en Hoboken

Londres, 20 de junio de 1882

Querido Sorge,

Tus asuntos de negocios los atenderé en estos días. — La “Égalité” la pago a Lafargue, que está en París, y le exigiré un recibo, aunque sea en forma irregular. En cuanto al “Labour Standard”, no pierdes nada si no arreglo la suscripción hasta el 1 de julio; el periódico es cada vez más miserable.

Marx ha estado unos 2 meses en Argel, donde, según creo haberte escrito, tuvo una recaída de pleuresía; una vez curada ésta, marchó a Montecarlo, en Mónaco, y tuvo otra, aunque más leve. De allí viajó a París hace unas 3 semanas y ahora está con su hija, la señora Longuet, en Argenteuil, cerca de París, donde todos los días va a Enghien a tomar las aguas sulfurosas para su catarro bronquial crónico y su tos. Su estado general de salud es muy bueno; en cuanto a sus futuros movimientos, dependen por completo de los médicos.

De Leo no veo ni oigo nada desde hace meses. Es un tipo raro al que hay que dejar seguir su propio camino. Ni siquiera tengo su dirección. A propósito, desde hace algún tiempo recibo comunicaciones para Leo del Dr. Lilienthal, de Nueva York, que sólo puedo cursar vía París. ¿Quién es ese Lilienthal?

La petulancia de los lassalleanos, tras su llegada a América, era inevitable. Gente que llevaba en el bolsillo el único evangelio verdadero no podía presentarse con menos pretensiones ante los americanos, que aún languidecen en las tinieblas espirituales. Además, se trataba de encontrar en América un nuevo terreno, ya que en Alemania el que tenían se les escurre cada vez más bajo los pies. A cambio, nosotros nos hemos librado de ellos de buena gana en Alemania; en América, donde todo se desarrolla diez veces más rápidamente, pronto serán superados.

Espero que tus ojos mejoren con el descanso. Yo también he tenido una vez algo en ellos y sé qué historia infame es.

En Alemania las cosas marchan en conjunto de manera excelente. Cierto es que los señores literatos del partido han intentado efectuar un viraje reaccionario, burgués, manso y culto, pero ha fracasado estrepitosamente: las infamias a las que los obreros socialistas están expuestos en todas partes los han tornado, en todas partes, mucho más revolucionarios de lo que eran todavía hace 3 años. Los detalles los habrás leído en el “Sozialdemokrat”. Bebel, entre los dirigentes, es el que mejor se ha comportado también en este asunto; Liebknecht ha vacilado un tanto, pues no sólo ha acogido él mismo con los brazos abiertos, sin mirar demasiado, a todo “culto” medianamente socialdemócrata, sino que su yerno, el grasiento dormilón Bruno Geiser, ¡es uno de los mayores llorones! Esta gente quisiera, a toda costa, mendigar la supresión de la ley contra los socialistas mediante dulzura y mansedumbre, rastrería y docilidad, porque esa ley acaba con su negocio literario. Tan pronto como sea eliminada la ley (incluso los burgueses no cuentan con que sea prorrogada por este Reichstag ni por ningún otro posible, ya que se ha mostrado totalmente ineficaz), probablemente se abrirá la escisión, y los Viereck, Höchberg, Geiser, Blos y compañía formarán un ala derecha separada, con la que se podrá negociar de caso en caso, hasta que finalmente caigan definitivamente de culo. Nosotros ya lo declaramos inmediatamente después de la promulgación de la ley contra los socialistas, cuando Höchberg y Schramm soltaron en el “Jahrbuch” una apreciación de la actividad del partido hasta entonces completamente infame dadas las circunstancias, y reclamaban un comportamiento más culto, decente y de salón por parte del partido.

Saluda a Adolph. No ha dado señales de vida.

Un saludo cordial.
Tuyo,
F. Engels

Dile a Adolph que Pumps tiene una niñita.