en Londres

[Argel] Jueves, 13 de abril del 82

Queridísimo Cacadou,

Me reprocho no haberte vuelto a escribir, no como si hubiera algo particular que contar desde aquí. ¡Cuántas veces pienso en ti, en Eastbourne, junto al lecho de enferma de mi Jenny!, alegrando con tus visitas diarias y fieles al cascarrabias de Old Nick. Pero debes saber, querida niña: la semana pasada y esta son las vacaciones de Pascua de Fermé. Su vivienda está en la rue Michelet (así se llama una parte de la route Mustapha supérieur), al pie de la colina desde la que mira hacia abajo el Hôtel Victoria. Para él, ir allí no es más que un salto de gato, aunque tiene que “trepar”, ya que no lleva hasta arriba ningún sendero allanado. De hecho, me ha visitado con asiduidad durante este tiempo, estafando así mis tardes en sus mejor intencionados propósitos de correspondencia. — Por lo demás, no es un huésped desagradable, el señor Fermé, no carece de humor. Cuando le entregué para leer los “Citoyens” y los “Egalités”, volvió después riendo no poco del “terrorismo del futuro” de Guesde, hasta que la tinta de imprenta guillotina de antemano al último opresor burgués. A Fermé no le gusta Argel, cuyo clima no le conviene, ni a su familia (a menudo asaltados por fiebres, etc.), aunque todos sus miembros son “des indigenes” a commencer par Madame l’epouse. Pero sobre todo, el sueldo de juez apenas basta para un modo de vida muy modesto. En una capital colonial la vida es siempre cara. Una cosa concede, en ninguna ciudad elsewhere, donde es a la vez sede del gobierno central, reina tal laisser faire, laisser passer: policía reducida al mínimo más indispensable; una sans gêne pública inaudita; es el elemento moro el que ha introducido esto. Los musulmanes no reconocen de hecho subordinación alguna; no son ni “súbditos” ni “administrados”, ninguna autoridad salvo in politicis, y esto es un gran malentendido por parte de los europeos. Poca policía en Argel, y además compuesta en su mayor parte

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de indigenes. Y sin embargo, con esta mezcolanza de elementos nacionales y de naturaleza sin escrúpulos, las colisiones son a menudo inevitables, en las que los catalanes mantienen su vieja reputación: sus fajas blancas o rojas, que llevan como los moros, etc., no como los franceses, debajo de la ropa, sino alrededor de sus capas, ocultan a menudo como “alfileres” — largos puñales, que estos hijos de Cataluña “manejan” imparcialmente contra italianos, franceses, etc., y contra los indígenas. A propósito: hace un par de días se ha capturado en la provincia de Orán a una banda de falsificadores de moneda, entre ellos su chef, un antiguo oficial español; su agencia europea, según se ve, ¡está en la capital de Cataluña, Barcelona! Una parte de los muchachos no fue arrestada y se escapó a España. Esta noticia y otras por el estilo las sé por Fermé. Este último ha recibido dos ofertas ventajosas del gobierno francés; la primera para Nueva Caledonia, donde estaría encargado a la vez de la introducción de un nuevo orden judicial, con 10.000 francos de sueldo (y el viaje con la familia gratis hasta allí, y una vez llegado, alojamiento oficial gratuito); la segunda, o bien, para Túnez, donde ocuparía un rango de magistratura superior al de aquí y bajo condiciones mucho más favorables. Tiene un plazo para decidirse; una de las dos la acepta.

Del señor Fermé, transición natural al tiempo, ya que es pródigo en maldecirlo. — Desde el Lunes de Pascua (incl.) no he faltado a mi paseo matutino, aunque hasta ayer (12) y hoy no hubo chaparrones de abril. Ayer, bien que nous subissions le léger siroco et, par conséquent, quelques coups de vent, ce fut le maximum du beau temps: a las 9 de la mañana (el 12) la temperatura a la sombra era de 19,5°, y al sol, de 35°. A pesar del paseo matutino (12 de abril), por la tarde visité Argel para examinar el buque acorazado ruso “Pedro el Grande”, que entró en el puerto hace pocos días.

La oficina meteorológica oficial anuncia intensos movimientos atmosféricos para los días 15-16 de abril (cuando orage), 19, 21, 25, 27, 29, 30 de abril; con todo ello, en conjunto el tiempo en el resto de abril será bueno; pero al mismo tiempo se teme que en mayo, como compensación por la ausencia de una verdadera primavera argelina (pues esta no empezó hasta ayer), sobrevenga de inmediato un calor veraniego insoportable. However that may be, no estoy dispuesto a servir de corpus vile para la estación experimental del tiempo. Dado el carácter completamente anormal de los últimos 4 meses y medio, ¡no hay demonio que sepa what Algeria may have in store! Un gran número de personas inteligentes (entre ellas l’illustre “Ranc”) abandonó anteayer la costa africana. Yo no me quedo más que hasta que el Dr. Stephann haya declarado que el lado izquierdo está reparado, dejando aparte la cicatriz permanente de una pleuritis pasada, naturalmente conocida por los doctissimis Dr. Donkin y Dr. Hume. Lo aburrido aquí es la constante reproducción de la tos, aunque within moderate limits; con todo ello, a menudo fastidioso.

Interrupción del tipo más agradable: Knocks at the door; Entrez! La Madame Rosalie (one of the serving spirits) me trae carta tuya, querido Cacadou, y, del brave Gascón, una larga carta, en cuyo papel, como en la enveloppe, ya figura el sello oficial: “L’Union Nationale”. Esta vez parece que ha tenido éxito. ¡Ce n’est pas une de ces entreprises patronnées par Mr. Ch. Hirsch! Ciertamente, por otro lado, se me acerca la lejanía de mi Cacadou. Espero que no sea tan inmediata. También es para mí cierta compensación el que a Jennychen y a sus hijos la aunty Cacadou les sea una ganancia tan grande; además, no se necesita estar todo el año sentado en Londres; París está tan cerca. — A propósito. ¿Ha enviado Lafargue a Petersburgo la continuación del artículo? #673 (No sé qué ha sido del primer envío.) Es muy importante no perder el punto de Petersburgo; ¡su importancia crecerá a diario! ¡También para el corresponsal allí!

Segunda interrupción: ¡Son la 1 o’clock p.m., y he prometido, junto con Madame Casthelaz, son fils y otra de nuestras compañeras de pensión, Madame Claude (de Neuchâtel), visitar el “Jardin du Hamma” ou “Jardin d’Essai”. Hay que estar de vuelta before dinner (6 o’clock p.m.), tras lo cual every effort at writing I have never as yet dared upon. Así que, hasta mañana, el final. Sólo como contribución to the useful knowledge of Cacadou me permito observar que en ese mismo Hamma tuvo lugar el desembarco de 24.000 soldados bajo el mando de Carlos V, emperador, (o Carlos I, según los españoles) el 23 de octubre de 1541; 8 días más tarde tuvo que embarcar los beaux restes de son armée détruite en los navíos escapados a la tempestad del 26, y reunidos a duras penas por Doria, en Matifou. Este último lugar, donde termina la bahía de Argel, es decir, el cabo Matifou — opuesto, al este, a Argel — puede ser avistado, par des bonnes lunettes, por mí mismo desde la galería del Hôtel Victoria.

Vendredi, 14 de abril

Comienzo esta carta en el momento en que tengo unas pocas líneas que añadir a lo anterior, es decir, alrededor de la 1 o’clock p.m. El día de ayer terminó tan hermoso como el del 12. Ambas veladas, la del 12 y la del 13 (hacia las 8 horas p.m.) fueron cálidas — algo absolutamente excepcional — pero frescas (relativamente) al mismo tiempo, por lo tanto realmente deliciosas. Esta mañana el calor un poco más “pesado”, y justo desde hace dos horas sopla el viento con violencia, probablemente el “orage” predicho ayer del 14 al 15.

Ayer a la 1 o’clock p.m. bajamos a Mustapha Inferieur, desde donde el tranvía nos llevó al Jardin Hamma o Jardin d’Essai, el cual sirve como “Promenade Publique” con música militar ocasional, como “pépinière” para la producción y difusión de los vegetales indígenas, y por último, para el propósito de experimentos científicos de botánica y como jardín de “acclimatation”. Todo esto encierra un terreno muy grande, parte del cual es montañoso, y la otra parte pertenece a la llanura. Para verlo más minuciosamente, se necesitaría al menos un día entero, y además tener contigo a alguien que sea un connaisseur, por ej., como el amigo del señor Fermé y viejo fourierista, el señor Durando, profesor de botánica, que es el guía de una sección del “Club Alpin Français” en sus excursiones dominicales regulares. (Lamento mucho que mis circunstancias corporales y la estricta prohibición del Dr. Stephann no me permitieran hasta ahora participar en estas excursiones, habiendo sido invitado a ello 3 veces.)

Bueno, antes de entrar en el “Jardin d’Essai” tomamos café, por supuesto al aire libre, un “café” morisco. El moro lo preparó excelentemente, estábamos sentados en un banco. En una mesa tosca, en posturas inclinadas, con las piernas cruzadas, media docena de visitantes moros [...] se deleitaban con sus pequeñas “cafetières”, (cada uno recibe la suya propia) y jugando juntos a las cartas (una conquista de la civilización sobre ellos). De lo más llamativo este espectáculo: Algunos de estos moros — iban vestidos pretenciosamente, incluso con riqueza, otros con, por una vez me atrevo a llamarlas blusas, a veces de apariencia de lana blanca, ora hechas harapos —

pero a los ojos de un verdadero musulmán tales accidentes, buena o mala suerte, no distinguen a los hijos de Mahoma. Igualdad absoluta en su trato social, no afectada; por el contrario, sólo cuando se desmoralizan, toman conciencia de ella; en cuanto al odio contra los cristianos y la esperanza de una victoria final sobre estos infieles, sus políticos consideran justamente que este mismo sentimiento y práctica de igualdad absoluta (no de riqueza o posición sino de personalidad) es una garantía para mantener el uno, para no renunciar a la otra. (Dennoch gehen sie zum Teufel without a revolutionary movement.)

En cuanto a la parte llana del Jardin d’Essai observo solamente: está cortada por tres grandes “allées” longitudinales de una belleza maravillosa; frente a la entrada principal está la “allée” de los plátanos; después la “allée des palmiers”

29. Comienzo esta carta en el momento en que he de añadir unas líneas a la precedente, es decir, hacia la una de la tarde. La jornada de ayer terminó tan agradablemente como la del 12. Ambos atardeceres, el del 12 y el del 13 (hacia las 8 de la tarde), fueron cálidos —algo del todo extraordinario— pero a la vez (relativamente) frescos, por lo que resultaron realmente espléndidos. Esta mañana el calor era un tanto «más bochornoso», y desde hace dos horas sopla con fuerza el viento, probablemente la «tormenta» anunciada ayer para los días 14 y 15. — Ayer a la una de la tarde bajamos al Inferior Mustapha, desde donde el tranvía nos llevó al Jardin Hamma o Jardin d’Essai, que se utiliza como «paseo público», con música militar en ocasiones, como «vivero» para el cultivo y propagación de variedades autóctonas de hortalizas, y, por último, para experimentos científicos de botánica y como jardín de «aclimatación». Todo ello ocupa una extensión de terreno muy grande, una parte del cual es montañosa y otra corresponde a la llanura. Para examinarlo todo con más detalle haría falta por lo menos un día entero, y además un acompañante, un conocedor, como, por ejemplo, el amigo del señor Ferme y viejo fourierista, el señor Durando, profesor de botánica, que es guía de una sección del «Club Alpin Français» en sus excursiones dominicales regulares. (He sentido mucho que mi estado físico y la prohibición terminante del doctor Stephann no me hayan permitido hasta ahora tomar parte en esas excursiones, a las que he sido invitado en tres ocasiones.) — Ahora bien, antes de entrar en el «Jardin d’Essai», tomamos café, naturalmente al aire libre, en un «café» moruno. El moro lo preparó de forma excelente; nos sentamos en un taburete. En una mesa sin cepillar, en postura inclinada, con las piernas cruzadas, media docena de parroquianos moros [...] saboreaban su pequeña «cafeterita» (cada cual recibe la suya) y jugaban juntos a las cartas (he aquí una victoria que la civilización ha obtenido sobre ellos). Sumamente impresionante el espectáculo: algunos de aquellos moros vestían con pretensiones, incluso con riqueza; otros, con —me atrevo a llamarlas así esta vez— blusas, antaño de aspecto lanar blanco y ahora convertidas en harapos y jirones; pero, a los ojos de un auténtico musulmán, azares tales como la buena o la mala suerte no establecen distinción alguna entre los hijos de Mahoma. La igualdad absoluta en su trato social no se ve afectada; al contrario, sólo cuando están desmoralizados cobran conciencia de ella; en lo que toca al odio contra los cristianos y a la esperanza de un triunfo final sobre esos infieles, sus políticos consideran con razón este sentimiento y la práctica de la igualdad absoluta (no de la riqueza o de la posición, sino de la personalidad) como una garantía para mantener aquél y no abandonar esta última.

Frente a la entrada principal se halla la «alameda» de los plátanos; luego, la «alameda» de las palmeras, que termina en un oasis de 72 inmensas «palmeras», delimitado por el ferrocarril y el mar; por último, viene la «alameda» de las magnolias y de una especie de higueras (ficus roxburghi). Estas tres grandes «alamedas» se ven a su vez atravesadas por muchas otras que las cruzan, como la larguísima y asombrosa «alameda de los bambúes», la de las «palmeras de fibra», la de los «dragores», la de los «eucaliptos» (gomero azul de Tasmania), etc. (estos últimos tienen un crecimiento extraordinariamente rápido).

Por supuesto, tales alamedas no pueden producirse en los «jardines de aclimatación» europeos.

En un gran círculo rodeado de plátanos se ofrecía por la tarde música militar; un suboficial, el director de música, con uniforme francés corriente; en cambio, los músicos —simples soldados— vestían los amplios pantalones bombachos rojos (de corte oriental); calzaban zapatos de lana blanca, sujetables hasta los pantalones bombachos; en la cabeza, fez rojo.

Del jardín no menciono (aunque la nariz disfruta en parte grandemente con ellos) los naranjos, los limoneros —ídem—, los almendros, los olivos, etc.; mucho menos aún los cactus y los áloes, que crecen también silvestres en el páramo (al igual que olivos y almendros silvestres) donde se halla nuestra residencia.

Por muy encantado que me sintiera con este jardín, he de señalar que lo abominable de esta excursión, como de otras semejantes, es el inevitable polvo calcáreo; aunque me sentí bien por la tarde, tras el regreso a casa y durante la noche, sin embargo tuve ciertas molestias de tos debidas a la irritación del polvo.

Aún espero hoy al doctor Stephann, pero no puedo aguardar para el envío de estas líneas; de esto, pues, se informará más tarde a Fred.

Para terminar, como solía decir el Mayer de Suabia: sentémonos un poquito en un punto de vista histórico un poco más elevado. Nuestros árabes nómadas (a saber, muy degenerados en muchos aspectos, pero conservando algunas enérgicas cualidades gracias a su lucha por la existencia) guardan memoria de que antaño produjeron grandes filósofos, sabios, etcétera, y de que los europeos los escarnecen por ello a causa de su ignorancia presente. De ahí la siguiente característica y breve fábula sapiencial arábiga:

En un río tormentoso, un barquero mantiene lista una pequeña barca. Para alcanzar la orilla opuesta, sube un filósofo. Se desarrolla el siguiente diálogo:

Filósofo: Barquero, ¿conoces la historia?
Barquero: ¡No!
Filósofo: ¡Entonces has perdido la mitad de tu vida!

Y de nuevo:
Filósofo: ¿Has estudiado matemáticas?
Barquero: ¡No!
Filósofo: Entonces has perdido más de la mitad de tu vida.

Apenas lo había dicho el filósofo, cuando el viento volcó la barca y ambos, filósofo y barquero, fueron arrojados al agua; y entonces grita:
Barquero: ¿Sabes nadar?
Filósofo: ¡No!
Barquero: Entonces has perdido toda tu vida.

Esto te dará un cierto aroma arábigo.
Con muchos besos y saludos.

Old Nick

(Recuerdos a todos)