en Londres

[Argenteuil] 4 de julio de 82

Dear Fred,

Propiamente, el verano no empezó hasta el 1 de julio (o, mejor dicho, hasta el segundo solamente). Hasta ahora he tomado 2 baños sulfurosos con duchas; mañana el tercero; jamás me había topado con algo más espléndido que el baño de chorro (alias douche); al salir del baño se sube uno a una tabla elevada, y precisamente en «nature»; el bañero maneja entonces la jeringa (del tamaño de una bomba de incendios) como un virtuoso su instrumento, comanda los movimientos del corpus y bombardea el corpus alternando todas las parts {save the head», (la tapa de los sesos)), durante 180 segundos (alias 3 minutes), ya más débil, ya más fuerte, hasta las piernas y los pies inclusive, y constantemente en crescendo.

Ya ves cuán poco aficionado a escribir puede volverse uno aquí. Antes de las ocho y media de la mañana debo estar en la estación de ferrocarril (es decir, ésta es la hora exacta de salida para Enghien), de regreso a Argenteuil hacia las 12 en punto, poco después el déjeuner; luego una gran necesidad de descanso, pues este azufre en todas sus formas fatiga: después al aire libre, etc. En la sala de inhalación la atmósfera está oscura por los vapores sulfurosos; la permanencia aquí es de 30 a 40 minutes; cada 5 minutos se aspira, en una determinada mesa, un vapor especial pulverizado, cargado de azufre, que sale de unos tubos (de zinc) provistos de grifos; cada hombre, enmascarado de pies a cabeza con caucho, marcha luego uno tras otro alrededor de la mesa; inocente escena del Inferno de Dante.

Saludos a Schorlemmer. Todavía tengo para él un fotograma mío de Argel.

Lafargue se las da aquí de gran oráculo. París es para él el único lugar del mundo digno del hombre.