en Londres

1 de marzo de 1882
Hôtel Pension Victoria
Mustapha Supérieur, Boulevard
Bon Accueil, Argel
(Ahora pueden dirigirse cartas directamente a mí
bajo la dirección arriba indicada.)

Dear Fred,

¡Un telegrama anticipándose a la postal!, porque esta última habría causado acaso una inquietud inútil. El hecho es que, gracias a una acumulación de pequeñas circunstancias desfavorables (incl. la travesía por mar), profundamente helado hasta lo más íntimo, mi cuerpo del delito desembarcó en Argel el 20 de febrero.

El mes de diciembre fue espantoso en Argel, enero tiempo favorable, febrero frío, y también lluvioso. Todavía alcancé los 3 días, 20, 21, 22 de febrero, los más fríos del susodicho último mes. Sin sueño, sin apetito, tos fuerte, algo desorientado, no sin aquí y allá accesos de una profunda melancolía, a semejanza del gran Don Quijote. Por tanto, ¿regresar a Europa de inmediato, con el asunto sin resolver, con los gastos innecesarios, además la perspectiva de nuevo 2 noches en uno de los camarotes, la cabeza torturada por el estruendo escandaloso de la máquina? Por otra parte, ¿seguro librarse del qui pro quo mediante un viaje inmediato a Biskra, justo al borde del desierto del Sahara? Pero en consideración de los correspondientes medios de comunicación o de transporte, se requieren 7-8 días de nuevo viaje, penoso, y según consulta con conocedores de las circunstancias, en modo alguno exento de riesgos para un inválido por el momento en cuanto a eventuales incidentes antes de la llegada a Biskra.

Dado que de todos modos el termómetro en la tarde del 22 de febrero apuntaba algo favorable, y que yo ya el día de mi llegada, con el buen juicio Fermé, había ya espiado el Hôtel-Pension Victoria, abandoné el Grand Hôtel d'Orient (donde también se alojaba el abominable radical filosófico Ashton Dilke — ¡a propósito, en el «Petit Colon» y otros petits journaux de Argelia todo inglés es un lord, incluso Bradlaugh figura aquí como Lord Bradlaugh!), con el equipaje hacia una de las colinas fuera de la fortificación, en el lado este de la ciudad. Aquí situación magnífica, ante mi habitación la bahía del Mediterráneo, el puerto de Argel, villas ascendiendo en anfiteatro las colinas (las barrancas por debajo de las colinas, otras colinas por encima); más alejadas las montañas, visibles entre otras las cumbres nevadas detrás de Matifou, sobre las montañas de Cabilia, los puntos culminantes del Djurdjura. (Todas las arriba mencionadas colinas están formadas por caliza.) — Por la mañana a las 8 en punto nada más hechicero que el panorama, el aire, la vegetación, maravillosa mezcla europeo-africana. Cada mañana — 10, o de 9 a 11 por ahí mi paseo entre las barrancas y las colinas situadas por encima de la mía.

Con todo eso, uno vive sólo de polvo. En primera instancia del 23 al 26 de febrero sólo un cambio realmente excelente; pero ahora (y a pesar de que aún estoy tan helado que mi vestimenta incluso entonces sólo se distinguía de mi vestimenta en la Isla de Wight, y en la ciudad de Argel sólo en esto, en que hasta ahora en la villa he sustituido el abrigo de rinoceronte por mi ligero abrigo, y todo lo demás hasta ahora nada ha cambiado al respecto) comenzó (y dura ahora acaso desde el 27 de febrero por 9 días) la llamada tempête, es decir, el bramido del viento sin truenos y sin relámpagos, tiempo peligroso y traicionero muy temido incluso por los nativos. Así, pues, de hecho hasta ahora sólo 3 días realmente buenos.

Entretanto, mi tos empeoraba de día en día, la expectoración abominable, poco sueño, sobre todo un cierto sentimiento desagradable de que mi lado izquierdo está echado a perder de una vez por todas por la enfermedad, y mi estado intelectual sumamente abatido. Por eso hice llamar al Dr. Stephann (el mejor médico de Argel). Tuve ayer y hoy dos entrevistas. ¿Qué hacer? Ahora voy justo a Argel para hacer preparar sus recetas prescritas; son, después de haberme examinado muy seriamente, 1. Colodión cantaridado, a aplicar con pincel; 2. Arseniato de sosa, con determinada cantidad de agua; 1 cucharada sopera con cada comida; 3. en caso de necesidad, especialmente por la noche durante la tos, una cucharada sopera de una mezcla de codeína y julepe gomoso. Él volverá de nuevo en 8 días a verme; mis ejercicios corporales, me ha prescrito, mantenerlos dentro de límites muy moderados; ningún trabajo intelectual real, excepto alguna lectura para mi distracción. ¡Así, de hecho, no estaré un ápice (más bien algo menos) más temprano en Londres! ¡Por eso un hombre nunca debería engañarse con ilusiones demasiado sanguíneas!

Debo interrumpir, porque tengo que ir a Argel a la farmacia. A propósito, sabes que pocas personas más reacias al pathos demostrativo; aun así, sería una mentira no confesar que mi pensamiento está absorbido en gran parte por el recuerdo de mi mujer, ¡una parte tal de la mejor parte de mi vida! Dile a mis hijas de Londres que escriban al Old Nick en lugar de esperar que él escriba primero.

¿Cómo avanza Pumps en esa seria obra de la creación de hombres? Dale mis mejores recuerdos.

Dale recuerdos a Helen; ídem a Moore, Schorlemmer.

Ahora, viejo buen camarada.

Tu Mohr
¡A propósito! El Dr. Stephann, como mi querido Dr. Donkin, ¡no olvida — el coñac!