en Nueva York
(Borrador)

Londres, 25 de julio de 1882

Estimado señor Hepner:

La demora de mi respuesta se debe a la enfermedad de Marx y a sus repetidos cambios de lugar. Solo en los últimos tiempos he podido cartearme con él acerca de asuntos de negocios. Pues bien, nuestra opinión sobre el proyecto que usted tiene entre manos es la siguiente:

Puesto que allí está usted jurídicamente autorizado por completo para reimprimir todo lo aparecido en Europa, en nuestra opinión haría usted muy bien en hacer uso de ese derecho sin más y sin preguntar a nadie. Si usted quiere volver a imprimir el «Manifiesto Comunista», no podemos tener el menor inconveniente, ni se nos ocurrirá protestar contra ello, siempre que no nos obliguen a hacerlo modificaciones y omisiones –que de todos modos son inadmisibles en un documento histórico– o notas improcedentes. No podemos escribir un prólogo, ya por la razón de no estar juntos, y más aún porque, con ello, entraríamos en una cierta solidaridad con una empresa que no estamos en condiciones de abarcar ni de controlar, ni siquiera podemos desearlo. De esta manera queda también a su entera discreción qué otras cosas quiera usted reimprimir, sin que lleguemos jamás al caso de quejarnos de la compañía en que aparezcan nuestros trabajos.

Lo mismo vale para mi «Situación de la clase obrera». Si usted la reimprime tal como está, nada puedo objetar. Pero si yo le diera un permiso especial para ello, tendría también la obligación de hacer los añadidos y notas que pongan el libro en relación con la actualidad, y eso supondría un trabajo de seis meses. Además, tendría que tener antes garantías de que la empresa iniciada se llevara también a término.

Confío en haberlo convencido de que, en su propio interés, lo mejor es proceder enteramente por su cuenta. Sin estar obligados a ello, ciertamente no pondremos obstáculo alguno en el camino a la empresa; más bien al contrario.

En cuanto a un nuevo resumen de «El Capital», Marx ha tenido tantas experiencias desagradables con esta clase de cosas que ya no se le puede plantear el asunto, y menos ahora. Pero de la segunda edición del compendio de Most, Marx (¡esto en privado!) ha eliminado los más groseros malentendidos y ha hecho algunos añadidos, de modo que dicho compendio mantiene aún sus ventajas y podría reimprimirse.

Por lo demás, no sabría recomendarle gran cosa para reimprimir. La literatura de Leipzig consiste en su mayor parte en socialismo del futuro y en disertaciones doctorales de candidatos al parlamento. Los trabajos franceses de Jules Guesde son en general buenos, pero demasiado calculados para las circunstancias francesas. El «¡Abajo los socialdemócratas!» de Bracke quizá no sea adecuado para allí. Los discursos parlamentarios de Bebel son con mucho lo mejor que ha producido Alemania en nuestra línea; pero, naturalmente, son piezas de ocasión. Lassalle está plagado de desatinos económicos, y todo su punto de vista se halla superado desde hace tiempo. «La propuesta de Lassalle» de Bracke es una crítica bastante buena, aunque no exhaustiva.

Ahora bien, usted tendrá que elegir. Con los mejores deseos para la empresa,

Suyo,
F. E.