en Londres

Jueves, 3 de agosto de 1882
1, Boulevard Thiers, Argenteuil

Dear Fred,

La dificultad para escribir cartas se explica así: a las 7 y media de la mañana empiezo con el lavado, vestirme, café matutino, etc.; a las 8 y media de la mañana salida hacia Enghien, regreso casi siempre de vuelta a las 12, luego *déjeuner en famille* en Argenteuil; de 2 a 4 de la tarde descanso, luego paseo y callejeo con los niños, con lo cual se le van a uno el oído y la vista (y en particular también el pensamiento) de manera aún más radical que al Hegel de la *Fenomenología*; por fin, a las 8 cena y con esto queda cumplida la tarea del día. ¿Dónde queda entonces tiempo para la correspondencia?

Tussychen ayuda a Jennychen de forma extraordinaria, y apenas podría considerarse su estancia como una temporada de descanso, si Tussy no fuese tan buena con los niños* y con la pobre Jennychen, y si no desarrollase bajo las circunstancias específicas cualidades que en Londres permanecen dormidas. Tussy y Laura no se han visto todavía y apenas sienten anhelo por ello. Sin embargo, por decoro tendrán que encontrarse al menos una vez conmigo de por medio.

Ante todo, pues, el parte de salud. Mi cura comenzó el 17 de junio. El tiempo hasta ahora ha sido tan poco un tiempo veraniego normal (francés), que la temporada, que en Enghien comienza en junio, es considerada un *failure* por parte del *établissement thermal*, y se espera «algo mejor» para agosto y septiembre. Cambios constantes de temperatura, cielo muy encapotado, sobre todo por las mañanas, con perspectivas de lluvia y *orages*, vientos fuertes, aire cargado de vapores de agua, de ahí con frecuencia *une chaleur lourde*, alias un estado *«close»* londinense. A duras penas han logrado los franceses defenderse de la alianza inglesa; en cambio, el clima inglés (I mean, especialmente el clima londinense) parece naturalizarse cada vez más aquí, en París y sus alrededores. Por lo menos este año es así.

Naturalmente, entre medias hay también algunos días y fragmentos de días hermosos.

En estas circunstancias, mi cura tiene que luchar con «obstáculos agradables». Lenchen recordará que en un día determinado, tanto el reconocimiento del Dr. Feugier como el que unas horas más tarde llevó a cabo el Dr. Dourlen arrojaron de forma coincidente: los estertores habían desaparecido, y con ello quedaba eliminado también el carácter «bronquial» del catarro. No te comuniqué «tal cosa»: me barruntaba que ese catarro bronquial no había exhalado en modo alguno su último estertor. En efecto, al empeorar momentáneamente el tiempo, volvió a estertorar de nuevo. Que la tos no había «desaparecido» (naturalmente, se había atenuado mucho más), lo sabía; pero podría quedar un resto de tos, una vez cambiado su carácter.

También el pasado lunes (31 de julio) constató el Dr. Feugier, mediante auscultación, que el estertor continúa, aunque más débil; el tiempo es especialmente adverso y hostil para este tipo de enfermedades. Por término medio, los pacientes sólo necesitan la cura sulfurosa durante 3 semanas; muchas personas no podrían soportarla de hecho más tiempo sin exponerse a ataques de fiebre, etc. Dada mi constitución, por lo demás más robusta, considera que lo mejor es prolongar la cura hasta mediados de agosto –ya que mi tos, sobre todo por las mañanas, sigue siendo molesta– con inhalación, baths, douches e ingestión de agua sulfurosa; más allá de ese plazo sería contraproducente. Naturalmente, me atengo por entero al consejo médico. Ciertamente, por otro lado, tal vez sea ya demasiado tarde para el plan de Engadina; tanto Feugier como Dourlen temen que, de lo contrario, pudiera exponerme a *aventuras de temperatura* que, sobre todo en mi estado, no se deberían provocar sin necesidad.– Espero que en todo caso vengas tú por unos días (los Lafargue te encontrarán fácilmente alojamiento en París), no sólo para consultar contigo *que faire après*, sino también –y sobre todo– porque comprenderás cuánto ansío volver a verte después de todos estos *damned vesicatoires* y de haber estado un par de veces a punto del colapso.

Laurachen me ha escrito que Deville se marchará la noche del 2 de agosto a su ciudad natal, Tarbes. Pero como yo había manifestado el deseo de verle, Mesa propuso un *déjeuner* en su casa el 2 de agosto, en el que me encontraré con los Lafargue, así como con Deville y Guesde. Ésta era la primera vez que yo aceptaba una reunión de este tipo. (Sigue siendo sobre todo el habla más animada, vale decir, la charla, lo que me afecta – *post festum*.) Salió bien. Me parece que los del *Citoyen* tienen éxito con sus meetings públicos sobre los asuntos egipcios, etc.; en cuanto a las prestaciones de su periódico, en cambio, *ils laissent beaucoup à désirer*. Dicho sea de paso, incluso prescindiendo de los llamados periódicos socialistas, una parte grande e influyente de la prensa parisina es incomparablemente más independiente que la londinense. Pese a la presión de la mayoría de los *professional politicians*, pese a la conspiración de la *République Française*, del *Temps* y del *Journal des Débats* –que actúan conjuntamente bajo la dirección directa de Gambetta–; pese también a los intentos de soborno por parte de los financieros (Rothschilds, etc.), directamente interesados en una cruzada común con los ingleses contra Egipto, la prensa parisina ha hecho fracasar todo intento (incluso los enmascarados de Freycinet) de intervención con Inglaterra o mediante una cuádruple alianza; sin ella, Clemenceau no habría obtenido la victoria parlamentaria. Pero ¿dónde se halla en Londres siquiera un átomo de prensa «independiente»?

De hecho, no recuerdo dónde está ubicado el *grande opus* de Loria en mi biblioteca; y además no me parece que merezca la pena que te tomes la molestia de buscarlo. Sabes que después de la lectura (o, *rather*, de la primera mitad del libro, pues las fantasías del señor Loria en la segunda mitad, como su ideal normal –la pequeña propiedad territorial, i. e. la pequeña propiedad campesina–, según cómo haya de construirse conforme a la materia, no tuve la paciencia más que para hojear la segunda mitad) del *opus*, la asquerosa adulación privada hacia mí y la pública actitud de dárselas de «superioridad», es decir, algunas falsificaciones de mis puntos de vista para poder refutarlos más cómodamente, no me edificaron en modo alguno. Sin embargo, aunque a primera impresión no quise tener nada que ver con él, entré en un trato más estrecho porque mostraba talento, porque había estudiado mucho; porque era un pobre diablo que me escribía mucho sobre su afán de saber; porque era todavía muy joven y sus tendencias, en modo alguno juveniles sino más bien de una precoz altanería, me parecían comprensibles, en parte por las condiciones italianas, en parte por la escuela de la que procedía; asimismo porque se esforzaba por apropiarse, hasta donde entonces le era posible, del método de investigación que había hallado en *El Capital*, a veces no sin éxito. El hecho de que evidentemente se vanagloriase de dejar anticuado *El Capital* con su «Propiedad territorial» me «divertía» y me gustaba. Con todo, me quedaban dudas sobre todo acerca del «carácter» del jovencito.

Pero después de haber leído de cabo a rabo estos 2 folletos, comuniqué a Tussy, 2 días después de su llegada aquí, mi juicio final, muy categórico y definitivo –de palabra– ¡adivina! – ¡exactamente con las mismas expresiones que la misma Tussychen se quedó asombrada de volver a encontrar en tu carta del 31 de julio, que yo le participé! ¡Así pues, nosotros, tú y yo, hemos llegado no sólo exactamente al mismo resultado, sino con exactamente la misma formulación de éste! ¡En tales circunstancias, en el futuro uno sólo puede mantenerse frente a él de manera irónicamente defensiva, sin entrar en modo alguno más en el asunto! Es mucho peor que el mochuelo, quien al menos tiene muy buena voluntad.

A propósito de Hirsch: ¡si realmente ha colaborado con Mehring, el partido no se lo perdonará jamás! Cuando lo vea, se lo plantearé directamente. Por lo demás, con respecto a la controversia sobre mi estado de salud, habría sido mejor callar. ¿Qué van a pensar los obreros, sino que yo no soy, por así decirlo, más que un fingido enfermo, y que despilfarro tanto tiempo y medios sin una necesidad seria?

Los Lafargue se mudan la semana próxima a su verdadero alojamiento, que es muy bonito y, para los *logements* de aquí, dicen que barato.

*Au revoir, old boy.* Saludos también a Lenchen.

Tuyo
Moro