en Londres  
20 de mayo [18]82  
| Hôtel de Russie, Monte Carlo (Mónaco)  
Privately.  

Dear Fred,

Esto sería inútil comunicárselo a los niños, pues les angustiaría sin necesidad. Pero ¡a alguien al menos! tengo que informar sobre las últimas experiencias.

En la última carta (no sé exactamente si a ti directamente o a Tussy o a Laura) escribí que te comunicaría más detalles después del encuentro con el Dr. Kunemann. Éste tuvo lugar el 8 de mayo; es un alsaciano, de formación científica (médica); ¡me comunicó, por ejemplo, lo del Dr. Koch sobre el bacilo antes de recibir yo tu carta!; hombre de gran experiencia; tiene al menos 52-54 años a cuestas, pues en 1848 era estudiante en la Universidad de Estrasburgo; como político encuentra en el diario “Le Temps” un órgano acorde a su temperamento; la ciencia le ha convencido de que todo avanza solo «lentamente»; nada de precipitación revolucionaria — de lo contrario, obliga a marchar casi otro tanto «hacia atrás» después (¡como en la procesión de Echternach!, por ejemplo); la educación de la masa y de la «no masa», primera condición, etc. In one word, politically, a republican philistine; todo esto lo menciono aquí para explicar por qué no entré con él en este terreno, salvo al referirme a la política «maquiavélica» de Carlos III, tirano absoluto de Mónaco. Me toma por un hombre del 48, y, más allá de esa fecha, no le di más datos sobre mi restante public activity.

Ahora al grano. En un principio, infirió de mi tarjeta de visita, en la que figura el Dr., que le hice entregar por su criada, que yo era doctor en medicina, convenciéndose aún más de ello por la tarjeta del Dr. Stephann que le entregué, ídem la de mi nuevo conocido doctor de Interlaken; la tarjeta del Dr. Donkin, a quien mencioné como amigo de mi amigo el Prof. Ray Lankester, pues quería saber quién me había tratado en Londres, etc. Luego le di a leer la consultation écrite de Stephann.

Como él, pues, me consideraba colega doctor en medicina, either theoretically or practically, habló también con toda franqueza, después de haberme auscultado y percutido. Y para mi horror: ¡la pleuresía está ahí de nuevo, aunque en menor grado, solo un punto a la izquierda en la espalda; la bronquitis, en cambio, más o menos — crónica! Creía que con 1 o 2 vesicatorios se acabaría la cosa (la pleuresía); el 9 de mayo (¡martes!) primer vesicatorio, el 13 de mayo (sábado) segunda visita a Kunemann, prescribió un segundo vesicatorio; solo pudo aplicarse el 16 de mayo (martes) después de secación; el 19 de mayo lo visité (viernes); auscultación y percusión; lo encontró mejor, en particular reducido el derrame a poca cosa; opinó (como estos médicos temen que al paciente se le acabe la paciencia con esta semana entera cada vez plus ou moins estropeada y torturada), que no era necesario seguir adelante con los vesicatorios; que podía contentarme con la fricción con tintura de yodo (prescrita por Stephann contra lo bronquítico), ahora en las partes superiores y también ahora en las inferiores del lado izquierdo del pecho y la espalda. A esto repliqué que si el derrame aún no había desaparecido del todo, prefería otra vez un vesicatorio (para el 23 de mayo, martes); por el Dr. Stephann sé que, cuando se trata de pleuresía, la tintura de yodo es solo un remedio débil, incierto, que dilata el asunto. Al propio Kunemann le fue evidentemente mucho más grato que yo me decidiera por el remedio heroico; espero ahora que el 26 o 27 de mayo me diga que esta segunda rechute sea ya la final (por ahora).

En efecto, en lo que a esto respecta, esta vez el «destino» se ha manifestado consecuente, casi más todavía que en las tragedias del Dr. Müllner, y de modo horripilante. ¿Por qué declara Kunemann (y yo ya lo sabía por experiencia) que esta bronquitis es tan «crónica»? Porque en toda la Riviera el tiempo ha sido anormalmente malo, ha virado de modo anormal; aunque él opinó que esto quizá era normal en la medida en que de enero a principios de mayo había llovido muy poco, casi nada; un tiempo demasiado hermoso y cálido; tenía que haberse producido una reacción contra ello. Yo se lo expliqué de modo más simple: todo esto es culpa de mi llegada de Argel; conmigo, el 4 de mayo, llevé la lluvia a Marsella y, tras cierta resistencia, el tiempo — mutatis mutandis — adoptó, en el lugar donde ahora me encuentro, el carácter del «mal tiempo» argelino que precisamente acababa de atravesar. Se necesita mucha paciencia, sobre todo por parte de los destinatarios de mis cartas. ¡Qué repetitio tan aburrida! ¡Una vida inútil, sin contenido, y además cara!

Mañana escribiré a Tussy, pues su carta no contestada es la de fecha más antigua. Hoy me molesta, porque la nueva piel formada por el vesicatorio tiene aún tendencia, al agacharme, a rozarse dolorosamente con la chaqueta o la ropa interior. Notabene: lo que escribo a los niños es la verdad, pero no toda. ¿Para qué angustiarles?

Tuyo  
Mohr

El error del Dr. Kunemann sobre mi carácter de colega «médico» se aclaró cuando, en la primera visita, se negó finalmente a cobrarme; tanto más dulce cuando se entere de que soy lego, y que por tanto también tengo que «aflojar la plata».