renuevan a diario. Y así permanecimos en la más angustiosa incertidumbre, hasta que por fin el lunes por la noche llegó “Justice” con el desmentido oficial.

A Marx le ocurrió lo mismo. Estaba en Vevey, junto al lago de Ginebra[!"] y leyó la historia en el reaccionario “Journal de Genève”, que naturalmente la contaba como indudable. Me escribió ese mismo día lleno de consternación.² Su carta llegó precisamente el mismo lunes por la noche, y yo pude aún comunicarle con el correo de la mañana la feliz nueva de que todo era mentira.³

No, viejo muchacho, no puedes largarte de entre nosotros tan joven. Eres 20 años más joven que yo, y después de haber librado juntos aún muchas alegres luchas, estás obligado a permanecer en el fuego, aun cuando yo haya hecho mi última mueca. Y como se dice que los dados por muertos viven más tiempo, tú, como Marx[!*!?], estás ahora condenado a una vida bien larga.[!**!]

Pero ¿quién demonios ha sacado a la luz esta tontería? ¿Estará detrás otra vez el embustero de Mehring?

¿Recibiste mi última carta —de hace unos 2 o 3 meses?— Aquella en la que contestaba acerca de los elementos mansos en el partido.

Habrás visto entretanto que se ha atendido en varias ocasiones a tu deseo en cuanto a mi colaboración abierta en el “Sozialdemokrat”.[!!] También he enviado ayer a Bernstein los dos primeros de los tres capítulos del “Dühring”, que han de aparecer en alemán según la edición francesa[!*!!!], fuertemente revisados y popularizados.⁷ El resto está listo, pero se queda aquí, mientras no perturbe la impresión, para que pueda repasar una vez más a fondo esta parte, la más difícil. Como apéndice sigue una larga nota sobre la antigua propiedad común alemana sobre el suelo. Si vas a dar con tus huesos en el agujero, te aconsejaría que te procuraras en alguna biblioteca:

G.L.v. Maurer, “Einleitung in die Geschichte der Marken-, Hof-, Dorf- und Städteverfassung in Deutschland”

y del mismo: “Geschichte der Markenverfassung in Deutschland”.

Es muy necesario que alguien en Alemania, que esté en condiciones de leer estas cosas sin prejuicios y sin los prejuicios “cultos” adquiridos, se instruya en cierta medida sobre este punto. Las obras arriba citadas son las principales, y su conocimiento te proporcionaría también una base sumamente sólida en todos los debates sobre cuestiones de propiedad territorial y agrarias.

A juzgar por algunos artículos que ha escrito en el “Sozialdemokrat” (sobre una posible derogación de la ley contra los socialistas)[ *!?!] Vollmar parece haber destacado mucho. Me alegraría que esto se confirmase también en otros aspectos; podemos necesitar condenadamente buena gente capaz.

Marx se recupera lentamente de las consecuencias de sus tres pleuresías. Para una tos bronquial muy arraigada, muy molesta, que le impedía dormir, ha usado en Argenteuil las cercanas fuentes sulfurosas de Enghien, pero con el mal tiempo, por consideración a su estado general, no tuvo el éxito completo que en otras circunstancias casi era seguro. Después se fue por tres semanas a Vevey con la señora Lafargue; anteayer quería marcharse de allí, primero a Ginebra, luego a París y, si el tiempo es pasable, en octubre venir aquí por algunas semanas. De ningún modo ha de pasar el invierno en Londres; pero si en el sur de Inglaterra o en otro lugar, tendrán que decidirlo los médicos. Pero por sus cartas veo que la mejoría, aunque retenida por el mal verano, progresa sin embargo regularmente.

Vosotros, gente, ¿dónde diablos estáis ahora realmente? Parecéis, al igual que Marx por su enfermedad, por el “Pequeño”[ !?°°!] convertidos en una pura comparsa de holandeses errantes.

Saluda cordialmente a Liebknecht, si le ves.

Toda la historia egipcia ha sido la venganza de los judíos (Rothschild, Erlanger, etc.) por la antigua expulsión de Egipto bajo el Faraón. 2%!

Tuyo,
F.E.