en Londres

8 de mayo de 1882
Hôtel de Russie, Monte Carlo

Dear Fred, |

Ya 2-3 semanas antes de la partida (principios de mayo) de Argel estaba meteorológicamente anunciada tormenta marítima. En efecto, durante mis últimos días africanos se desató el siroco, con él un gran calor, pero estropeado por las ráfagas de viento, los remolinos de polvo y, momentáneamente, aunque a menudo rápidamente pasajero, un enfriamiento inesperado. Mi catarro bronquial se agravó durante ese mismo tiempo y aún no está suficientemente aplacado. La tormenta (en la noche del 4 al 5 de mayo) en el mar hizo que incluso en el camarote se sintiera de manera molesta la corriente de aire; bajo una fuerte lluvia (la mañana del 5 de mayo) llegué a Marsella, y la lluvia continuó hasta Niza. También a Monte Carlo importé un día de lluvia (ayer); hoy hace un tiempo espléndido. Ya ves, fui consecuente, pues antes de mi llegada no había llovido durante meses en Niza y Monte Carlo. Pero esta vez fue una broma, no una cosa tan seria como en Argel.

En Niza, donde permanecí el 5 y el 6, pronto averigüé que el viento aquí es caprichoso y de ningún modo se puede contar con una constancia uniforme de la temperatura. Hoy mismo me lo confirmó, por mi breve experiencia, el Dr. Delachaux, médecin-chirurgien (reside en Interlaken), que se aloja en este mismo hotel. En su viaje de vacaciones ha visitado Niza, los lugares de los alrededores y, generally, los más famosos sitios de la Riviera, so far with an eye to business as to ascertain which places he might best recommend to sufferers of lung diseases, bronchial catarrh of a chronic character etc. He declared decidedly against Nice, but preferred Monte Carlo even to Mentone.[1] El Dr. Delachaux regresa hoy mismo a la patria suiza.

[1] en general — en la medida en que con la mira puesta en el negocio, para comprobar qué lugares pueden recomendarse mejor a enfermos de afecciones pulmonares y catarros bronquiales crónicos, etc. Se pronunció decididamente en contra de Niza, pero prefirió Monte Carlo incluso a Mentone.

De la belleza de la naturaleza de aquí conoces everything, ya sea por propia visión, ya por impresos o pinturas. Me recuerda vivamente a lo africano en muchos rasgos.

En general, en lo que respecta al «aire cálido y seco», pronto podremos capturarlo por doquier. Las manchas solares profetizan una acción intensa de los rayos, y en Francia se teme escasez de agua.

For conscience sake consultaré aquí mañana al médico alemán Dr. Kunemann. Tengo la consulta por escrito del Dr. Stephann (de sus tarjetas de visita supe que Stephann es además professeur suppléant à l’École de Médecine de la faculté de Argel), lo que me ahorra más charlas. — Tan pronto como Stephann declaró terminada la pleuresía, comencé inmediatamente, según su prescripción, a friccionarme con tintura de yodo en toda la parte superior (del lado izquierdo) del pecho y de la espalda. Esto lo interrumpí desde el embarque en el barco hasta to-day, operaciones que, además, en propia persona sólo «difícilmente» puedo realizar yo mismo en mi propia espalda, aunque el Dr. Delachaux me aconsejó intentarlo mediante la ayuda de un espejo. Qui vivra verra, en todo caso quiero hablar antes con el Dr. Kunemann. Quiero retozar al aire libre todo lo posible.

En el Casino de Monte Carlo hay en la sala de lectura una colección casi completa de periódicos parisinos e italianos; los periódicos alemanes están bastante representados, muy poco los ingleses. Del «Petit Marseillais» de hoy he visto «l’assassinat de lord Cavendish et de M. Burke»[166]. El público de aquí, por el contrario, p. ej., los comensales de la table d’hôte del Hôtel de Russie, se interesa mucho más por lo que ocurre en las salles de jeu del Casino (tables de roulette et de trente-et-quarante). Me divirtió sobre todo un hijo de Gran Bretaña, todo malhumorado, agrio, enfurruñado, and why! Porque perdió una cierta cantidad de Goldfüchse, mientras que él estaba absolutamente decidido a «birlar» algunos. No comprendía que la Fortuna misma no se deja «to bully» ni siquiera por la grosería británica.

Estas líneas han de concluir, ya que desde aquí las cartas deben enviarse por mensajero a Mónaco para ser expedidas al correo.

Muchos saludos a todos.
Tuyo

Mohr