en Ventnor

Londres, 8 de enero de 1882

Querido Mohr:

Nos alegramos de saber que vuestro silencio no tenía motivos, y aunque, con este tiempo tan desfavorable, no quepa esperar grandes progresos para ti, al menos se ha ganado que el peligro de recaídas esté casi del todo eliminado, y ésa era, en verdad, la razón principal por la que te enviaron a Ventnor.

Mañana terminan aquí los días de fiesta; Sch[orlemmer] regresa a Manchester y el ajetreo vuelve a empezar, cosa que me alegra, pues ya empezaba a ser demasiado. El martes en casa de Lenchen, el viernes en casa de Pumps, ayer en casa de los Lafargue, hoy en la mía —y por la mañana la eterna cerveza de Pilsen—, esto no puede durar eternamente. Lenchen estuvo y sigue estando, naturalmente, siempre presente, de modo que no siente demasiado su soledad.

Antes de que recibas estas líneas, te habrás deleitado con la magnífica proclama del viejo Wilhelm!!, en la que se declara solidario de Bismarck y afirma que todo ello es su libre opinión. También es bueno el pasaje sobre la inviolabilidad de la persona del rey, que desde tiempos inmemoriales ha existido en Prusia, ¡sobre todo frente a los perdigones de Nobiling! ¡Bonito consuelo para Alejandro II y III, eso de que su persona sea inviolable! Por lo demás, uno cree estar viviendo en una parodia de Carlos X cuando lee semejante patraña.

En el Standard venía también otro hermoso artículo, una carta de un general ruso sobre la situación y los nihilistas, exactamente igual que los generales prusianos escribían y hablaban en 1845 sobre demagogos, liberales, judíos, los malos principios franceses y la eterna fidelidad al rey del sano núcleo popular. Lo que, naturalmente, no detuvo la revolución ni un solo día. Has visto cómo los zemstvos se rebelan contra Ignátiev, en parte con peticiones y en parte con la negativa directa a reunirse. 24 Es un paso muy significativo, el primero que dan corporaciones oficiales bajo Alejandro III.

A vosotros, como a nosotros, os deseo mejor tiempo. Ayer hizo muy bueno, con viento del noroeste, del que vosotros estabais protegidos; Sch[orlemmer] y yo anduvimos todo el día de un lado para otro y, aún a la una y media, acompañamos a pie a Lenchen desde casa de Laura hasta su casa, todo el camino andando. Hoy, una lluvia desabrida; aun así, con Sam Moore —que regresó anteayer— hemos salido una horita a pasear durante una mejoría pasajera. Fuera vuelve a soplar un viento agradable. A propósito, ¿cómo le va realmente a Tussy? Saludos para ella y para ti de todos nosotros.

Tu
F. E.