en Londres  
[Marsella,] 17 de febrero de 1882  
Hôtel au Petit Louvre  
Rue de la Cannebière, Marsella  

Querido Fred:  

Tussy te habrá enviado ayer unas líneas. Quería originalmente no salir de París hasta el lunes próximo; como mi estado de salud no mejoraba en absoluto, tomé en seguida la decisión de viajar a Marsella y, de allí, zarpar inmediatamente hacia Argel, el sábado.  

En París, acompañado de mi Johnny, sólo visité a un mortal, a saber, a Mesa. (En realidad, él, Mesa, me incitó a charlar demasiado, y yo, además, regresé algo tarde a Argenteuil, hacia las 7 de la tarde. Toda la noche estuve sin dormir.) Traté de convencer a Mesa de que los amigos, en particular Guesde, tuvieran a bien aplazar la entrevista hasta mi regreso de Argel. Mas todo en vano. De hecho, atacan a Guesde ahora de tal manera y por todos lados, que para él era importante tener un encuentro «oficial» conmigo. Algo había que concederle al partido. Así que les di cita, y Guesde y Deville se encontraron con Mesa en el Hôtel de Lyon et de Mulhouse, 8, boulevard Beaumarchais, hacia las 5 de la tarde. Los recibí primero abajo, en el salón del restaurante, adonde Tussy y Jennychen me habían acompañado desde Argenteuil (el miércoles por la tarde). Guesde estaba algo turbado a causa de Jennychen, porque acababa de escribir un amargo artículo contra Longuet, pero Jennychen no entró en absoluto en ese asunto. Apenas se marcharon las damitas, subí con ellos primero a mi habitación, donde charlaron a sus anchas cosa de una hora, y luego bajamos —Mesa aprovechó entonces la ocasión para escabullirse— al restaurante, donde aún tuvieron tiempo sobrado para vaciar conmigo una botella de Beaujolais. A las 7 ya se habían ido «todos». A pesar de todo, aunque a las 9 de la noche me metí en la cama, un ruido infernal de carruajes, ininterrumpido, hasta la 1; hacia esa hora (la 1 aproximadamente) tuve un vómito; había vuelto a charlar demasiado.  

El viaje a Marsella, hermoso día, y todo en orden después de la estación de Lyon. Primero una hora y media de parada en Cassis por avería de la locomotora; y de nuevo la misma desgracia con la máquina en Valence, aunque esta vez la parada no fue tan larga. Entretanto el tiempo se volvió amargamente frío, con un viento cortante y maligno. En vez de llegar algo antes de las 12 de la noche, alcanzamos Marsella pasadas las 2 de la madrugada; yo estaba, pese a todo lo que llevaba encima, más o menos helándome, y sólo encontré remedio en el «alcohol», al que recurrí una y otra vez. La última y enojosa prueba fue el último cuarto de hora (o más) en la gare de Marsella: al descubierto, con viento frío, procedimiento larguísimo hasta la entrega del equipaje.  

Hoy, soleado en Marsella, pero el viento mismo aún no es cálido. El Dr. Dourlen me aconsejó alojarme en el hotel arriba mencionado, desde donde mañana (sábado) a las 5 de la tarde parto hacia Argel. La oficina de los «Paquebots à vapeur des Postes françaises» se halla aquí, en el mismo hotel donde me alojo, de forma que en seguida he comprado aquí el billete (por 80 francos, primera clase) del paquebote «Said»; el equipaje también está aquí registrado, así que todo resulta lo más cómodo posible.  

A propósito. Aquí he agarrado un «Proletaire» (igualmente se vende aquí «L’Égalité»); Lafargue me parece que no cesa de multiplicar incidentes inútiles, así como los detalles muy inexactos. En cuanto a su caracterización de Fourier como «comunista», ahora, como se burlan de él, se ve obligado a explicar en qué sentido habría podido llamar comunista a Fourier. Tales «audacias» se pueden eludir, «interpretar» o «atribuir»; peor es que esos pequeños hechos se consignen siquiera. Encuentro que vaticina de un modo demasiado difuso.  

Mis mejores recuerdos a Laura; le escribiré desde Argel. Como patrón basta un solo hombre; es una larga carta que Longuet ha escrito a su amigo Fermé, quien, de antiguo deportado a Argelia (bajo Napoleón III), ha llegado hasta juge d’appel en Argel. De pasaporte y cosas por el estilo no se habla en absoluto. En el billete del pasajero nada va inscrito salvo el nombre y el apellido.  

Saluda también a Lenchen y a los demás amigos.  

Addio!  

Viejo Mohr