en Londres

16 de sept. de 82
Hôtel du Leman, Vevey

Dear Fred,

En el momento en que me dispongo a escribirte, ¡me trae el garçon el
“Journal de Genève” con la noticia de la muerte de Bebel! Es espan-
toso, ¡la mayor desgracia para nuestro partido! Era un fenómeno único
dentro de la clase obrera alemana (se puede decir dentro de la clase obrera
“europea”).

Tu abnegada solicitud por mí es increíble, y a menudo me avergüenzo
en mi fuero interno…, pero no quiero extenderme ahora más sobre este tema.

Mi plan, antes de abandonar París, era, at all events, permanecer por lo
menos durante el mes de octubre en Londres y estar junto a ti. Feugier y
Dourlen consideraban esto también inofensivo, si octubre se vuelve pasa-
ble. Lo cual sigue siendo posible, pese a un septiembre lluvioso. El barómetro
subió aquí el día 8, alcanzó el día 9 el punto más alto, desde entonces cayó
paulatinamente hasta el nivel más bajo el día 12, subió de nuevo el 13
(donde estaba aproximadamente igual de alto que el 11), luego cayó y
vuelve a subir lentamente desde anoche. Aunque generally en toda Suiza
hay fuertes lluvias y tormentas (muchos desprendimientos de tierra y, liga-
dos a ellos, “accidents”); en Vevey en particular, tiempo relativamente
bueno (sólo excepcionalmente frío por la mañana y en las primeras horas
de la noche). Por eso hemos prolongado aquí nuestra estancia. El aire aquí
es salutífero. Pese a los constantes cambios de temperatura y humedad
atmosférica a lo largo del mismo día, mi bienestar va crescendo. Creo
que el catarro se ha transformado, de bronquial, en uno ordinario;
pero no tendré certeza de ello hasta llegar a Ginebra, donde quiero con-
sultar, i.e. hacerme auscultar, a un buen médico alemán. El viaje por ti
propuesto, sin embargo, por encantador que fuera, no es fácilmente reali-

Tomo, pág. 92

zable dadas las actuales condiciones meteorológicas de Suiza. La vendimia
parece ser “nix” aquí para este año. Asimismo nieva visiblemente —y más
temprano que de costumbre— sobre las montagnes de la Dent du Midi;
en el Jura es “regular”.

El “Bund” de Berna declara a Wolseley un jefe militar que casi supera
al viejo Napoleón.

El trapicheo con los rusos tiene un inconveniente; sería posible que
Bismarck, con placer, los dejara, a estos últimos, comprometerse, pero en-
tonces vendrían los “consuelos” de Austria y la compensation por el im-
perio prusiano. Una intervención de los rusos en Armenia puede, por
tanto, conducir a una guerra general, y es probablemente el deseo de
Bismarck.

¡A propósito! El puñal, como habrás notado por la rudeza del trabajo,
es obra cabil. En lo que respecta a la caña para la cazoleta de la pipa, me
traje conmigo 3 cañas (para una sola quedaba ya en el jardin d’acclimatation
una cazoleta en existencia), cañas de bambú; no quería cargar a Helen y
a Tussy con su transport, ya que estas cañas son demasiado largas para sus
malles, sino traerlas yo mismo a Londres.

Por carta de Jennychen —que acaba de llegar a casa de Laura— veo
que Longuet está con Wolf y Harry en Aubin. Por desgracia, el estado de
salud de Jennychen es preocupante, como ya me comunicaron los doctores
(Feugier y Dourlen) en París. Jennychen aguarda angustiada noticias de
Londres acerca de Johnny; ¡no ha recibido news desde el viaje de Tussychen
con Johnny a Yarmouth! Laurachen escribe hoy también a Jennychen y
le comunica igualmente que todo all right con John, y que ya ha entrado,
como vimos por tu carta, en la escuela de párvulos.

Saludos cordiales a Tussychen, Lenchen, Pumps, and not to forget, my
grandson.

En todo caso te escribiremos si abandonamos Vevey.

Tuyo
Mohr

¿No habrán cooperado los perros prusianos, mediante la prisión, etc.,
a la muerte de Bebel?